Un lugar para conocer la mística cisterciense en sus más variadas manifestaciones (las tradicionales: monásticas, caballerescas-Temple y otras órdenes de caballería- y las más actuales: laicales y el zen cristiano) abierto a tod@s los que sienten interes por ella o desean encarnar en sus vidas este carisma tan plural.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

El carisma cisterciense laico, por Bernardo Olivera


La naturaleza monástica de nuestra Orden (Cst.2) no impide que muchos elementos de su espiritualidad (Cst.3) puedan ser compartidos con laicos en el mundo. De hecho, la Regla de san Benito ha sido vivida desde siglos por oblatos externos al mismo monasterio. Por lo demás, varios monasterios de la Orden Cisterciense pertenecientes a diferentes Congregaciones cuentan con oblatos laicos que viven en el mundo.

La separación del mundo (Cst.29), característica tan propia de nuestra vida monástica, no nos ha de hacer olvidar que, como miembros de la Iglesia, nuestra vida tiene "una auténtica dimensión secular" que hunde su raíz en el misterio del Verbo encarnado. Ciertamente, todos los miembros de la Iglesia somos partícipes de la dimensión secular de la misma, pero lo somos en forma diversa. La "índole secular" de los fieles laicos es diferente y complementaria de la dimensión secular de los monjes y monjas (Christifideles laici 15).

Nuestro celo monástico por la "extensión del Reino de Dios y la salvación de todos los hombres" (Cst.31) abarca también "la restauración de todo el orden temporal" (Cf. Christifideles laici 15). Nuestra "secreta fecundidad apostólica" (Cst.3.4) encuentra profunda consonancia y complementación con la vocación de los fieles laicos, "llamados por Dios para contribuir desde dentro, a modo de fermento, a la santificación del mundo mediante el ejercicio de sus propias tareas" (Christifideles laici 15).

Nuestra misión de anunciar el Evangelio con nuestra presencia contemplativa (Cst.68.1) no es exclusiva ni excluyente, por el contrario, admite la complementariedad de la presencia contemplativa de laicos inmersos en el seno del mundo. La misión propia a nuestro carisma no se agota con nuestra forma de vivirla y manifestarla. La implicación de laicos seculares en nuestro carisma y misión hará más evidente la actualidad y utilidad de los mismos.

El misterio de la Iglesia-Comunión implica, en la práctica, un intercambio de dones al servicio de la nueva evangelización.

En consecuencia, respondiendo a la primera pregunta, considero que el hecho de que los seglares hoy día se sientan atraídos e identificados con el carisma cisterciense, puede ser entendido como un signo de que el Espíritu desea compartirlo asimismo con ellos, a fin de que dicho carisma reciba también una forma secular en el hoy de nuestra historia.

martes, 15 de diciembre de 2009

Dom. Isaac Totorika, nuevo abad de la Oliva.

El P. Isaac con el Obispo Blazquez en un acto por la paz

Con alegría recibo la noticia de la elección como nuevo abad del Monasterio cisterciense de la Oliva (Navarra) del P. Isaac Totorika, compañero del PREM, querido y recordado por tod@s.

Se resuelve así la situación producida por al dimisión del anterior superior. Que el Espíritu inspire la actuación de Isaac y felicitaciones a toda la Comunidad.

Esto supondrá la elección de un nuevo superior en Zenarruza, ya que Isaac realizaba este servicio hasta esta fecha. Nuestra solidaridad y oraciones para esta pequeña y prometedora comunidad.


Tomado de http://www.ocso.org/HTM/net/LaOliva-sp.htm

La Oliva

El 15 de diciembre de 2009, la comunidad de La Oliva (diócesis de Pamplona, España) eligió como abad por un mandato de seis años a


Dom Isaac Totorica Izaguirre,


quien prestaba el servicio de Superior de Zenarruza.


lunes, 14 de diciembre de 2009

CUARTO GRADO DEL AMOR: EL HOMBRE SE AMA A SÍ MISMO, según San Bernardo.



Del Libro del Amor a Dios (De Diligendo Deo).

X. 27. Dichoso quien ha merecido llegar hasta el cuarto grado, en el que el hombre sólo se ama a sí mismo por Dios: Tu justicia es como los montes de Dios.
Este amor es un monte elevado, un monte excelso. En verdad: Monte macizo e inagotable. ¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Quién me diera alas como de paloma, volaría a un lugar de reposo? Tiene su tabernáculo en la paz, y su morada en Sión. ¡Ay de mí, que se ha prolongado mi destierro! ¿Puede conseguir esto la carne y la sangre, el vaso de barro y la morada terrera? ¿Cuándo experimentará el alma un amor divino tan grande y embriagador que, olvidada de sí y estimándose como cacharro inútil, se lance sin reservas a Dios y, uniéndose al Señor, sea un espíritu con Él, y diga: Desfallece mi carne y mi corazón, Dios de mi vida y mi herencia para siempre?
Dichoso, repito, y santo quien ha tenido semejante experiencia en esta vida mortal. Aunque haya sido muy pocas veces, o una sola vez, y ésta de modo misterioso y tan breve como un relámpago. Perderse, en cierto modo, a sí mismo, como si ya uno no existiera, no sentirse en absoluto, aniquilarse y anonadarse, es más propio de la vida celeste que de la condición humana.
Y si se le concede esto a un hombre alguna vez y por un instante, como hemos dicho, pronto le envidia este siglo perverso, le turban los negocios mundanos, le abate el cuerpo mortal, le reclaman las necesidades de la carne, se lamenta de la debilidad natural. Y lo que es más violento, le reclama la caridad fraterna. ¡Ay! Tiene que volver en sí, atender a sus propias miserias y gritar desconsolado: Señor, padezco violencia, responde por mí. Y aquello: ¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?



28. Si la Escritura dice que Dios lo hizo todo para sí mismo, llegará un momento en que la criatura esté plenamente conforme y concorde con su Hacedor. Es menester, pues, que participemos en sus mismos sentimientos. Y si Dios todo lo quiso para él, procuremos también de nuestra parte que tanto nosotros como todo lo nuestro sea para él, es decir, para su voluntad. Que nuestro gozo no consista en haber acallado nuestra necesidad, ni en haber apagado la sed de la felicidad. Que nuestro gozo sea su misma voluntad realizada en nosotros y por nosotros. Cada día le pedimos en la oración: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.



¡Oh amor casto y santo! ¡Oh dulce y suave afecto! ¡Oh pura y limpia intención de la voluntad! Tanto más limpia y pura cuanto menos mezclada está de lo suyo propio; y tanto más suave y dulce cuanto más divino es lo que se siente.
Amar así es estar ya divinizado. Como la gotita de agua caída en el vino pierde su naturaleza y toma el color y el sabor del vino; como el hierro candente y al rojo parece trocarse en fuego vivo olvidado de su propia y primera naturaleza; o como el aire, bañado en los rayos del sol, se transforma en luz, y más que iluminado parece ser él mismo luz. Así les sucede a los santos. Todos los afectos humanos se funden de modo inefable, y se confunden con la voluntad de Dios. ¿Sería Dios todo en todos si quedase todavía algo del hombre en el hombre? Permanecerá, sin duda, la sustancia; pero en otra forma, en otra gloria, en otro poder.


¿Cuándo será esto? ¿Quién lo verá? ¿Quién lo poseerá? ¿Cuándo vendré y veré el rostro de Dios? Señor, Dios mío, mi corazón te dice: mi rostro te busca a ti. Señor, busco tu rostro. ¿Cuándo contemplaré tu santuario?



29. Yo creo que no es posible amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas, mientras el corazón no se vea libre de los cuidados del cuerpo, el alma no cese de conservarlo y vivificarlo, y sus fuerzas, desligadas de todas la dificultades, no se vigoricen con el poder, contemple continuamente su rostro, mientras viva ocupada y distraída, sirviendo a este cuerpo frágil y cargado de miserias.



Este cuarto grado de amor no espere el alma conseguirlo, o, mejor dicho, verse agraciada con él, sino en el cuerpo espiritual e inmortal, en el cuerpo íntegro, plácido y sosegado y sumiso por entero al espíritu. Es una gracia que procede del poder divino y no del esfuerzo humano.


Entonces –repito- obtendrá fácilmente el sumo grado. Cuando corra de buena voluntad y con gran deseo al gozo de su Señor, sin que le frenen los atractivos de la carne ni le turben sus molestias. ¿Podemos pensar que los santos mártires alcanzaron esta gracia, al menos en parte, mientras vivían en sus cuerpos gloriosos? Una gran fuerza arrebataba interiormente sus almas, y les hacía capaces de entregar sus cuerpos y despreciar los tormentos. Por eso los atroces dolores pudieron turbar su serenidad pero no se la hicieron perder.

El Papa Benedicto XVI denuncia el asesinato de tres sacerdotes y de la hermana cisterciense en Africa.


Tomado de http://www.combonianos.com/MNDigital/index.php?option=com_content&task=view&id=2951&Itemid=10

Ayer, al concluir el rezo del Ángelus dominical, el Papa Benedicto XVI expresó su profundo dolor por los tres sacerdotes y la religiosa que en la última semana han sido asesinados en distintos países de África. "Han sido fieles testimonios del Evangelio, incluso corriendo el riesgo de la propia vida", manifestó. El Santo Padre señaló que "esta semana he recibido tristes noticias de algunos países de África sobre el asesinato de cuatro misioneros. Se trata de los sacerdotes Daniel Cizimya (Congo), Louis Blondel (Sudáfrica) y Gerry Roche (Kenia) y de la hermana Denise Kahambu (Congo)".

