Un lugar para conocer la mística cisterciense en sus más variadas manifestaciones (las tradicionales: monásticas, caballerescas-Temple y otras órdenes de caballería- y las más actuales: laicales y el zen cristiano) abierto a tod@s los que sienten interes por ella o desean encarnar en sus vidas este carisma tan plural.

viernes, 26 de marzo de 2010

La Integración Final: Hacia una terapia monástica, por Thomas Merton.


“El hombre que ha logrado la integración final ya no se halla limitado por la
cultura en la que ha crecido. “Ha abrazado la “totalidad de la vida”... Ha
experimentado... la existencia humana ordinaria, la vida intelectual, la creación
artística, el amor humano, la vida religiosa. Trasciende todas esas formas
limitadas, al tiempo que retiene todo lo mejor y lo universal que hay en ellas...
No solamente acepta a su propia comunidad, a su propia sociedad, a sus amigos,
a su cultura, sino a toda la humanidad. No permanece atado a una serie limitada
de valores de manera tal que los opone a otros adoptando posturas agresivas o
defensivas. Es totalmente “católico” en la mejor acepción de la palabra. Posee
una visión y una experiencia unificadas de la única verdad que resplandece en
todas sus diferentes manifestaciones, unas más claras que otras. No establece
oposición entre todas estas visiones parciales, sino que las unifica en una
dialéctica o en una visión interior de complementariedad. Con esta visión de la
vida, puede aportar perspectiva, libertad y espontaneidad a la vida de los
demás”.

jueves, 25 de marzo de 2010

La Mística Cristiana, una crítica a la visión de Guenon por Pablo Ianiszewski.





Revista Bajo los Hielos N°20, pag. 10-11.
www.bajoloshielos.cl

Se nos hace preciso abordar la cuestión de los senderos exotéricos y esotéricos en relación a la Experiencia Trascendente, pues en ambos sería posible llegar en última instancia a un cierto nivel de desarrollo espiritual.

En esto juega un papel central la distinción, resaltada por Guénon, entre la Vía Mística (exotérica) y la Vía Iniciática (esotérica).

De acuerdo con el autor de Apercepciones sobre la Iniciación, ambas serían mutuamente excluyentes e inclusive, llevarían a resultados totalmente distintos.

No compartimos este juicio, pues existen casos patentes que muestran que en la realidad esto no ocurre así. Un ejemplo lo constituye el mismo Tasawwuf o “esoterismo islámico” en el que el mismo Guénon se hiciera iniciar en Egipto.

En él, se mezclan como en un crisol la más devota de las vías del corazón con un sendero iniciático propiamente tal. Basta leer a Jelaluddin Rumi, Fariduddin Attar, Saadi o Yunus Emre y no puede menos que quedarnos en patente evidencia el misticismo explícito de susmás grandes y afamados exponentes.

Guénon parece haber sido muy miope ante ello, quizás enceguecido por su criticismo exagerado a la mística cristiana, que parece haber comprendido mal, o en caso contrario,comprendió muy mal al Sufismo y su tremenda semejanza con la mística cristiana que le es anterior y en gran medida modelo.

El diccionario de la Real Academia Española define misticismo como “Estado extraordinario de perfección religiosa, que consiste esencialmente en cierta unión inefable del alma con Dios por el amor, y [que] va acompañado accidentalmente de éxtasis y revelaciones”. No podríamos señalar una definición más precisa para el corazón mismo del Tasawwuf, un camino que busca a través de la fe y del amor divino llegar a la aniquilación en Dios (Faná fi’llah) para luego retornar al mundo y pervivir en Dios (Baqa bi’llah). ¿Hemos dicho aniquilación en Dios? Si, al más puro estilo del misticismo cristiano, pues en esencia toda mística es la misma, sea cristiana o sea islámica.


Pero si el Tasawwuf es una vía mística también es una vía iniciática, que duda nos puede caber. Entonces ¿cómo afirmar que ambas sendas se excluyan mutuamente? El error de Guénon consiste en que no estuvo al tanto de que el misticismo es mucho más que simple pasividad o mero éxtasis emocional.

miércoles, 24 de marzo de 2010

El cristianismo: ¿Religión, Misterio, Esoterismo o Mística?



Una de las escuelas de pensamiento en torno a la espiritualidad que se han dado a conocer en el siglo XX es el llamado pensamiento tradicional o perennialismo. Su gran sistematizador ha sido el francés René Guenon, uno de los pensadores espirituales más profundos y también uno de los más polémicos del pasado siglo.

Guenon afirma la existencia de una Tradición Espiritual común a toda la humanidad, la Tradición Primordial, de la que el resto de tradiciones religiosas o espirituales son meras adaptaciones a tiempos y lugares diversos. Tradición, por lo tanto, perenne (de ahí denominación de perennialismo) que acompaña a la humanidad bajo el velo de las diversas tradiciones.

Según Guenon, estas tradiciones pueden ser una expresión directa de esta tradición primordial, es lo que considera tradiciones esotéricas (internas), iniciáticas o metafísicas, que intentan sacar al hombre de su visión exclusivamente dualista o individualista de la realidad llevándole a una experiencia de fusión con el principio transcendente, o bien, pueden presentarse adaptadas al modo humano de ver las cosas (dualista), siendo entonces tradiciones exotéricas o externas, que tienen una menor profundidad en su experiencia espiritual ya que no logran una experiencia del misterio transcendente más que desde la fe en unas creencias. Para Guenon la experiencia espiritual plena es la experiencia iniciática o esotérica, considerando que todo exoterismo o religión debe ir acompañado de un esoterismo para poder ser considerado una doctrina espiritual plena.

Guenon da a conocer ese punto de vista iniciático presente en muchas tradiciones y también rastrea su presencia en Occidente. Para Guenon en Occidente sólo existiría una doctrina iniciática en la actualidad, “el hermetismo” representado por las diversas corrientes masónicas, que, sin embargo, en gran medida habrían olvidado el sentido de sus símbolos. Considera Guenon que hoy el cristianismo es un mero exoterismo o religión y, por lo tanto, no ofrece una vía espiritual plena, ya que carece de esoterismo propio, es un camino basado simplemente en unas creencias sin superar la dimensión personal o individual (dualista).