"Mientras expreso mi cercanía a los familiares y las comunidades que están en el dolor, invito a todos a unirse a mi oración para que el Señor los acoja en su casa, consuele a cuantos lloran estos hechos y porte, con su venida, reconciliación y paz".

El padre Daniel Cizimya Nakamaga, de 51 años, recibió un disparo en la cabeza el domingo de la semana pasada cerca de la ciudad congoleña de Bukavu.

El mismo domingo, por la noche, fue asesinado en la localidad sudafricana de Diepsloot el sacerdote francés de 70 años Louis Blondel, de los Misioneros de África, tras recibir un disparo en su presbiterio de Diepsloot, en Sudáfrica.

La hermana Denise Kahambu fue asesinada el martes en un ataque a un monasterio trapense en el norte de Bukavu.

Y el misionero irlandés Gerry Roche, de la Sociedad Misionera de San Patricio, fue asesinado a puñaladas el jueves por la noche durante un robo en su casa de la localidad de Kericho, en el suroeste de Kenia

Orígenes monástico-benedictinos de la masonería, extracto de una conferencia de Ramón Martí, masón cristiano.







Mi exposición servirá para que entiendan, que Masonería y Cristianismo no constituyen un contrasentido, antes al contrario: la base de la masonería es precisamente el cristianismo, por mucho que una mayoría de masones, impregnados de una corriente liberal –absolutamente ajena a la masonería tradicional- se hayan esforzado y se esfuercen en demostrar lo contrario. No hay que entender tampoco que la Masonería Tradicional esté atacada de un conservadurismo trasnochado, ocurre simplemente, que la Masonería Tradicional se escapa y trasciende estos planteamientos simplistas de nuestra sociedad actual que tiende a etiquetarlo todo.

La primera cosa que debemos tener clara para entender lo que sigue, es que aquí y ahora, no podemos hablar de Masonería como si fuera algo monolítico, sino de varias masonerías. En su origen, la Masonería, si que fue una, pero a lo largo del tiempo y en la medida que el hombre se ha ido apartando de Dios, ha ido introduciendo nociones que le eran extrañas provocando su división. Podríamos decir, que en la medida que la masonería se ha ido secularizando, ésta se ha ido dividiendo hasta llegar a la maraña actual de pequeñas Obediencias masónicas, maraña que no ha parado ni parará de crecer y que constituye un problema en nuestro país y en la mayoría de países europeos, no sometidos a las prohibiciones que ha sufrido el nuestro y con tradición masónica extendida a lo largo de varios siglos.

Para mejor explicar la multiplicidad de distintas masonerías, me detendré a exponer ciertos retazos de las distintas tendencias del panorama masónico actual.

Podemos distinguir dos grandes grupos: el primero, está constituido por aquellas Obediencias (aclararé, que Obediencia es el conjunto de masones que configuran una determinada asociación en cada país), que exigen la creencia en Dios para poder pertenecer a ellas, y estipulan que los trabajos de las Logias sean presididos por un volumen de la Ley Sagrada. Inicialmente era la Biblia, pero con el tiempo han cedido a que sea el Talmud, el Corán, según se quiera, por separado o los tres Libros juntos; el segundo grupo, está formado por la masonería liberal que no tiene tal exigencia.

Dentro del primer grupo, tenemos lo que se autodenomina “masonería regular”, encabezada desde el año 1929 por la Gran Logia Unida de Inglaterra, en la que se alinean –cada una en su respectivo país- las distintas Obediencias con unos postulados teístas, es decir, que en teoría para pertenecer a ellas, es necesario que sus miembros crean en Dios. Antaño, ello suponía que sus miembros debían creer en un dios revelado, e inicialmente resultaba un tanto hermoso pues reunía en su seno tanto a cristianos, como a judíos y musulmanes en una suerte de “ecumenismo” que con el tiempo se ha tornado en sincretismo y a la práctica, por un proceso de degeneración, hace que hoy éstas Obediencias estén plagadas de agnósticos y descreídos, contentándose actualmente con ser un lugar donde prima lo social y las buenas maneras, habiendo sustituido en la práctica la trascendencia teísta por el ejercicio de la solidaridad social con tintes de beneficencia. Aún y así, insisten en representar a nivel mundial una “ortodoxia” que se traduce en un exclusivismo que hace que solo pueda existir una obediencia regular por país, constituyendo quizá dicha exclusividad, el único acicate de un cierto prestigio con aire “victoriano” un tanto caduco cada vez más contestado entre los masones. La masonería, autotitulada “regular”, no reconoce a ninguna otra Obediencia ni ninguna otra masonería que aquella que no esté alineada con ella. A nivel numérico representa la mayoría masónica en la mayor parte de países –incluido el nuestro- a excepción de Francia donde no es la obediencia más numerosa.

Dentro del grupo de Obediencias en las que se exige creer en Dios para poder pertenecer a ellas, y junto a las Obediencias autodenominadas “regulares” –a la derecha de ellas, sin que el apelativo deba entenderse en términos políticos- se encuentra la Obediencia que represento y me honro en presidir, denominada: Gran Priorato de Hispania, que exige a todos sus miembros no tan solo creer en Dios, sino más precisamente ser cristiano, es decir, agrupa aquellos que por el bautismo formamos el Cuerpo místico de Cristo, englobando, en nuestro país, a una mayoría católica romana, junto a ortodoxos, anglicanos, maronitas, cristianos todos en general, formando un auténtico ecumenismo, para nada manchado de sincretismo. Los trabajos de nuestras Logias y Capítulos están presididos, siempre y únicamente, por la Biblia -comprendiendo el Antiguo y el Nuevo Testamento- abierta por el Prólogo del Evangelio de san Juan. Es preciso decir, en nuestro caso, que hasta hace cinco años formamos parte de la Gran Logia de España, obediencia que en nuestro país representa a los “regulares” pero nos vimos obligados a marcharnos ante la difícil convivencia que hacía que nos miraran como “ultraortodoxos” dado el derrotero de descreimiento y sincretismo en que desde hace tiempo se halla inmersa la Gran Logia de España, derrotero por otra parte compartido por las Obediencias del resto de países alineadas dentro de la “regularidad”.

Sin salir del mismo grupo, pero situándose a la izquierda de los “regulares”, tenemos, de manera decreciente a nivel de exigencia en cuanto a la creencia en Dios, al resto de Obediencias, que hacen de dicha exigencia un corolario de matices con distintos tintes éticos y morales y diferentes niveles de excepticismo, que van aumentando en la medida que se apartan del Principio Único.

Frente a todos estos, tenemos el segundo grupo, compuesto por las Obediencias masónicas dichas “liberales”, encabezadas a nivel mundial por el Gran Oriente de Francia –mayoritario numéricamente en su país-, Obediencia, que desde 1877, decidió que sus Logias dejaran de trabajar a La Gloria del Gran Arquitecto del Universo, y renunciaron a que sus Tenidas (así se denominan las reuniones masónicas) fueran presididas por un Volumen de la Ley Sagrada, pudiendo disponer un libro con las páginas en blanco para que nadie se pelee. En este grupo se alinean los masones que son ateos, agnósticos o lo que les parezca, que por algo ellos son los más “liberales” y dejan la mayor libertad de conciencia a sus miembros, al menos en teoría, pues a la práctica el liberal a ultranza, lo es tanto que no acepta ningún tipo de creencia –salvo la no creencia-, y en mayor o menor medida se convierte en perseguidor de sus contrarios. Este grupo se caracteriza por una implicación directa de sus miembros en el mundo político y social, y sus Logias aficionadas al debate puro y duro Son los auténticos herederos de Garibaldi y todos los libertadores.

Podemos ver por nuestra exposición cual es el panorama masónico hoy por hoy, pero ¿siempre ha sido así? No, como antes decía, los orígenes de la Masonería son cristianos, y continuaron siéndolo a lo largo de toda su etapa “operativa” en que básicamente, ésta, se dedicó a la construcción de las catedrales y templos de cuyos vestigios Europa está tachonada, pero ya en la segunda etapa “especulativa” que va aproximadamente del siglo XVIII a nuestros días, en la que la Orden Masónica toma su actual forma, es cuando a través de sucesivas desviaciones y derivas la lleva al panorama poco alagueño anteriormente descrito.

Al parecer, no tan solo los orígenes de la masonería han sido cristianos, sino que la misma Iglesia, a través de la Orden de San Benito, le dará carta de naturaleza, si hacemos caso al estudio sobre el particular desarrollado por Eduardo R. Callaey, historiador, periodista y masón, nacido en Buenos Aires en 1958, estudio publicado en su libro “La Masonería y sus orígenes cristianos – Ordo Laicorum ab Monacorum Ordine”[1]. En su libro, Callaey, a partir del estudio de Walafrid Strabon, uno de los más notables exegetas benedictinos del medioevo, que lo remitió a las obras de otros dos exegetas, el primero, Rabano Mauro, abad de Fulda y arzobispo de Maguncia, y el segundo Beda, llamado el Venerable, famoso historiador del siglo VIII, elevado posteriormente a los altares y venerado como san Beda, ambos prominentes benedictinos, Callaey, descubre interesantes relaciones entre la orden benedictina y aquellos primeros masones operativos. El monje Beda, es autor de la obra denominada De Templo Salomonis Liber. La existencia de ésta obra es confirmada por uno de los documentos masónicos más antiguos de los que se conocen, el Manucrito Cooke[2], en el mismo, su anónimo autor menciona a Beda como una de las autoridades en las que basa su texto. La traducción de la obra de Beda del latín fue ardua, pero Callaey se dice compensado, al descubrir su carácter alegórico sobre la construcción del Templo de Salomón y su similitud con múltiples símbolos y conceptos aun vigentes en la doctrina masónica.

¿En qué criterio –se pregunta Callaey- debiéramos basar el vínculo entre los masones benedictinos y los masones operativos laicos? Un criterio historicista, susceptible a la comprobación de vínculos, relaciones y principios ya ha sido expuesto –afirma Callaey en su libro- Pero aun así, reconozco que sería incompleto, al ser la francmasonería una institución tradicional, conviene ampliar los criterios de análisis en términos de esa Tradición. (…) La vía conformada por los venerables Beda, Alcuino, Rabano Mauro y Walafrid Strabón ha sido señalada por historiadores, teólogos, filólogos y hebraístas, lo que demuestra su potencia y actividad. Esta corriente difundió en los vastos territorios del imperio carolingio las tradiciones y símbolos de los masones que actuaban bajo el impulso benedictino y que, luego, tuvieron su apogeo en la órdenes de Cluny y Hirsau. En segundo lugar, se han elegido un conjunto de ideas fundamentales que, originadas en la tradición de los monjes constructores, influyeron directamente en las asociaciones operativas laicas y, a través de estas últimas llegaron hasta la masonería moderna. Ellas son:
a) La tradición del Templo de Salomón,
b) El simbolismo del Templo,
c) la idea de una Gran Arquitecto del Universo,
d) El pensamiento simbólico-alegórico,
e) El trabajo interior –(lo que los masones denominamos desbastar
la Piedra Bruta)
f) El trabajo exterior: la construcción del Templo a la Virtud.

Termina concluyendo Callaey: No existe en occidente –fuera de la Orden Masónica y la Orden del Temple- otra institución que haya otorgado al Templo de Jerusalén el carácter alegórico que asume en la pluma de los maestros benedictinos [3]. Resulta paradójico comprobar en dicho libro la sorprendente similitud entre las alegorías del mundo monástico medieval y los elementos centrales del esoterismo masónico, abriendo un profundo interrogante sobre los orígenes cristianos de la Orden más combatida por los Pontífices romanos.

Al margen de la controversia, sobre la vigencia o no, de la excomunión que según la Iglesia de Roma pesa sobre los católicos que pertenezcan o quieran pertenecer a la Masonería, excomunión, que a nuestro juicio no tiene razón de ser, de acuerdo al actual Código de Derecho Canónico, aprobado por el Concilio Vaticano II, el estudio publicado en éste libro de Eduardo R. Callaey, viene a reafirmar y documentar las tesis que demuestran los orígenes cristianos de nuestra augusta Orden.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Visita al monasterio cisterciense de Azul , Argentina


Tomado de http://hesiquia.wordpress.com/2009/06/24/trapenses/

El viaje hacia el monasterio llevó doce horas y ya en el remis, campos vacíos y enorme cielo me regocijan, anticipando el silencio que prometieron.

Algunos pequeños bosques anuncian los edificios umbrosos, entre grises y verdes, antiguos, cansados.

Golpear la puerta gruesa y tosca de la portería y verlo aparecer anciano, arrugado, quedo, me introduce en un espacio interno críptico.

El monje aquel, me conduce solo con ademanes, a la oquedad del claustro; el ruido que nuestros pasos leves hacen sobre la piedra, parece lo único vivo.

Ya solo en la celda, reviso los horarios, que alternan entre oraciones cantadas y silenciosas, entre ceremonias y letanías repetitivas y centrantes.

Desde la madrugada cerrada hasta bien entrada la mañana, los orantes buscamos la sensación sagrada, la devoción que inflama, el encuentro sacro; mientras el sueño, la pesadez y el tedio, conspiran y alejan hacia fuera, hacia el cobijo de los sentidos.

Hábitos blancos y capuchas amplias esconden los rostros, que en lo íntimo, expresan lo que atraviesa el alma.

La biblioteca arcaica y devota destila un hermoso olor a pergaminos, que aventuran fórmulas, métodos, secretos atajos hacia el corazón de Dios.

La comida frugal, la lectura como compañía , las tareas del campo; atraviesan la tarde casi hasta vísperas, donde el crepúsculo esconde todo color y deja un mudo vacío.

La angustia hecha gemido resulta, ahora sí, oración eficaz.

Y es en la profundidad del llanto donde encuentra mi ser su calma, porque afianzo en la verdad de mi mismo, en mi desnuda ignorancia, en el absoluto desamparo.

Y es al reconocer la tragedia de la vida finita y condicionada al extremo, donde me siento obra de intención ajena y desconocida.

Es al sentirme vencido, abrumado por un plan inabarcable de ignoto sentido, cuando veo surgir, aleteando emancipada, una firme esperanza, una confianza terca en que tanto dolor y tanta maravilla escondan infinito amor.

(Recreación libre, recordando la visita al

Monasterio Nstra. Señora de Los Angeles

en Azul, Buenos Aires, Argentina; en Junio de 2005)

sábado, 12 de diciembre de 2009

Crónica de la canonización del H. Rafael, por el Hno. Israel María.


“PEREGRINOS DEL ROSTRO DE DIOS”


Hace ya unos días de la experiencia desbordante de gracia que he vivido en Roma, y ya va calando en mi corazón y hoy impulsado por el texto de la Biblia que en la lectio estoy orando, me dispongo a “balbucear” algunas cosas vividas en la ciudad Eterna.

El texto que me ha impactado y resuena en mí desde mi llegada a Huerta es el siguiente: “A aquellos a quienes el Padre ha llamado, de acuerdo con su plan, y hecho santos por el Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser purificados por su sangre: que la gracia y la paz se derramen sobre vosotros” (1 Pe 1,2).


Sí, realmente el lugar donde fui de peregrinación, era un lugar santo, donde la santidad de tantos hermanos, testigos de la fe, me precedía, la tierra gritaba desde lo profundo: “Israel, eres llamado a la santidad” y no una santidad “teórica” sino preparada para ti, por el Padre, desde toda la eternidad.


Es cierto que humanamente hubo momentos de “mucho cabreo” en los que mi amor propio, mi hombre viejo, salía a la luz, pero la gracia de Dios me fue modelando y haciéndome entrar en ese descanso de su Amor, preparándome para el momento de su gracia, abriendo mi corazón, a veces duro y egoísta, pero con sincero deseo de Dios.


La “visita” por la Roma de noche, fue algo que era como “lluvia” que cae en tierra para hacerla germinar, en todas esas maravillas pude ver la obra de Dios, como el hombre plasma la belleza que en Dios halla su plenitud, eso fue para mi la Piazza Navona, la Fontana di Trevi, el Panteón... y todo lo que mis ojos, los de la vista y los de la fe, pudieron ver y contemplar, hasta el punto de exaltar con el salmista “Que admirables son tus obras Señor...hiciste la tierra...y todo ser que alienta te alaba”. Esa noche mi corazón, reposo en la paz de Dios, y aún me quedaba mucho por ver...

El día siguiente fue un recorrido por Roma, vistas preciosas, contemplar la Basílica de Santa María la Mayor, pero este día al menos en la mañana el “plato fuerte” fue San Pietro in Vincoli, donde me encontré el Moisés y su rostro que irradiaba luz. La visita a la Capilla Sixtina, entre la multitud de gente, pero el estar allí, siendo por un momento “testigo” de momentos decisivos en la Iglesia, me hacía sentirme acompañado y apoyado en el seno de mi madre la Iglesia, fue un momento de comunión intensa, con hermanos que desde los cinco continentes profesan la fe católica, y somos responsables de que esta Iglesia a la que pertenecemos, presente un rostro lleno de radiante alegría por el encuentro amoroso e íntimo con Cristo la persona que nos ha fascinado con su amor, con su rostro misericordioso.

En la Plaza de San Pedro, mientras esperaba el momento de entrar para la Canonización, y apretujado por la gente, me sentía como Jesús, que todo el mundo le tocaba y él decía quien me está tocando...fueron muchos los hermanos “muy variopintos que allí estábamos y todos con una llamada “Sed santos como Él es santo...Imitad al que os llamo” (Cf 1 Pe 1,15), y el rostro de la santidad de la Iglesia, era el testimonio más hermoso que ante el mundo miles y miles de peregrinos veníamos a celebrar. Allí en este ambiente de celebración gozosa, la gracia se derramó, y fue impresionante el participar en esa celebración, si bien de un modo que yo personalmente no habría elegido (la pantalla en la plaza de San Pedro), no por ello fue menos fecundo e impactante para mi espíritu, que estos días en Roma se hallaba abierto en receptividad a todo lo que era nuevo para mi, mi primera experiencia... y allí se palpaba “un algo, mejor dicho, UN ALGUIEN, que había triunfado en nuestros nuevos santos” y que hoy quería hacerlo de nuevo en ti, en mi, en todos los que se abren a la gracia de Dios.