Esta afirmación ha generado un vivo debate entre los propios seguidores de Guenon y, a la vez, interpela a cualquier cristiano interesado en una búsqueda espiritual auténtica. ¿El buscador espiritual serio ha de abandonar el cristianismo si quiere vivir la experiencia espiritual en plenitud?. De hecho, Guenon se hizo musulmán, participando de lo que consideraba la dimensión esotérica del islam, el sufismo. Y son muchos los buscadores occidentales que han dejado el cristianismo para encontrarse con las tradiciones orientales, que les parecen más profundas.

Aquí me gustaría hacer mi pequeña aportación al debate, careciendo de la suficiente cualificación para pretender corregir a los pensadores que han tratado este tema, simplemente a modo de reflexión personal, sin más autoridad que la que vosotros me queráis atribuir.

Exoterismo o religión

Para exponer mi punto de vista, diferenciaré entre esoterismo, exoterismo y mística, intentando señalar las diferentes experiencias, perspectivas, métodos de trabajo espiritual y verdades que cada una de estas vías tiene, considerando que pueden darse las tres en una tradición espiritual, puesto que representan puntos de vista diferentes pero complementarios.

El exoterismo o punto de vista religioso, se basa en una perspectiva de la realidad dualista, la experiencia espiritual, por lo tanto, que subyace en él es una experiencia que diferencia siempre entre el principio transcendente y la criatura; para esta perspectiva es posible la relación entre ambos y la comunicación, pero nunca la fusión de uno y de otro. La Revelación es el dato fundamental, Dios ha revelado unas verdades (dogmas), una moral y se hace presente en unos ritos, así como en la oración personal que son la referencia necesaria para entrar en comunicación con él. Creer en esas verdades, conducirme según esa moral, celebrar esos ritos y practicar la oración son el camino, o la práctica espiritual fundamental. Se teme mucho el subjetivismo de la criatura, su camino para no errar es creer lo revelado y hacer lo prescrito dado que Dios es siempre un misterio que se me escapa y mi experiencia de él siempre es menos de lo que él es.

La experiencia religiosa es una experiencia siempre desde la separación con el misterio transcendente pero de comunicación con él a través de un camino comunitario probado como válido, al que me entrego desde la fe.

Desde este punto de vista, el exoterismo tiene una verdad que defender, evitar manipular subjetivamente a Dios para reducirlo a mi modo de ver las cosas, es decir, convertirlo en un ídolo y no en el verdadero Dios vivo más allá de mi subjetividad.

Es evidente que esta dimensión está muy presente en el cristianismo y para muchos es la única dimensión posible y válida del mismo. Es cierto lo que dice Guenon de que prácticamente para la mayoría de cristianos la única espiritualidad cristiana es ésta, una espiritualidad exotérica.

Esoterismo o Gnosis

El esoterismo representa otro punto de vista y se apoya en otra experiencia diferente. Su punto de vista intenta superar la dualidad, cree que la realidad va más allá de la visión meramente racional o conceptual, siempre dualista, y que es posible fusionarse en ese nivel supradualista y supramental con la Realidad transcendente. La verdadera experiencia espiritual es precisamente ésta de unificación y superación de la división Creador-criatura. La religión debe llevar a esta experiencia o es una mera creencia ideológica que no nos transforma en profundidad.

El esoterismo intenta ir más allá de la revelación, de toda revelación, a la experiencia que fundamenta esa revelación, considerando que hay un núcleo de experiencia que es el mismo en todas las revelaciones. Por eso, se dice en algunas vías con este punto de vista que “hay que matar a Buda” o “quemar las Escrituras”, no desde una perspectiva impía, sino intentando ir más allá de los conceptos a la experiencia.

El método de trabajo espiritual de estos grupos suele ser el simbolismo, trabajar con los símbolos va abriendo la mente a los niveles suprarracionales, poco a poco este trabajo se va simplificando hasta una experiencia más allá de todo concepto, de gran simplicidad, de unificación más allá de todo simbolismo o concepto, es la Iluminación o gnosis.

La vía esotérica, precisamente por trabajar con esas dimensiones supramentales, no es apta para todos, debe realizarse en grupos discretos y en ámbitos protegidos adecuados que eviten peligros diversos como caer en mentalidades irracionalionales o el “volarse” fuera de la realidad.

Un discípulo de Guenon, también gran pensador y hombre espiritual, Fritjof Schuon se separará de Guenon al considerar que el cristianismo es en realidad un esoterismo; por todas partes descubre esa visión esotérica que une a Dios y la criatura (Yo y el Padre somos uno dice Jesús) y considera que, si bien el cristianismo se ha exteriorizado y vulgarizado, en realidad su núcleo es básicamente esotérico. Para Schuon el cristianismo sería un esoterismo extendido que transmite la iniciación esotérica de forma virtual a todos.

Por supuesto, Schuon sigue considerando el esoterismo una experiencia común, núcleo de todas las religiones y más allá de ellas, aunque el cristianismo presentaría la peculiaridad de hacer accesible a todos este núcleo que, en la práctica, sólo unos pocos pueden actualizar.

Con este punto de vista, muchos de los discípulos de Schuon se mantendrán dentro del cristianismo, a diferencia de los guenonianos que tenderán a abrazar el islam.

Será uno de los seguidores de Schuon el que se separará de la visión genoniana y shuoniana, considerando que la visión del esoterismo de estos autores no era compatible con la fe cristiana. Se trata de Jean Borella, autor de un libro “esoterismo guenoniano y misterio cristiano”, en el que expone su idea de que el esoterismo guenoniano se considera por encima de la revelación cristiana y, por lo tanto, no es compatible con la fe cristiana que siempre tiene por centro la revelación cristiana.