Cuando el Santo Padre, salió a saludar a los peregrinos, “vi” como en la Iglesia sigue habiendo vitalidad, miles y miles de personas aclamaban a un anciano, que es el sucesor de Pedro, el apóstol, en quien Jesús cimento su Iglesia... y en esos momentos mientras escuchaba su voz (la del Papa), me sentía impulsado, y así lo hice, a bendecir a Dios por todos los que un día fueron “servidores de los siervos de Dios” en esta cátedra de Roma.

Otro momento de fuerte impacto en mi vida espiritual, fue el poder acudir a Tre Fontane (nuestro monasterio en Roma) y la Casa General, pues uno de los pilares que cimentan mi deseo de Dios, es mi pertenencia a la Orden, y el conocer sitios donde otros hermanos viven como yo, fue algo super gratificante, y un momento de “reavivar” mi sentido de Orden y que pase lo que pase yo soy cisterciense de esta orden, que llevo en mi corazón y nada ni nadie me lo quitará. Quizá en esta experiencia, no pueda ser muy extenso, pues las palabras no pueden expresar lo que yo en estos momentos viví, pero quien me conoce sabe como fue cada uno de los latidos de mi corazón en estos momentos. Gracia difícil de olvidar.

Subiaco y Montecasino, fue un volver a la vitalidad de la orden, un afianzar la llamada recibida, pero confieso que me impacto menos que los lugares que yo considero más míos, como son Tre Fontane y la Casa General, me quedé con las ganas de Vitorchiano, pero otra vez será... aunque según dicen, si no he tirado la moneda en la Fontana di Trevi, no volveré...esto queda en manos de Dios, pues Él sabe que es lo que más me conviene.

Y como no todo ha de ser sólo lo espiritual, una gran experiencia fue mi “bautismo” en el avión, pues era la primera vez que volaba, y la experiencia ha sido tan grata que ya estoy deseando repetirla de nuevo, je, je

En fin que la peregrinación me ha afianzado en ese ser un peregrino sediento del rostro de Dios, y como decía San Rafael en sus escritos a su tío “Somos peregrinos en tierra extraña”, pues que Él que ya goza de la presencia de Dios, nos encienda el corazón en amores apasionados, que nos muevan a desear a “SOLO DIOS”

Fr. Israel María González
Santa María de Huerta
24 de Octubre de 2009

viernes, 11 de diciembre de 2009

Ataque a un monasterio cisterciense en la R. D. del Congo y asesinato de la Hna. Denis Kahambu.



La Guerra en la Republica democrática del Congo es una guerra olvidada por los medios de comunicación que está cobrándose numerosas vidas y cuyas causas parece ser están muy relacionadas con el Coltán y otras materias primas que son muy demandas por los intereses económicos occidentales.

Una de las últimas víctimas ha sido la Hermana Denise Kahambu, en un ataque al monasterio trapense (cisterciense de la estrecha observancia) al norte de Bukavu. Actualmente dos sacerdotes están secuestrados.

Aquí os dejo la crónica de este triste suceso. Y por supuesto, nuestra oración y nuestra denuncia a la comunidad internacional que no presta atención a este conflico


Después del asalto a la parroquia de Kabare, la noche del 5 al 6 de diciembre de 2009, en el que fue matado el Padre Daniel Cizimya, hoy en la tarde del 7 de diciembre ha tocado el turno al monasterio de las trapenses de Murhesa.

Cuando la Comunidad, a las 19,30 h., oyó gritos y disparos y se refugiaba en el dormitorio, la Madre Abadesa me llamó al momento por teléfono para darme el aviso. Puse al corriente sin tardar al arzobispo, Mons. Justin Nkunzi, encargado de la comisión arquidiocesana de Justicia y Paz, a los vecinos y a las unidades militares más próximas, por medio de las Hnas. Hijas de la Resurrección.

Según testigos del hecho, hospedados en el monasterio, la Hermana encargada de la acogida, que fue matada al momento, se dio cuenta de que detrás de ella iban tres hombres que no pertenecían al del grupo de los huéspedes. Tuvieron un encuentro en su despacho. Inmediatamente escapó corriendo al refectorio de la hospedería. Los asaltantes la alcanzaron y le preguntaron: ¿Dónde está el sacerdote? Le pidieron también que se les entregara el dinero.

Una de las huéspedes ha testimoniado que, cuando oyó los gritos de la Hermana y a un hombre armado que corría tras ella, se encerró en la habitación.

Los demás huéspedes han dicho que los asaltantes no tenían vehículo. Vieron a tres. Pedían dos cosas: que les indicaran dónde estaba el sacerdote y que les entregaran el dinero. A cuatro huéspedes les quitaron por la fuerza el teléfono.

Una señora de entre los huéspedes, que estaba limpiando los platos, oyó el ruido y salió afuera. El militar que acababa de matar a la Hermana le pidió el dinero. Cuando le dijo que no tenía nada, uno de los asaltantes le disparó a las piernas, pero la bala pasó a un lado. Era el segundo tiro disparado. La Hermana ya estaba muerta, cubierta en un baño de sangre. Cuando la señora comenzó a gritar con voz fuerte, el último de los asaltantes se fue.

Un tiempo antes, según los huéspedes y la Hermana de la tienda, apareció gente sospechosa hacia las 18 horas (ya puesto el sol) y no por la puerta principal sino por la trasera.

Minutos después del ataque a mano armada, la Madre Abadesa me llamó para decirme que la Hermana Denise estaba gravemente herida y si yo podía ir urgentemente para llevarla al hospital. El Padre François d´Asisse, director espiritual del teologado de San Pío X, fue con el chofer a buscar a dos militares a Mudaka (a 5 km. del seminario). Y fueron inmediatamente al Monasterio. Se encontraron en el trayecto con otros militares que venían de Bukava. Volvieron de inmediato para decirme que la Hermana ya había muerto. Entonces fuimos al Monasterio, yo mismo, Rector del Teologado, el P. Ecónomo, el Director espiritual, el chofer y algunos vigilantes del seminario. Llegamos al mismo tiempo que la policía nacional. Comenzaron a hacer las averiguaciones preliminares. La MONUC se presentó al momento. Hizo rápidamente su averiguación y se fue. No había nada que hacer.

Las verdaderas pruebas comenzaron con la llegada del Vicegobernador a los lugares, treinta minutos después.

El capellán, el P. Bernard Oberlin (monje trapense como las Hermanas) testimonia por su parte: Acababa de cerrar la puerta de la iglesia, por el lado exterior ( a las 19 horas), y fue a la hospedería, luego al taller para revisar el cuadro eléctrico antes de apagar el grupo electrógeno. En ese momento sintió un pitido anormal. Al advertir que el pitido cesaba, pensó que era la sirena del monasterio y volvió a dar la corriente. Fue a dar una vuelta al claustro por dentro para ver qué sucedía. Como todo quedaba claro y ninguna Hermana se hallaba en los locales visitados, comprendió que se trataba de un ataque (el cuarto desde la guerra del 96). Entonces, a su regreso a la capellanía, recibió una llamada telefónica de la Madre Abadesa diciéndole que fuera al dormitorio del claustro a protegerse junto con todas las Hermanas. (Hay otro dormitorio que tenía cerradas las puertas y las rejas.

Cerrado el dormitorio, las Hermanas estaban en el pasillo, sentadas en el suelo para evitar eventualmente algún balazo proveniente de la ventana de la celda. La Madre Abadesa y otras Hermanas me telefonearon al teologado apenas pudieron. La Madre Abadesa tuvo conocimiento de la muerte de la Hermana. Denise por la llamada telefónica de uno de los huéspedes, que estaba escondido. Hubo otros contactos telefónicos: con el Obispo y otras personas.

Durante todo este tiempo, las Hermanas rezaban el rosario y el “De profundis” por la Hermana difunta y por toda la Comunidad.

Hacia las 21, 30 h. fui con otros Hermanos a avisar a las Hermanas que ya podían salir del dormitorio.

La Nunciatura Apostólica de Kinshasa, el Secretario de la Conferencia episcopal nacional, el gobernador de la provincia de Sud-Kivu, el Ministro Katintima y el antiguo Procurador de la República, así como casi todas la comunidades diocesanas (sacerdotes, religiosos y religiosas) me llamaron por teléfono esta tarde para saber lo ocurrido.

El Vicegobernador me ha asegurado, al salir, que ellos proseguirían con la investigación y, con el Mayor de la Policía, han decidido dejar algunos policías.

He aquí cómo han sucedido las cosas.

Reciba, Excelencia, la expresión de mi profunda comunión con la Iglesia.

Dado en Murhesa (en el Monasterio), a 8 de diciembre de 2009, a la una menos diez de la noche.

P. Bunyakiri Mukengere Crispín.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Refundación, renovación y reforma del monacato cisterciense, por Bernardo Olivera, anterior Abad General de la Orden Cisterciense (S. O.)



El carisma de los fundadores ha sido transmitido a cada uno de nosotros a fin de que vivamos según el mismo, lo custodiemos, lo profundicemos y lo desarrollemos constantemente en comunión con el Cuerpo de Cristo siempre en crecimiento.

Ahora bien, vengamos a nuestro presente. Tratemos de esbozar un proyecto a partir de nuestros deseos y sueños anclados la tradición benedictina y cisterciense y abiertos al Espíritu que todo lo hace nuevo.