No admite la existencia de ese esoterismo guenoniano en el cristianismo (esoterismo formal), aunque cree que podría hablarse de una dimensión esotérica (esoterismo real) dentro del cristianismo, que se trataría de un hermenéutica espiritual de la Revelación, pero siempre sometido a ella. A eso es a lo que llama el Misterio Cristiano, para separarlo del esoterismo de Guenon o de Schuon. Los que quieren avanzar en el conocimiento del misterio cristiano deben por tanto, profundizar en la Escritura y la Tradición, descubriendo sus dimensiones más espirituales, pero nunca pretendiendo ir más allá de ellas.

Será otro schuoniano, Jean Marc Vivenza, quien aclare cómo el esoterismo busca siempre ir más allá de la Revelación a la experiencia que la sustenta, sin romper con las Escrituras, va más allá de ellas y las confirma con su experiencia. Por lo tanto, El Misterio de Borella no sería propiamente un esoterismo, sigue dentro de la visión religiosa y dualista, si bien es una llamada loable a profundizar en ella al máximo, sin llegar a sobrepasar lo mental y dualista.



Por otra via, por tanto, Borella sigue considerando al cristianismo un exoterismo como hacía Guenon, si bien, Borella niega el valor del esoterismo y lo considera un gnosticismo anticristiano, mientras que para Guenon el esoterismo era el objetivo final de toda tradición espiritual completa.

La Mística o el Monacato.

No considero que ninguna de estas posturas agote el debate en torno a los niveles de profundidad de una tradición espiritual, ni explique la naturaleza del cristianismo.

Creo que hay que hablar de otro nivel espiritual, la mística, que integraría y transcendería los niveles anteriores. Por mística no me refiero al misticismo, una experiencia que no supera el ámbito del dualismo religioso, basada fundamentalmente en la afectividad y el subjetivismo religioso.

La experiencia que sustenta la mística a la que me refiero es la experiencia trinitaria o no dualista, aquella que Panikkar considera el núcleo de toda religión o tradición espiritual auténtica. Esta experiencia es una experiencia de comunión en la pluralidad o de unión total con el principio transcendente sin perder a la vez la propia identidad, sería el último momento del recorrido espiritual, cuando tras la Iluminación (fusión con la transcendencia) volvemos a la realidad concreta, histórica con los ojos transformados por lo vivido y siendo transformadores de esa realidad.

La Mística, por lo tanto, integra la experiencia dualista y monista del exoterismo y del esoterismo, yendo a su vez más allá de ellos. La Mística no considera la Iluminación como la meta final, sino la transformación de la realidad secular vista ahora como sagrada, la transformación de esa realidad será el lugar por excelencia donde se vivirá la experiencia espiritual, en especial, la liberación y compasión con los aspectos más “pobres” o “feos” de esa realidad supuestamente profana para el ego y sagrada para el místico.

La mística va más allá de la revelación, sabiendo que hay un núcleo común de experiencia pero también reconoce algo único en cada Tradición, vive su identidad como camino hacia la universalidad y lo universal en lo concreto. Por eso confirma la revelación a la que pertenece y el valor único que ésta posee. Unidad y pluralidad, identidad y universalidad no se contradicen, son dos caras de una misma realidad. La meta no sería el Nirvana (Unificación suprahistorica ), sino descubrir que samsara es Nirvana y Nirvana Samsara, lo histórico y lo transcendente son dos caras de una misma realidad, están totalmente unidos sin ser lo mismo.

La Mística supera e integra el dualismo religioso y el monismo esotérico, descubriendo a su vez el valor de ambas vías. Unidad y pluralidad no pueden reducirse la una a la otra ni separarse.

Desde este punto de vista, el cristianismo es ante todo una mística, como toda tradición completa (Panikkar nos dice que esta visión trinitaria de la mística está en el fondo de toda Tradición), así el teólogo Metz lo llama una mística política, en el sentido de que toda mística auténtica se compromete con el mundo, en especial, con los más pobres y necesitados. Esto es lo que en Císter esta bajo la idea de la Pobreza fecunda, la experiencia siempre nos lleva a lo más pobre, lo más feo, lo más sencillo como lo más valioso, donde más se transparenta el misterio cuando lo acogemos y ayudamos a esas realidades a acogerse y trasnformarse.

El Místico no se separa de la religión, pero intenta vivir la experiencia que se esconde en sus dogmas y ritos, yendo más allá de los conceptos e imágenes de los mismos. El místico también tiene por objeto la fusión con la divinidad, pero no es la meta final. Por eso, desde una perspectiva mística es posible admitir la existencia de un esoterismo cristiano, como instituciones como la masonería o el martinismo atestiguan, pero no considera al esoterismo el núcleo central de la religión. Ese núcleo es la Mística, que por su naturaleza es a la vez común en todas las tradiciones y, a la vez, diferente ya que cada una expresa determinadas verdades o experiencias de un modo único y propio.

El trabajo propio de la vía mística comienza en lo que aparece como el final del esoterismo, comienza en las prácticas meditativas más allá de los conceptos y las palabras, pero termina llevando a la Vida comprometida y cotidiana como camino y praxis fundamental. La Contemplación lleva a la praxis tranformadora de la historia, de la sociedad y de la propia vida. La vida sencilla es la última praxis espiritual que a cada uno le toca realizar; vivida desde la experiencia de la transcendencia y la compasión y elcompromiso con el otro, ésta es la experiencia y la praxis final.
El místico experimentaría también la experiencia de iluminación como el seguidor de la vía esotérica, pero no se quedaría en la iluminación, iría más allá de la iluminación a la experiencia trinitaria, de comunión con Dios, el cosmos y el hombre. Es un camino abierto a todos, a diferencia del esoterismo siempre practicado en grupos discretos y cerrados que guían el proceso espiritual. Pero en la práctica, por lo simplificado de su método fundamental (oración de silencio y contemplativa, compromiso solidario) la mayoría no podrá seguir este camino. En cualquier caso, el místico también necesita un maestro-acompañante en su camino y vivir una dimensión comunitaria en su vida (aunque sea un eremita).

En definitiva, en el cristianismo, como en cualquier tradición auténtica podemos encontrar una dimensión exotérica más superficial (exoterismo guenoniano) o más profunda (Misterio Borelliano),una dimensión esotérica (esoterismo guenoniano o schuoniano), y una dimensión mística, la más profunda, el verdadero núcleo de la Tradición. La institución eclesial (exoterismo), la masonería (esoterismo) o el monacato (mística) representarían, a nivel institucional, la existencia de cada una de estas dimensiones en el cristianismo.

martes, 23 de marzo de 2010

LA ESPIRITUALIDAD DESDE ABAJO , por Alselm Grün.





Los principios de la espiritualidad desde abajo ponen al sujeto a la escucha de Dios,atento a su voz que se hace sentir y habla por nuestros pensamientos, sentimientos, inquietudes y deseos. Dios nos habla a través de todo. Solo prestando mucha atención a los matices de su voz podremos descubrir la imagen que él se ha formado de cada uno de nosotros.


No es lícito minusvalorar las emociones o pasiones porque todo está lleno de sentido. Lo importante es lograr captar o descifrar el mensaje que Dios nos manda por medio de ellas. Hay quienes se consideran culpables de sentimientos que podríamos llamar negativos como pueden ser la cólera, la irascibilidad, la envidia, la apatía. Y procuran “con la gracia de Dios” dominar esas pasiones y desentenderse de ellas.


La espiritualidad desde abajo las contempla desde otra perspectiva, no intenta reprimirlas sino reconciliarse con ellas. Todas, en efecto, pueden contribuir a ayudarnos en el camino hacia Dios. La única condición indispensable es meterse en medio de ellas, dialogar y preguntar qué mensaje traen y quieren transmitirnos de parte de Dios.


Naturalmente, la espiritualidad desde arriba considera un gran triunfo si ha logrado dominarlas y someterlas. El ideal de la serenidad interior, del amor al prójimo, la afabilidad y otros objetivos de la espiritualidad, están exigiendo de mi un dominio lo más absoluto posible de la irascibilidad y malhumor. Pero por la ira, por ejemplo, puede estar Dios dándome gritos y llamando mi atención sobre el tesoro que hay enterradodentro de mi.


Si yo logro penetrar en mi interior y dialogar allí con mi ira, quizá pueda oír cómo ella me hace caer en la cuenta de que estoy viviendo una vida falsa, que vivo contra lo que soy y no dejo aparecer al exterior la imagen que Dios se ha formado de mi. La ira me acusa con frecuencia de haber dado excesivos poderes a otros. He vivido siempre procurando llenar las expectativas de otros sobre mí, son prestar apenas atención a las exigencias y necesidades de mi propia vida. No he vivido yo, he vivido al dictado de otros que han penetrado dentro de mi territorio causándome inmenso daño.


En lugar de reprimir la cólera sería mucho más positivo dialogar con ella para descubrir en mi el tesoro de mi propia imagen.

En sí misma, la cólera es una energía que me permite guardar una cierta y positiva distancia respecto de quienes me han hecho mal. Solo así puedo perdonarlos y liberarme de su influjo negativo sobre mi. Esto se ve muy claro en el caso de mujeres de las que han abusado sexualmente en su infancia. Es muy importante que reflexionen sobre los sentimientos de indignación para tomar las correspondientes distancias respecto de los que las utilizaron. Es condición también para cicatrizar las heridas… Tal vez encuentre en el fondo de mi ira una nueva fuente de energía que se transforma ella misma en gusto por la vida. Y cuando llego a sentirme importante, completamente nada, quizá pueda actuar la ira como el elemento equilibrante que me saque de esa depresión, me ayude a superar la fatiga y a ponerme en manos de Dios. La ira habría desempleado el importante papel de ayudarme a mejorar mis relaciones con Dios.


Estamos tratando siempre de tres caminos o métodos en que se expresa la espiritualidad desde abajo. En primer lugar está el diálogo con los pensamientos y sentimientos. En segundo, el descenso hasta el fondo de las emociones y sentimientos aguantando allí hasta verlos transformados en faros luminosos que me hagan ver a Dios. En tercer lugar, la capitulación ante Dios, la confesión de la propia nada y consiguientemente la necesidad de ponerme en las manos de Dios… Hay quienes piensan que la irascibilidad es cualidad del carácter y por lo tanto imposible de cambiar. Pero si empiezo a dialogar con mi irascibilidad pronto me dará a entender que no es más que un grito por la vida. Y remite con frecuencia a situaciones de infancia en las que uno no se sintió valorado, no fue tomado en serio en su manera individual de ser y sentir. Y era entonces probablemente vital desplegar mecanismo de autodefensa contra esas faltas de consideración y reaccionar de manera irascible, con pataleos, para evitar mayores indiferencias ante los propios sentimientos. La irascibilidad era un importante medio de supervivencia.


Pero ahora ha dejado de ser una buena estrategia. Al contrario, muchos sufren a causa de su irascibilidad porque complica su vida y la de su entorno. Un diálogo con la irascibilidad podría muy bien poner al sujeto en contacto con un deseo oculto exteriorizado en ella: el deseo de un derecho a los propios sentimientos. Es cierto que hay personas a las que de nada sirve el diálogo con su irascibilidad. Lo único que les queda es tratar humildemente de reconciliarse con sus desordenes incontrolados y por la irascibilidad llegar a la confesión de su impotencia y aceptar que lo único posibleque queda es ponerse confiadamente en manos de Dios tal como uno es.

jueves, 11 de marzo de 2010

EL TALANTE CONTEMPLATIVO:UN DESAFÍO A LA MODERNIDAD, por Raimon Panikkar





La contemplación es una palabra ambivalente. Sin intentar decir lo que es la contemplación ni cómo definirla, un rasgo constante emerge en ella: la contemplación es algo definitivo, algo que tiene que ver con el mismo fin de la vida y no es un medio para ninguna otra cosa.