El futuro de nuestra vida monástica depende de su enraizamiento en la persona de Jesucristo y en su santo Evangelio. Una cierta cuota de realismo y una pizca de sentido común me obligan a hablar hoy de re-evangelización monástica. Este proceso evangelizador implica tres realidades distinguibles pero íntimamente relacionadas: refundar, renovar y reformar el monaquismo.

- Refundación

La refundación se refiere al hecho de cimentar nuestra existencia en la experiencia mística fundante del fenómeno monástico: un encuentro transformativo con el Absoluto, fruto de una búsqueda asidua del rostro del Dios Viviente. La búsqueda y el encuentro se viven en el deseo apasionado, y purificado de su presencia.

El camino hacia el rostro de Dios se transita cotidianamente gracias a un cierto número de mediaciones o exercitia. Entre los de ayer, de hoy y de siempre, hay que enumerar los siguientes:

-La oración silenciosa y contínua.

-La plegaria litúrgica centrada en la Eucaristía.

-La lectio divina.

-La ascesis del ayuno, de las vigilias, del trabajo, de la pobreza voluntaria y de las diversas renuncias (castidad y obediencia).

-Todo en un clima de soledad y silencio.

Ahora bien, nuestra búsqueda benedictina y cisterciense de Dios la vivimos en un contexto de relaciones interpersonales y comunitarias. La koinonia o vida en comunión de amor es también algo esencial en nuestra tradición monástica. A Dios se lo busca y encuentra en comunidad. Y podemos agregar algo más: el hermano y la hermana, habitados por el Señor, son también “santuario” del encuentro con Dios.

Soy de la opinión, nacida de una convicción, que la vida monástica carece de sentido sin la unión mística o contemplativa con el Dios que llama, purifica, desposa y transforma mediante las tinieblas luminosas de su Amor. ¡Si el monaquismo del futuro no es una re-edición viva y actualizada del Cantar de los Cantares tendrá muy poco que decir a las generaciones del presente y del futuro! ¡Sin misterio no hay mística, y sin mística no hay monaquismo! Pero todo esto sin intimismos individualistas ni encapsulamientos aislantes de los demás. San Benito lo expresa en forma lapidaria: ¡Qué Él nos lleve todos juntos a la vida eterna! (RB, 72:12).

- Renovación

La renovación se refiere al hecho de enraizar los corazones en la nueva alianza con su mandamiento nuevo: amor a Dios y al prójimo como Jesús amó. Único y doble precepto que encuentra su unidad en el “nada preferir al amor de Cristo”, Dios hecho hombre para nuestra salvación. La radicalidad de esta opción se comprueba con el amor ardentísimo y sin medida de unos para con otros.

Nuestra vida monástica contemporánea, abierta a un futuro desconocido, está invitada a seguir a Jesús abrazando el bienaventurado radicalismo del Evangelio. No se trata de tener el monopolio del radicalismo sino de ser fieles a la propia identidad.

La palabra de Jesús nos interpela: Sed perfectos en misericordia, como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt.5:48; Lc.6:36). El Maestro nos está diciendo que nuestra vida no consiste en tradiciones, usos, permisos, observancias... sino en la perfección del amor fraterno que nos identifica con el Padre que está en los cielos.

Las exigencias del amor nos llevan a las raíces mismas de la enseñanza de Jesús: el reinado de Dios como Padre de todos los seres humanos y la consecuente fraternidad y sororidad universales.

La monja y el monje radicales son aquellos que están arraigados y fundamentados en el amor (Ef.3:17), enraizados y cimentados en Cristo (Col.2:7). Si creemos, y espero que sí creamos, que Él nos amó y se entregó por nosotros, sólo nos queda una opción: morir para vivir en Él y servir a los demás.

- Reforma

La reforma se refiere a la forma histórica o institucionalizada que presenta nuestra vida monástica a fin de hacerla cultural o contraculturalmente significativa. La historia nos enseña que la experiencia fundante buscó pronto formas de institucionalización, y esto por dos motivos: para poder perdurar en el tiempo y para poder hacerse comunicable y significativa.

-Estas formas institucionales son siempre transitorias y condicionadas por tiempos y lugares. Su actualidad se discierne con un doble criterio: la capacidad de promover la experiencia fundante y la posibilidad de testimoniar significativamente ante la Iglesia y el mundo.

En este campo estamos hoy invitados a ser creativos a fin de ser fieles a la tradición y al Dador de los carismas eclesiales. Objeto de nuestro discernimiento y opciones podrían ser:

-La redimensión de nuestros edificios según la medida de la comunidad actual.

-La reubicación de nuestras economías en un mundo globalizado y marginador sin quedar englobado ni marginar a los pobres.

-El ajuste del trabajo a fin de ponerlo al servicio del objetivo espiritual de nuestra existencia.

-La inculturación (geográfica, temporal, generacional y de género) de nuestras liturgias para que expresen más entrañablemente nuestro culto a Dios en espíritu y verdad.

-La adecuación de las formas de autoridad a fin de que ésta sea un servicio afectivo y efectivo a la vida y a las personas concretas.

-Los ajustes necesarios a fin de procurar un equilibrio real y dinámico entre los diferentes elementos de nuestra conversatio.

-La significatividad de muchos de nuestros símbolos, costumbres y tradiciones domésticas.

-La búsqueda de nuevas formas de vivir algunos valores tradicionales, tales como, el ayuno, la pobreza, las austeridades, la soledad, el silencio, la corrección fraterna...

Los monjes y monjas tenemos sin ninguna duda una larga historia que contar y, Dios mediante, tenemos también una historia por crear. En el purgatorio hay un rincón gélido reservado para los monjes y monjas, de ayer y de siempre, que pecan por fidelidad servil a la tradición en lugar de arriesgarse y apostar por la creatividad a fin de comunicarla enriquecida. También hay allí un hueco inestable preparado para quienes reforman sin renovar y, peor aún, sin verificar los fundamentos.

martes, 17 de noviembre de 2009

El Carisma Cisterciense y el Zen:¿Hacia un zen cisterciense?.

Thomas Merton y Suzuki


Es curioso cómo, de manera más o menos espontánea, se ha ido produciendo el encuentro entre el Zen y la espiritualidad cisterciense a lo largo del siglo XX. Aunque, bien mirado, el Zen y Císter son dos espiritualidades que sin tener un contacto histórico tienen una perspectiva, en muchos aspectos, similar: sencillez, austeridad, búsqueda de la experiencia contemplativa… lo cual puede facilitar mucho el diálogo y comprensión mutuos.

No hay duda que ha sido T. Merton el primero que ha difundido el zen entre los cistercienses y que ha sido bajo su influencia que los encuentros entre monjes cistercienses y monjes zen se han ido propiciando. Merton nos dejó dos libros muy conocidos sobre zen y cristianismo: Místicos y maestros zen y El Zen y los pájaros del Deseo, que son prueba de su comprensión del zen y de la tradición cristiana.

Más reciente es la relación del zen y del monje cisterciense Thomas Keating, quien conoció el zen a través del maestro Sasaki Roshi, que acudía al monasterio cisterciense de Spencer (EE.UU) para dar retiros o sesshin a los monjes que estaban interesados.

Hoy los contactos son muy numerosos, muchos monjes cistercienses acuden a sesshin zen y también monjes zen visitan monasterios católicos. Pero me interesa fijarme en estos dos monjes, Merton y Keating, porque son representativos de dos actitudes que los cristianos han asumido habitualmente tras el encuentro con el zen.

Merton mantiene al zen y al cristianismo en diálogo, sin unirlos pero en mutua relación. Ahora bien, no quiere hacer mezclas o sincretismos que deformen el zen y el cristianismo, falseándolos. Zen y cristianismo están llamados a dialogar e influirse mutuamente sin pretender explicar el zen desde el cristianismo o el cristianismo desde el zen. En la práctica esto supone conservar el rostro occidental del cristianismo y el rostro japonés u oriental del zen. El cristiano que conozca el zen será “profeta de dos lenguas” dicen algunos, hablará dos lenguas espirituales diferentes aunque con equivalencias entre ellas que permiten la traducción de la una a la otra y que enriquecen a quien conoce ambas experiencias, que en lo profundo son una.


Keating, representa otra de las actitudes cristianas ante el zen, aquella que se inspira en sus prácticas y estilo para dar un nuevo impulso a la mística cristiana. La oración centrante de Keating no pretende, en absoluto, ser zen pero está muy influida por el zen. Aquí, por lo tanto, se trataría de ser enriquecidos con el zen para redescubrir la mítica cristiana, sin abandonarla ni integrarse en el zen de forma completa.

Ambas son posturas legítimas y dan frutos valiosos. Sin embargo, no agotan todas las posibilidades que surgen del encuentro entre el zen y el cristianismo. Existe también en occidente un zen que no quiere limitarse a repetir más o menos el zen japonés sino que quiere adaptarse plenamente a Occidente y a la espiritualidad cristiana sin dejar de ser zen. Willigis Jäger podría ser un ejemplo de esta línea de zen occidental o secular, que no se limita a reproducir el zen japonés.