Un acto contemplativo se hace por sí mismo. Descansa en sí. La contemplación no puede ser manipulada a fin de obtener alguna otra cosa. En ese sentido, no constituye un estadio. No tiene intencionalidad ulterior. Requiere esa inocencia en la que incluso la voluntad misma de alcanzar la contemplación se convierte en un obstáculo.


El acto contemplativo es una acción de pura espontaneidad, un hecho libre e incondicionado salvo por su propio impulso, svadhã, como diría el Rg Veda.El acto contemplativo simplemente "se asienta", simplemente "es".


Sócrates ensayando afanosamente una nueva tonadilla en su flauta la noche antes de morir; Lutero decidiéndose a plantar un manzano aquella mañana del día en el que el mundo habría de llegar a su fin; San Luis Gonzaga continuando su juego durante el tiempo de recreo aún cuando sabía que se muerte le alcanzaría esa noche; el deleite del Maestro Zen mirando el trabajo de una hormiga a pesar de estar suspendido sobre un abismo, atado a una cuerda que acabará cortada enseguida. Esos son ejemplos de la actitud contemplativa, ya se la llame atención "mindfulness"), consciencia,concentración o contemplación.


Esta actitud va a contracorriente de la tendencia de la civilización Moderna, ya sea "religiosa" o "secular", aunque no usaría esos dos términos en tal sentido, porque ambos, lo secular y lo religioso, pueden ser tanto sagrados como profanos.


Parece que, de hecho, hay cinco grandes incentivos en nuestra sociedad:


1) los c ieloallá en lo alto para los creyentes, 2) la historia que nos aguarda para los
progresistas, 3) el trabajo que está por hacer para los realistas, 4) la conquista de lo
grande para los inteligentes y 5) la ambición del éxito para todos.


Estos cinco incentivos sonradicalmente cuestionados por el talante contemplativo. Y es que los contemplativos pnen el acento en el hic, en el nunc, en el actus, en el oculto centrum, y en la paxinterior; no en otro lugar, ni en el después, o en el resultado, ni en la grandeza de los actos externos o en la confirmación de la mayoría.


El primero de estos cinco rasgos de la contemplación supone un desafío para la rligiosidad tradicional, que con demasiada frecuencia se contenta con postergar para otro mundo los valores reales de la vida.


El segundo es una interpelación para el dogma central de un cierto secularismo que simplemente ha transferido a un futuro temporal los ideales de la primera mentalidad.


El tercero es una praxis que da un giro radical a los valores axiales de la Modernidad, fun- damentalmente la constitución de una sociedad pan-económica.


El cuarto adopta la apariencia de una interferencia extraña y poco bienvenida frente a las exigencias intrínsecas del mundo tecnológico.

El quinto cuestiona directamente esa predominante noción antropológica de que la plenitud humana entraña la victoria de uno sobre los demás de modo que las víctimas son la condición necesaria para la medida de los propios logros.

martes, 2 de marzo de 2010

UNA NUEVA ESPIRITUALIDAD MONÁSTICA PARA UN MUNDO EN EMERGENCIA




LA EMERGENCIA DEL MUNDO PARA LA ESPIRITUALIDAD.


Hace unos años se decía que monje es aquel que todos los días cuando se levanta se pregunta qué es un monje. El monacato es una búsqueda constante y a la vez una respuesta en cada época a esa búsqueda. ¿Qué se busca? La unificación, la integración de toda la realidad, personal y colectiva, interior y exterior, histórica y suprahistórica. Una experiencia de comunión con el cosmos, el hombre y Dios.

Ser monje hoy es hacerse esa pregunta e intentar darle una respuesta con todo el ser y no sólo con la cabeza. Hoy en el monacato hay diferentes respuestas a la pregunta, y diferentes búsquedas.

Algunos de los monjes y monjas hoy se sienten insatisfechos con las respuestas recibidas de otros momentos históricos. Quizá Thomas Merton se ha convertido en el paradigma de estos monjes que plantean la necesidad de salir del aislamiento y de abrirse al mundo sin fundirse con él para poder transmitir la vida monástica en el nuevo contexto humano e histórico.

Desde fuera del monacato institucional también se reclama la necesidad histórica de la experiencia monástica, entendida como experiencia de comunión e integración de toda la realidad que somos, para dar respuesta a la encrucijada histórica en la que estamos y que ya no podemos resolver sólo desde la cabeza, la técnica, o el poder sino desde lo más profundo de nuestro ser, danto una respuesta desde el cuerpo, desde las emociones, desde la razón y desde la espiritualidad. Raimon Panikkar ha reclamado el monacato como arquetipo válido todo ser humano y como modelo de la nueva experiencia que debe dar lugar a una manera de vivir unificados en medio del mundo caótico y fragmentado actual, sin caer en proyectos uniformadores y comprometiéndose con ese mundo. Experiencia que llama de nueva inocencia, de confianza en la realidad cuando no excluimos elementos de la misma sino que los integramos todos.

Hoy son muchos los monjes y monjes que plantean la necesidad de que el monacato se transforme sin perder sus raices, poniendo su centro más en ser lugar de encuentro, acogida, humanización en diálogo con el mundo que en modelos de separación y aislamiento del mundo de otro tiempo. Podemos recordar las últimas semanas monásticas cómo muchas intervenciones van en esta dirección: Juan Mªde la Torre, Cándida Saratxaga, Rosario Fernández Miranda, Enrique Mirones, Rosa Mª Piquer, etc…
La orden cisterciense de la estrecha observancia, ha dado pasos en esa dirección, la apertura de las hospederías como lugares de encuentro y acogida a todos, el compartir el carisma con los laicos, con la creación de fraternidades laicas cistercienses, la extensión del principio de subsidiaridad en las comunidades (democratización), el salir de modelos de comunidades de observancias a comunidades de valores y hoy a comunidades de personas valiosas (Bernado Olivera), la renovación de la liturgia, dejando el latin y renovando lentamente y con tensiones los textos litúrgicos que puedan hoy generar lecturas machistas o violentos, la salida de modelos patriarcales y logocéntricos a modelos relacionales y que intentan integrar en igualdad la percepción femenina del mundo, con expresión de todo ello a nivel estructual: reuniones mixtas de los capítulos generales con la petición de un capítulo general mixto con la posibilidad de una abadesa general, aprobada en el 2005, que por ahora la Santa sede ha frenado.