No se trata de mezclar y confundir sino de crear algo nuevo pero plenamente legítimo, un zen cristiano u occidental. Un zen diferente al japonés y budista, pero plenamente zen. Un zen impulsado por cristianos o por laicos que descubren un rostro zen oculto en el cristianismo o en la mística occidental (por ejemplo, con la existencia de auténticos koan en los evangelios y en la tradición mística occidental) y un rostro cristiano (o humanista) en el zen japonés, con la existencia de algunos maestros japoneses más o menos marginados por al corriente principal del zen, que emplean un lenguaje más personalista en su descripción de la experiencia zen. Y es que el diálogo, si es un auténtico encuentro, siempre transforma a los que lo viven y produce cambios, algo nuevo. Esto nuevo sería este zen occidental, laico y cristiano.

También el carisma cisterciense puede participar de este movimiento. Y en esta dirección es en la que también algunas personas vinculadas al carisma cisterciense y al zen queremos ir trabajando, intentando que pueda ser posible un zen cisterciense, respetuoso con ambas tradiciones, que renueve e impulse el carisma cisterciense y el zen para que, en unión, puedan ser, para quienes se sienten identificados con ambas espiritualidades, una de las vías de difusión de la experiencia espiritual en la sociedad actual, en vistas a trabajar por el Reino en términos cristianos o a vivir desde la mente compasiva original, en términos zen.

lunes, 26 de octubre de 2009

La fe que duda, por Thomas Merton


Frecuentemente, olvidamos que la fe cristiana es un principio de cuestionamiento y lucha antes de convertirse en un principio de certidumbre y paz. Uno debe dudar y rechazar todo el resto para creer firmemente en Cristo, y después que uno empezó a creer, debe probar y purificar la propia fe. El cristianismo no es meramente un conjunto de conclusiones predeterminadas. La mente cristiana es una mente que arriesga purificaciones intolerables y , a veces, por cierto muy a menudo, el riesgo resulta ser demasiado grande. La fe tiende a ser derrotada por la ardiente presencia de Dios en el misterio y busca refugiarse de Él, huyendo hacia las cómodas formalidades sociales y a las seguras convenciones en las que la purificación ya no es una batalla interior sino una cuestión de gesto externo.


Thomas Merton, del libro "Paz personal, paz social"

sábado, 24 de octubre de 2009

La mística y el esoterismo, fuentes del nuevo paradigma ecuménico.


Desde muchos ámbitos se habla de que estamos viviendo un cambio de época, que está naciendo una nueva conciencia en la humanidad. Pero no todos los que defienden o intuyen esta realidad lo hacen desde las mismas perspectivas, hay mucha confusión en nuestro mundo y para algunos estas ideas son un caldo de cultivo para generar más desorden, sobre todo en el ámbito espiritual y social.

No estoy de acuerdo con aquellos que creen que vamos hacia una sociedad puramente racionalista y científica (si es que todavía hay gente que cree esto) ni con los que creen que el futuro será el de una sociedad ecléptica, fluida, en la que todo se mezcle en una confusión carente de referencias y de sentido.

Pienso que vamos a un nuevo orden, a una nueva manera de vivir, más flexible en muchos aspectos pero con referencias y valores, referencias nuevas proporcionadas por un modo nuevo de vivir la espiritualidad, y valores nacidos y orientados hacia la experiencia espiritual como único modo de alcanzar una sociedad justa y libre.

Creo que uno de los signos más significativos de esa nueva conciencia es la actual sensibilidad ecuménica. Esta sensibilidad es fruto, por un lado, de un renacer del interés por la espiritualidad, pero por otro, de un rechazo del dogmatismo y el exclusivismo de las religiones tradicionales.

Pienso que el ecumenismo es una formidable “vía” para conseguir ese orden nuevo y más humano, siempre que no lo ahoguemos (por el rechazo de laicistas radicales o fundamentalistas) ni lo convirtamos en un “caballo de Troya” que destruya las tradiciones espirituales, al mezclarlas de modo subjetivo y arbitrario.

Para evitar esto, creo que el ecumenismo debería alimentarse de dos fuerzas espirituales que lo nutran de espiritualidad equilibrada: el esoterismo y la mística.


Por esoterismo no entiendo la confusión que hoy encontramos bajo ese nombre, sino el movimiento espiritual que se articula en las diversas organizaciones que perviven en cada tradición y que se consideran herederas de la Tradición Primordial, la tradición anterior a la “caída”, es decir, a la ruptura con la naturaleza profunda o espiritual de hombre, tras el desarrollo de la conciencia racionalista y egoica. Fruto de esa “caída” es el desarrollo de un cuerpo doctrinal, simbólico, normativo dirigido al hombre racional, que constituye lo que hoy llamamos la religión o exoterismo. El esoterismo trata de ir más allá de la religión, del Exoterismo, a la experiencia espiritual anterior a esa división.

Este esoterismo tradicional es una enseñanza que va más allá de las particularidades de cada Tradición, abriendo al hombre a la experiencia espiritual que está más allá de razonamientos, conceptos o sentimientos. El esoterismo es el encargado de descubrir al hombre “caído” la riqueza espiritual que esconde el cosmos y la propia humanidad, llevándole más allá de la propia realidad formal y material, a una realidad inefable, suprarracional y suprapersonal, que ninguna religión puede monopolizar.


Sin esoterismo, el ecumenismo es un puro discurso cuando no una estrategia con fines interesados. Pero un ecumenismo puramente esotérico puede ser un verdadero peligro para las religiones, haciendo creer a algunos que todas las religiones son iguales y llevándoles a promover un sincretismo subjetivo, a la carta, que en realidad no nace de la apertura a una experiencia más allá del ego, sino de la incapacidad de salir del propio ego y entregarse a lo que nos supera.

Por eso, el esoterismo debe estar matizado por lo que los cristianos llamamos mística y que en otros pueblos es la dimensión monástica, el monacato. La experiencia monástica vive la experiencia esotérica en su propia tradición actual, presente, concreta, “exotérica”, posterior a la caída en el ego.


No huye del mundo de la limitación sino que vive lo transcendente en lo limitado, descubriendo el carácter inefable también de lo concreto e individual, manifestación única e irrepetible de lo transcendente. El monacato o la mística integra y transciende la división entre esoterismo y exoterismo.


Para el místico, su tradición es única, aporta una experiencia colectiva única, que ninguna otra puede aportar, y a la vez, sabe que hay una realidad que supera y fundamenta a todas las tradiciones. El místico sabe que no debe quedar atrapado en el mundo de las cosas concretas ni en el mundo transcendente, debe vivir la transcendencia en el tiempo y el tiempo en la eternidad. Por eso, el místico une respetando la pluralidad, se interesa por lo concreto, por lo material, por la transformación de la historia y del mundo, por las pequeñas cosas cotidianas, viendo la transcendencia que ellas manifiestan de un modo único e insustituible.


Ser capaces de vivir esta mentalidad pluralista y transcendente creo que es la única manera de construir un ecumenismo que fundamente un mundo plural y fraterno a la vez. Un ecumenismo que respete cada tradición y a l vez, sepa que hay una realidad que las supera y las fundamenta.


Los cristianos, para ello, necesitamos recuperar la dimensión esotérica y mística de nuestra tradición. Quizá esto asuste a algunos cristianos que desconocen la existencia de un esoterismo cristiano legítimo y ortodoxo, representado hoy por ciertos ámbitos vinculados a la masonería tradicional y cristiana o al martinismo. Y posiblemente también desconcierte a ciertos esoteristas que absolutizan la visión guenoniana, que considera a la mística algo “inferior” al esoterismo. Pero creo, que sólo dando a conocer, en especial a los cristianos, la importancia de estas fuentes de espiritualidad y la adecuada relación entre ellas (es decir, que la mística o monacato es más integral y completo que el esoterismo, como muy bien estaba reflejado en la Edad Media con la “supeditación” de la orden del temple al monacato cisterciense, sin perder la autonomía mutua) es posible ayudar a construir esa nueva sociedad y cultura que hoy presienten muchos, mediante la colaboración de aquellos que se sitúan en ambos ámbitos: el monástico-místico y el esotérico.

domingo, 11 de octubre de 2009

Fragmento de la Homilía de Benedicto XVI en la canonización del hermano Rafael


Tomado de




A la figura del joven que presenta a Jesús sus deseos de ser algo más que un buen cumplidor de los deberes que impone la ley, volviendo al Evangelio de hoy, hace de contraluz el hermano Rafael, hoy canonizado, fallecido a los veintisiete años como oblato en la Trapa de San Isidro de Dueñas.
También él era de familia acomodada y, como él mismo dice, de "alma un poco soñadora", pero cuyos sueños no se desvanecen ante el apego a los bienes materiales y a otras metas que la vida del mundo propone a veces con gran insistencia.
Él dijo sí a la propuesta de seguir a Jesús, de manera inmediata y decidida, sin límites ni condiciones. De este modo, inició un camino que, desde aquel momento en que se dio cuenta en el Monasterio de que "no sabía rezar", le llevó en pocos años a las cumbres de la vida espiritual, que él relata con gran llaneza y naturalidad en numerosos escritos.
El hermano Rafael, aún cercano a nosotros, nos sigue ofreciendo con su ejemplo y sus obras un recorrido atractivo, especialmente para los jóvenes que no se conforman con poco, sino que aspiran a la plena verdad, a la más indecible alegría, que se alcanzan por el amor de Dios. "Vida de amor... He aquí la única razón de vivir", dice el nuevo Santo. E insiste: "Del amor de Dios sale todo".
Que el Señor escuche benigno una de las últimas plegarias de San Rafael Arnáiz, cuando le entregaba toda su vida, suplicando: "Tómame a mí y date Tú al mundo". Que se dé para reanimar la vida interior de los cristianos de hoy. Que se dé para que sus Hermanos de la Trapa y los centros monásticos sigan siendo ese faro que hace descubrir el íntimo anhelo de Dios que Él ha puesto en cada corazón humano.

sábado, 10 de octubre de 2009

El Testamento del Padre Christian de tibherine.







Como sabéis la noche del 26 al 27 de marzo de 1996 fueron secuestrados y luego asesinados los hermanos de la comunidad de Nuestra señora de Atlas, en Tibherine, Argelia.


Todo el pueblo argelino estaba sufriendo en una especie de guerra civil entre el ejército y los islamistas radicales, los asesinatos de gran número de argelinos y de extranjeros hacían aconsejable abandonar el país. La Comunidad, cuyo superior era el P. Christian decidió compartir la suerte del pueblo de Argelia permaneciendo en su monasterio.


Los monjes eran queridos por la gente, realizaban una labor social a través de un dispensario médico (uno de los hermanos era médico) y tenían una fuerte sensibilidad ecuménica, siendo el monasterio un lugar de reunión de los monjes con una tariqa sufí, con la que compartián oración y diálogo espiritual. El Amor al Islam y al pueblo argelino fue uno de las razones que les llevó a permanecer en el lugar. Como sabéis en la espiritualidad del amor al lugar es importante en Císter.


Muchos consideraban que no era posible la convivencia de cristianos y de musulmanes, tildaban de "ingenuos" a los monjes. Sin embargo, la comunidad era un ejemplo de esa convivencia y amor mutuos.



En su muerte rodeada de misterio, atribuida a los fundamentalistas del GIA, y ahora parece que debida al ejército argelino, se mezclaron diversos intereses políticos y propagandísticos de los que los monjes fueron víctimas inocentes, como tantos hombres y mujeres de Argelia.



Francia, el gobierno argelino y los grupos fundamentalistas parecen tener responsabilidad en todo este asunto, que destapa la hipocresía de Occidente y la brutalidad fundamentalista. De todas formas, todo sigue rodeado de bastante misterio y de manipulaciones diversas para evitar que se aclare la cuestión que tendría consecuencias diplomáticas y de Estado, de probarse la culpabilidad del ejército argelino y de los servicios secretos franceses.



Aquí os dejo el testamento de Christian, escrito un año antes, consciente de la posibilidad de morir asesinado. Quizá lo más destacado de estos hechos es el sentido comunitario de su muerte, es una comunidad que, vinculada al pueblo, es asesinada por fuerzas irracionales movidas por intereses políticos diversos. Y, sin embargo, su testimonio consigue vencer a sus enemigos denunciando al fundamentalismo y a los manejos de Occidente como igualmente enemigos del islam y del cristianismo, de la gente pobre y sencilla de ambos mundos, a la que intentan asustar para que se enfrente y no se una frente a sus verdaderos enemigos: los que viven centrados en el dinero, el poder, el prestigio a costa de lo que sea, y estos se encuentran en ambas frontera confesionales.



La comunidad de Tibherine es un testimonio de que el amor vence siempre sobre el odio de quienes quieren que Occidente y el Islam se enfrenten para poder así seguir engañando y aprovechándose de la buena gente de ambos mundos.




TESTAMENTO

Cuando un A-Dios se vislumbra...

Si me sucediera un día --y ese día podría ser hoy-- ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar en este momento a todos los extranjeros que viven en Argelia, yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país.

Que ellos acepten que el Único Maestro de toda vida no podría permanecer ajeno a esta partida brutal.

Que recen por mí.

¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?

Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas y abandonadas en la indiferencia del anonimato.

Mi vida no tiene más valor que otra vida. Tampoco tiene menos. En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia.

He vivido bastante como para saberme cómplice del mal que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo, inclusive del que podría golpearme ciegamente.

Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez que me permita pedir el perdón de Dios y el de mis hermanos los hombres, y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiera herido.

Yo no podría desear una muerte semejante. Me parece importante proclamarlo. En efecto, no veo cómo podría alegrarme que este pueblo al que yo amo sea acusado, sin distinción, de mi asesinato. Sería pagar muy caro lo que se llamará, quizás, la "gracia del martirio" debérsela a un argelino, quienquiera que sea, sobre todo si él dice actuar en fidelidad a lo que él cree ser el Islam. Conozco el desprecio con que se ha podido rodear a los argelinos tomados globalmente. Conozco también las caricaturas del Islam fomentadas por un cierto islamismo.

Es demasiado fácil creerse con la conciencia tranquila identificando este camino religioso con los integrismos de sus extremistas. Argelia y el Islam, para mí son otra cosa, es un cuerpo y un alma. Lo he proclamado bastante, creo, conociendo bien todo lo que de ellos he recibido, encontrando muy a menudo en ellos el hilo conductor del Evangelio que aprendí sobre las rodillas de mi madre, mi primerísima Iglesia, precisamente en Argelia y, ya desde entonces, en el respeto de los creyentes musulmanes.

Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razóna los que me han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista:"¡qué diga ahora lo que piensa de esto!" Pero estos tienen que saber que por fin será liberada mi más punzante curiosidad.

Entonces podré, si Dios así lo quiere, hundir mi mirada en la del Padre para contemplar con El a Sus hijos del Islam tal como El los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo, frutos de Su Pasión, inundados por el Don del Espíritu, cuyo gozo secreto será siempre, el de establecer la comunióny restablecer la semejanza, jugando con las diferencias.

Por esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos,doy gracias a Dios que parece haberla querido enteramentepara este GOZO, contra y a pesar de todo.En este GRACIAS en el que está todo dicho, de ahora en más, sobre mi vida,yo os incluyo, por supuesto, amigos de ayer y de hoy,y a vosotros, amigos de aquí,junto a mi madre y mi padre, mis hermanas y hermanos y los suyos, ¡el céntuplo concedido, como fue prometido!

Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías.

Sí, para ti también quiero este GRACIAS, y este "A-DIOS" en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea concedido rencontrarnos como ladrones felices en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío.
¡AMEN! ¡IM JALLAH!Argel, 1 de diciembre de 1993 Tibhirine, 1 de enero de 1994Christian.+



También os dejo aquí una noticia publicada por el ABC el 11- 07- 2009 relativa a las últimas investigaciones sobre las causas reales de su muerte.


MATANZA DE LOS MONJES EN ARGELIA: SARKOZY DESENTIERRA UN ESCÁNDALO DE ESTADO DE LOS AÑOS DE CHIRAC.

JUAN PEDRO QUIÑONERO PARÍS
Actualizado Sábado, 11-07-09 a las 23:56

La fe, esperanza y determinación de las familias de siete monjes cistercienses, asesinados en Argelia, está consiguiendo vencer tenebrosos misterios y secretos de Estado, enterrados durante trece años, culpando de la matanza a los Grupos Islámicos Armados (GIA) para “maquillar” un “error dramático” del Ejército argelino.


La noche del 26 al 27 de marzo de 1996 fueron secuestrados siete monjes cistercienses, a unos 60 kilómetros de Argel. Unos confusos comunicados atribuidos al GIA pretendían la “liberación” inmediata de terroristas y presuntos terroristas encarcelados en Francia.


Pocos días más tarde, se descubrieron las cabezas de los cuerpos degollados de los monjes cistercienses… Argel y París culparon al unísono al GIA, con quien el Ejército argelino sostenía, por aquellos años, una ensangrentada guerra civil que se cobró unos 100.000 muertos.

Las familias de los mártires cistercienses y su jerarquía religiosa tuvieron sus dudas desde el primer día: nunca aparecieron los cuerpos de los monjes cistercienses. Durante una larga década, las familias de las víctimas pidieron la apertura de una instrucción judicial, para intentar esclarecer tan oscura matanza.


El poder político supremo, en París, encarnado por el presidente Jacques Chirac, frenó y enterró políticamente el caso, hasta que, en 2004, las familias consiguieron que un juez pudiese indagar. Cinco años después, un testigo capital ha hecho declaraciones explosivas, ante el juez instructor.

Explosivas declaraciones de un testigoSegún el general jubilado François Buchwalter, consejero militar en la embajada de Francia en Argel, en 1996: los verdaderos asesinos habrían sido militares argelinos, que acribillaron a tiros, desde un helicóptero, a los siete monjes cistercienses.



Según la versión del general Buchwalter, los monjes del monasterio de Tibérine, a unos sesenta kilómetros al norte de Argel, habrían sido víctimas de un ensangrentado “montaje” destinado a “convencer” a Occidente, en general, y Francia, en particular, de gravedad de la amenaza terrorista islámica…


Según esa versión, los cistercienses habrían sido secuestrados con el fin de ser liberados “más tarde”. Pero dos helicópteros los habrían “confundido”, amordazados, “ocultos” en una gruta montañosa, y los habrían acribillado a tiros “por equivocación”. El general Buchwalter habría conseguido esa información del hermano del comandante de uno de los helicópteros que protagonizaron la matanza, antiguo compañero de armas en la escuela militar de Saint-Cyr.