En medio de este proceso, algunos monjes intentamos ahora llevar el monacato cisterciense a las ciudades, a la sociedad, creando redes de personas y comunidades, redes de corazones, que sientan y siembren la inquietud de la búsqueda espiritual e intuyen que es la espiritualidad la respuesta a la encrucijada de nuestro mundo. Por ahora, es una experiencia joven iniciada en el año 2008 con diversas actuaciones.

El primer paso en la experiencia fue el compartir durante un año la vida monástica viviendo en un Hogar para transeúntes en Madrid y con posterioridad hemos pedir vivir fuera de la comunidad difundiendo el carisma cisterciense viviendo en medio de la sociedad y en diálogo y aprendizaje con la misma y con la comunidad monástica madre, Huerta.

LA EMERGENCIA DE LA LA ESPIRITUALIDAD PARA EL MUNDO.

La principal intuición que nos sustenta es la necesidad que la actual situación nos manifiesta de dar una respuesta desde la espiritualidad a la crisis y al cambio en el que estamos sumergidos.
Espiritualidad que salga de modelos dualistas (mentales) o monistas (uniformadores) que han generado la crisis, para vivirse desde modelos de acogida y encuentro, basados en una visión pluralista y relacional de la realidad. Redescubrir la espiritualidad de la Amistad que está en la base de la mística cisterciense y del proceso que estamos viviendo, ya que la búsqueda ha nacido y prosigue en un diálogo amistoso entre monjes que hoy quieren vivir el monacato de un modo nuevo y tradicional y laicos y laicas que quieren participar de él y aportar su visión.
Nuestra intuición es que la espiritualidad hoy debe ser una espiritualidad integral e integradora. Integral porque debe abarcar e integrar todas las dimensiones del ser humano, que para la antropología cisterciense son cuatro: la corporal, la psicológica, la espiritual y la social. Estas cuatro dimensiones están representadas por los cuatro lados de los claustros cistercienses, correspondiendo cada lado a un aspecto y debiendo el monje recorrerlos todos a lo largo del día y de la vida. En nuestra vida secular se trataría de integrar todas estas dimensiones, si n excluir ninguna, viviéndolas en nuestro contexto cotidiano.

Integradora porque ha de vivirse desde el encuentro con otros, desde el diálogo con otras experiencias, ya que hoy la complejidad de nuestro mundo no nos permite que una única respuesta sea la solución a nuestros problemas. De ahí que hoy los monjes con estas inquietudes queramos abrirnos al encuentro con todas las otras experiencias de búsqueda de la unificación personal que están gestándose en el mundo: (Raimon Panikkar) Movimientos sociales alternativos que buscan modelos más inclusivos e integradores, nuevas espiritualidades, movimientos culturales que intentar superar la fragmentación logocéntrica, patrial y egoica de nuestro mundo: feminismo, ecologismo, pacifismo, terapias alternativas corporales, emocionales, humanistas, las místicas orientales y de otros carismas cristianos católicos o no….

Esta orientación nos ha llevado a entrar en contacto con esos mundos y a releer nuestra propia tradición cisterciense con las aportaciones que estos puntos de vista nos dan.
Intentamos estar presentes en estos ámbitos donde se gesta la nueva espiritualidad, aprender de ellos, aportando también nuestra tradición. En concreto no hemos introducido en el zen, en la terapias de diversas escuelas, participamos en encuentros ecuménicos con otras comunidades cristianas, nos hemos comprometido en el trabajo con los transeúntes colaborando con la Asociación Jesús Caminante, apoyamos iniciativas sociales y eclesiales que intentan presentar alternativas a los modelos fragmentadores o uniformadores actuales: neoliberalismo, globalización, modelos uniformadores restauracionistas o modernistas eclesiales…
Difundimos a través de Talleres de espiritualidad un camino para vivir la espiritualidad monástica hoy de un modo nuevo y tradicional, uniendo al metodología zen y la mística cisterciense, dando instrumentos y mapas para que los que sienten la necesidad de la unificación mediante la integración puedan ir dando su propias respuestas; no se trata de dar respuestas hechas sino de propiciar que cada uno aporte su experiencia y compartir juntos esta experiencia en grados de compromiso diversos y plurales. La respuesta no es algo puramente subjetivo e interno, intentamos que sea con todo el ser y abarque todas las dimensiones de los que participamos: el compromiso ético y social, el compromiso comunitario además del compromiso con el propio camino y el propio ser.

El objetivo final es que los talleres culminen en al creación de comunidades, redes y personas comprometidas con la espiritualidad y con el mundo.

LA UTOPÍA QUE NOS MUEVE: LA CONVERGENCIA DEL MUNDO Y LA ESPIRITUALIDAD

La utopía que nos mueve es la encarnación de un nuevo estilo de monacato, abierto, plural, no exclusivo de los religiosos, que se revela como arquetipo presente en todo hombre y toda mujer y que puede hoy ser paradigma de la respuesta integradora que la complejidad de nuestro mundo busca.