Filtradas a la prensa las declaraciones del general Buchwalter, el presidente Nicolas Sarkozy se apresuró a declarar: “Las relaciones entre Francia y Argelia no pueden fundarse en la mentira. Entre amigos, es necesario decirse la verdad. La justicia francesa tendrá acceso a todos los documentos clasificados hasta ahora como secretos de defensa”.


Pidiendo que la justicia “haga toda la luz” sobre la matanza de los monjes cistercienses, el presidente Sarkozy corre el riesgo de un enfrentamiento diplomático con Argelia, y puede facilitar revelaciones sobre secretos de Estado del presidente Jacques Chirac.


La prensa oficial y oficiosa ha reaccionado en Argel con mucha vehemencia, insistiendo en el riesgo de una crisis diplomática grave. En París, los hombres de Sarkozy insisten en que la matanza de los monjes fue “enterrada” por los hombres de Chirac, hace más de una década. Mientras que Chirac, su primer ministro de la época, Alain Juppé, y su ministro de asuntos exteriores, Hervé de Charette, callan o intentan “diluir” responsabilidades.

Patrick Baudoin, uno de los abogados de los mártires cistercienses, víctimas de la razón de Estado argelina, “cubierta” por la razón de Estado francesa, denuncia la “hipocresía” de los gobernantes franceses, prestos a enterrar la matanza perpetrada “por error” por el Ejército argelino.

jueves, 1 de octubre de 2009

Conversación con el P. Thomas Keating, místico y maestro de la Oración Centrante



Por Dora Amador Morales
Tomado de http://www.alexlib.com/vozcatolica/61/dora.htm

Thomas Keating es un monje cisterciense norteamericano, que tras conocer el zen, ideó un modo de oración cristiana para guiar a la contemplación basada en la tradición monástica cristiana.


Aquí os dejo una conversación con él.



¿Qué es la contemplación?
La contemplación es la experiencia de la presencia de Dios o de la afluencia de la Gracia, en un sentido distinto a pensar en Él, o a tener sentimientos hacia Él.

Es experimentar a Dios.
Sí, en cierto grado, pero no como Dios es realmente, porque esto es algo que está reservado para la vida futura. Pero es un gustar el sabor del misterio último al que llamamos Dios en la tradición religiosa judeocristiana, y recibe otros nombres en otras religiones. Pero hay un solo Dios.

¿Cómo se puede ser místico y vivir y trabajar en medio del mundo y de sus luchas?
La respuesta a esta pregunta es la misma razón de ser de la Oración Centrante. Es necesaria una disciplina práctica para la vida cotidiana, que permita relacionarse con Dios en un nivel más profundo que el del pensamiento, o incluso del sentimiento. Me refiero al nivel de la fe, la esperanza y la caridad en el sentido de amor desinteresado.
La Oración Centrante consiste en un período durante el cual nos apartamos del ruido tumultuoso del momento presente, del medio ambiente, de nuestro propio ruido interior, de nuestros comentarios internos sobre lo que está sucediendo, y de nuestras reacciones emocionales ante ello, y entramos en lo que Jesús llama, en Mateo 6: 6, "orar en secreto".

¿Qué es, en sí, la oración centrante?
La oración contemplativa es una apertura de la mente y del corazón, de todo nuestro ser a Dios, el Misterio Último, más allá de pensamientos, palabras y emociones. Es un proceso de purificación interior que lleva, si consentimos, a la unión divina.
Es un tipo de oración que existe desde los primeros tiempos del cristianismo. Es un método diseñado para facilitar el desarrollo de la oración contemplativa al preparar nuestras facultades de forma que cooperen con este inmenso regalo de Dios. Es la frecuentación de este espacio dentro de nosotros, el cultivo de este nivel espiritual de nuestro ser, lo que nos abre a la sanación, a la “terapia divina”, por así decirlo.
La redención es la sanación de nuestra naturaleza en sus mismas raíces de pecado, y la sanación de las heridas emocionales de nuestra vida, de lo que San Pablo llama el “hombre viejo”, o de lo que la sicología gusta de llamar ir “del falso yo” al verdadero yo”.

¿En que consiste la disciplina?
Se trata de una práctica regular que nutre y fortalece esta profunda relación con Dios, que es fuente de paz en toda circunstancia, incluyendo las más desastrosas. La razón es que en la oración centrante uno encuentra a Dios como un Dios de infinita misericordia. Y esto es lo que nos capacita para mostrar misericordia hacia todas las demás personas, y para experimentar nuestra unidad con toda la humanidad, y nuestra responsabilidad por los sufrimientos de los demás en el pasado, en el presente y en el futuro.

¿Con qué regularidad debería efectuarse esa disciplina?
Se recomienda que se practique por 20 minutos, dos veces al día, con el fin de adentrarnos en el recinto del silencio. Esto crea un solaz y un reposo interior.

¿Y en qué momento se alcanza la contemplación?
Llega secretamente, o a veces abiertamente; eso depende de la gracia de Dios y del plan que Él tenga para nosotros. Lo primero que Dios hace en nuestro “cuarto interior” es confirmar nuestra bondad básica como imagen de Dios, tal como dicen las Escrituras; y entonces, Él empieza a sanar las heridas emocionales de toda nuestra vida. Los desechos emocionales no digeridos son evacuados durante el período de oración al experimentar los pensamientos que habíamos reprimido durante la infancia, porque nos resultaba doloroso encararlos. Todo lo que se necesita es volver a sentir el problema y dejarlo pasar sin intentar deshacerse de él, sino reconociéndolo, y dejar que la experiencia sea procesada.

¿Diríamos entonces que con la disciplina diaria y la apertura interior a esa presencia divina podríamos llegar a la contemplación donde reside el yo verdadero, uno con Dios?
Sí, pero no permanentemente, porque aún experimentamos las vicisitudes de la vida; pero nuestra actitud hacia esas vicisitudes cambia, y dejan de causar sufrimiento para convertirse en dolor. Y el dolor es algo que uno puede controlar. El sufrimiento es demasiado íntimo para controlarlo, a menos que uno haya llegado a un nivel más profundo de comunicación con Dios, y de que uno sea capaz de reposar incluso en medio de grandes tragedias, desastres o sufrimientos.

Usted ha dicho que toda palabra, o pensamiento que tenemos o que expresamos, afecta al mundo entero. ¿Podría explicar esto?
Eso es lo que dicen los físicos. Se trata de energía.

¿Y qué sucede cuando la energía que prima es negativa?
Daña al universo. La acumulación de energía negativa es lo que probablemente conduce a la violencia, a las guerras y al odio.

Padre Keating, ¿qué es la sabiduría para usted?
La sabiduría es saber a través de la experiencia; su cumbre es conocer, saber, convirtiéndonos en el Otro.

El Otro, ¿es Dios?
Significa Dios. No en el sentido literal de ser Dios, sino en el de participar de la Sabiduría de Dios, que consiste en la visión que Él tiene de la realidad. Pienso que hemos llegado a un momento en que Dios, en un acto de infinita misericordia, nos está ayudando a encontrar más recursos para alcanzar paz y ser capaces de ayudar a la gente a sobrellevar sus tragedias.

¿Qué lugar tiene el pecado en todo esto?
El pecado personal es optar por nuestro proyecto de felicidad basado en necesidades instintivas, como la seguridad, el poder, el afecto y la estima, y dispuesto a pisotear los derechos y las necesidades de los demás –y hasta nuestro propio bien verdadero– con tal de conseguir lo que queremos, o de escapar de lo que no queremos. De este modo, y a causa de la fragilidad de la condición humana y a la influencia de todo lo que ha sido reprimido en el inconsciente, el grado de responsabilidad o de libertad es mínimo en algunas personas, debido al daño que recibieron en su primera infancia, daño cuyo verdadero alcance sólo Dios puede juzgarlo.
Y el pecado colectivo que vemos, lo integran personas más o menos involucradas en el pecado personal.

Pero sólo Dios puede juzgar… Eso es importante, no debemos de olvidarlo jamás.
Es por eso que no podemos juzgar a los demás, porque no conocemos su historia personal, y el daño que puedan haber recibido en la fase inicial de su vida. Por ejemplo, hay personas que se han visto completamente desprovistas de afecto debido a la ausencia de sus padres, familias rotas por completo.
Y estas personas no son capaces de manifestar sensibilidad, o de llevar vidas sociales normales. No experimentan una reacción emocional ante la violencia contra otros. Si conociéramos su historia, sabríamos por qué.

Usted tiene 80 años, posee una vitalidad increíble, y está profundamente implicado en el diálogo interreligioso. Admirable.
Sí, ando en muchas cosas, que en realidad son una sola. Además del diálogo interreligioso, estoy implicado en el diálogo intermonástico con el budismo, el hinduismo. Sigo el desarrollo de nuevos recursos y evalúo nuevos programas para responder a nuevas necesidades.
Pero el trabajo principal sigue siendo propagar la Oración Centrante, por eso viajo tanto. Espero dar conferencias algún día sobre sanación holística, porque la profesión médica está empezando a reconocer la necesidad de la dimensión espiritual de la oración, una vez más. Los médicos reconocen que la gente puede curarse mediante la meditación y la oración, y no sólo mediante compuestos químicos.

Es la “terapia divina” que todos buscamos.
Sí, terapia divina, porque no es sólo una relación, una amistad con Dios que nos transforma para bien; es una relación médica también. La oración contemplativa es en verdad la sanación del cuerpo, de la mente y del espíritu.