Pensamos que los monasterios hoy deben ser lugares de encuentro y acogida, abiertos a todos los buscadores, a todos los dañados por la situación de complejidad y dolor del mundo que vivimos, buscadores que sólo encontrándose y abriéndose unos a otros podrán dar respuesta al enorme Koan que es la situación actual.
Y además, el monacato hoy debe descubrirse como un camino y una respuesta más allá del ámbito de las instituciones monásticas, necesitamos monjes laicos, redescubrir la dimensión monástica que todos tenemos, formándose estos buscadores en comunión con el monacato tradicional (el monacato es una experiencia que se transmite de unos a otros , no podemos cortar con las raíces) pero fuera de los límites de los claustros tradicionales personas, colectivos que sean claustros vivientes, es decir, integrados e integradores, creadores de comunión y de espacios de acogida en el que todos podamos dar respuesta al koan que el mundo y nuestra vida nos presentan.
El monacato no es sólo una búsqueda y una pregunta que necesita ser respondida (¿Cómo lograr la integración de todo mi ser y de mi ser en toda la realidad hoy? ) sino que también es en sí mismo una respuesta: la apertura a Dios, al cosmos, al otro y a mí mismo; el camino de integración que recorremos para responder a ese koan es en sí mismo la respuesta, respuesta que no es otra que la experiencia mística de todos los tiempos y que hoy debemos vivir cada uno desde su peculiar situación y naturaleza. Y es que hoy ya no valen respuestas en solitario, separados y aislados unos de otros vamos al desastre, hoy todos tenemos que dar nuestra respuesta. El monacato hoy también necesita la respuesta que los demás le den, necesita de todos para cumplir su función integradora. Les invito a descubrir que hoy el monacato es una dimensión de todos, una necesidad para todos y un camino a construir entre todos.

martes, 23 de febrero de 2010

Císter y Europa, fragmento de un artículo de Juan Mª de la Torre, monje cisterciense.





Podemos preguntarnos: ¿cuál es la huella esencia e imborrable que la Orden cisterciense, en su momento de mayor pujanza, dejó en la naciente Europa de las Naciones? El mismo sentido de la civilización europea de la vieja polis helénica, eso sí, en un enmarque medieval. El hombre es un ciudadano, educado para la libertad, que debe desarrollar sus potencialidades de madurez en un clima propicio.

Por encima de las regiones y de las variedades de lengua y religión, el europeo deberá mantener un diálogo continuo con la cultura y las creencias de los demás, buscando sinceramente la verdad, como llevó este intercambio en los primeros cistercienses medievales a mantener contactos con la escuela judía de Rashi para encontrar la mejor verdad en los textos bíblicos, o como hubo contacto con la cultura islámica en determinados lugares en lo referente a elementos artísticos de edificación.


Sin la Orden cisterciense los reinos europeos no habrían conocido el vivo impulso de crecimiento en la economía, el comercio, las técnicas; y sobre todo no habrían sido marcados con ese sello pluricultural en la unidad de la persona.


La Europa actual tendrá que desfragmentarse y encontrar la armonía de sus proporciones en un sano equilibrio entre su infra-estructura y su supra-estructura de valores y creencias en un sistema de relaciones libres entre individuos, fruto de una herencia común que deberá someterse a una constante valoración y control colegial, nunca la irracional totalitaria. Pero esto ¿será posible sin un reencuentro con el misterio de la trascendencia meta-estructural? Es la forma de revitalizar la civilización de la vieja polis ateniense, el alma de Europa.

Juan Mª de la Torre
Monasterio de Armenteira

domingo, 21 de febrero de 2010

Premisas de Fraternidad (aportación al diálogo ecuménico e interrreligioso)






1. Aceptación
Necesito aceptar la existencia del otro.(*) Esto, no solo en cuento ser – que percibo ahí, delante de mí – sino también como modo particular de estar en el mundo – el otro está ahí siendo de cierta manera – Esta manera de ser el otro, es una de las manifestaciones posibles en que se da la existencia.

2. Incondicionalidad.
Para que esta aceptación sea plena no debe estar condicionada a las variaciones que sucedan en aquél modo de manifestarse el otro – aceptar no implica adherir a su particular manera sino admitir el derecho a su existencia particularísima – La aceptación de la existencia de los demás no debería estar sujeta a vaivenes, es dar a los otros el derecho a la vida.

3. Proceso.
Considerar que la otra persona no solo es y de cierta manera sino que va siendo – Asumir que en mí y en todos está desarrollándose un proceso vital –

4. Objetivo común.
Este proceso – perceptible en el hombre y que se intuye en todos los seres – tiende a la búsqueda de la plenitud – paz, felicidad, unión con Dios – y responde al impulso de alcanzar la máxima potencialidad del propio estado de existencia.

5. Fraternidad.
El reconocimiento de este movimiento – proceso – en el otro y de esta comunión de intereses – plena realización del ser – de este querer todos responder a lo que nos sentimos llamados, permite la comunicación desde una actitud fraterna.

6. Sentido.
Esta actitud de fraternidad básica – más allá de la diversidad – posibilita el acercamiento a una percepción singular de la vida del otro. Se evidencia toda vida como portadora de un sentido – significado profundo –

7. Encuentro.
Este significado que comienzo a advertir en la vida del otro permite la paulatina transformación del diálogo en encuentro – intercambio desde la profundidad – La diversidad empieza a tornarse riqueza.

8. Ofrenda mutua.
El diálogo deja de ser una defensa de la propia verdad – confrontación de aserciones – para convertirse en ofrenda de la propia experiencia de vida. No se pretende así, tener la razón, sino hacer participe al otro de la propia religiosidad.

9. Síntesis.
La aceptación de la existencia ajena con su particular manera, la percepción de un mismo impulso detrás de toda búsqueda, el reconocimiento del proceso que en toda vida alienta, permite la actitud fraterna y la posibilidad del intercambio no confrontativo de experiencias, transformándose así el diálogo en encuentro para la ofrenda común.

Nota


* La creación es obra de Dios y en ella ha de incluirse por cierto a todos los seres, incluso aquellos que en la diversidad mas lejana de mí se me presentan como indeseables.
Pero debo asumir que esta existencia que tenemos en común no solo se nos ha dado como acto pretérito sino que se nos sigue dando como presente y posibilidad futura.
En efecto seguimos siendo sostenidos en nuestro existir por la obra de Dios. Esto implica que el otro, aún el indeseable, existe porque Dios permite la continuidad de su existencia y de su particular modo.
Siendo esto así, la vida del otro tiene necesariamente un sentido – sino para mí – lo tiene para Dios, creador y sostenedor de toda existencia. Por lo tanto aceptar la existencia del otro deviene acto de respeto hacia Dios y su Creación.
Esta aceptación no implica por cierto mi adhesión a sus particulares modos de existencia, ni que yo no intente transmitirle lo que considero debe transmitirse – el Evangelio – sino que implica el reconocimiento de que el otro, así como se manifiesta ahora ante mí, forma parte indisoluble del plan de Dios.
De allí que toda vida resulta portadora de significado y en ese sentido es sagrada – fruto de la intención Divina –
El otro existe –así como yo existo – porque Dios lo ha querido y esa intención divina permanece vigente - es actual en cuanto nos sigue sustentando – La Creación de Dios, incluye lo diverso – y aún el pecado ha sido abarcado en ese plan por el sentido, a la luz de la redención de Cristo – siendo la existencia toda morfología de Su amor trascendente.

Equipo de Hesiquía

jueves, 18 de febrero de 2010

Ernesto Cardenal, discípulo de Thomas Merton, propuesto para Nobel de literatura 2010.








Managua, 16 feb (EFE).-




El poeta y sacerdote trapense Ernesto Cardenal recibió hoy el respaldo de al menos 150 poetas de 58 países que participan en el VI Festival Internacional de Poesía que se celebra en Granada (Nicaragua) a su candidatura del Premio Nobel de Literatura 2010.


Cardenal, ministro de Cultura durante el primer Gobierno sandinista (1979-1990) y propuesto por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) al Nobel de 2010, recibió el apoyo durante un encuentro de poetas internacionales en el marco de ese festival, indicaron los organizadores de ese evento.


"Es necesario que Centroamérica suene, que Nicaragua suene a través de su actores, y Cardenal es la leyenda viva más importante en el escenario mundial", señaló el poeta salvadoreño Mario Noel Rodríguez, promotor del respaldo al sacerdote, y que fue secundado por el francés Michael Gluk.


La SGAE de España propuso a la Academia Sueca los nombres de los escritores Ernesto Sábato (Rojas, Buenos Aires, Argentina, 1911), Miguel Delibes (Valladolid, España 1920) y Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua 1925) como candidatos al Premio Nobel de Literatura 2010.


El salvadoreño destacó que la obra del poeta nicaragüense se "sigue leyendo a pesar de tantas agresiones, obstáculos económicos y sociales", y pidió a los gobiernos centroamericanos respaldar la candidatura de Cardenal.



Por su lado, el panameño Javier Romero destacó que Cardenal "es un mito viviente que vivió los grandes sucesos del siglo XX que estremecieron a Centroamérica, una región olvidada y gobernada por cruentas dictaduras".


En tanto, el poeta indígena aimara José Luis Ayala resaltó que la obra del nicaragüense "no solo humaniza al ser humano, sino que a la literatura misma, dado que posee una actitud rebelde ante las injusticias políticas, viniendo a ser hoy una voz de los pueblos que no tienen voz".


El español Mario Rodríguez Moya observó que Cardenal es uno de los más grandes poetas vivos de Latinoamérica y del mundo.


La poetisa y escritora nicaragüense Gioconda Belli, autora de "El infinito en la palma de la mano", galardonado con el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral 2008, dijo que sería fantástico que Cardenal ganara el Nobel 2010.


El presidente del Centro Nicaragüense de Escritores, Luis Rocha, dijo a periodistas que en el documento final del VI Festival Internacional de Poesía, que fue inaugurado oficialmente hoy, incluirán ese respaldo a Cardenal.



Cardenal, autor de "Epigramas" y "Oración por Marilyn Monroe", entre otras obras, agradeció el respaldo, aunque dijo no merecerlo.


Sacerdote católico, escritor, escultor, es uno de los más destacados religiosos de la teología de la liberación, y ha merecido varios premios internacionales, el último el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, que recibió en julio de 2009 de manos de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet.


El poeta participó en la lucha contra la dictadura de los Somoza y fue militante hasta 1995 del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), actualmente en el poder, y del que está distanciado.



Siendo ministro de Cultura recibió la amonestación pública del papa Juan Pablo II, al visitar Nicaragua en marzo de 1983, por mezclar la religión con la revolución sandinista.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La Vida Monástica no puede permitirse el lujo de vivir desde una arqueología carismática, fragmento de un artículo de Cándida Saratxaga, abadesa.


Tomado del artículo "Abiertos al Espíritu"




Nos encontramos en “un mundo que cambia”, un mundo en tránsito y que no sabemos muy bien “¿hacia dónde o a hacia qué?”. Es posible que necesitemos alguna generación monástica más para percibir claramente la novedad que ya desde ahora está generando el Espíritu. Pero una cosa es clara: la novedad de vida de monástica del futuro depende de la novedad de vida que ya debería estar provocando en nosotros el Espíritu.

Los cambios culturales, repentinos y radicales, deben motivar nuestra fe, impidiéndonos aferrarnos a cierta imagen de lo divino, a utilizar nuestra tradición, “las observancias”, para evitar convertirnos (cambiar la mente y el corazón). La vida monástica “busca” a Dios, no le posee. Por eso está siempre motiva al replanteamiento para exteriorizar cada vez mejor toda la absoluted que tiene dentro. No puede permitirse el lujo de vivir desde una arqueología carismática que reproduce y copia una forma arquetípica. Sino que tiene que traducirse constantemente desde el Evangelio a los hombres de hoy que tienen gran sed de espiritualidad viva y vivida.

Pero tampoco vale, por otra parte, acoger acríticamente cualquier novedad como deseo del Espíritu, sin darse cuenta de qué está en juego en ella. Conjugar el “semper” del hecho revelado y el “novum” de la historia de cada día desde Cristo, en la Lectio de cada día, como memoria y profecía será siempre el cometido esencial del discernimiento monástico y la garantía perenne de que estamos y seguimos a la escuchadel Espíritu.

viernes, 12 de febrero de 2010

Monjes en el corazón del mundo, por Miquel Calsina.




La Fraternidad de San Pablo es hoy, en definitiva, una experiencia que intenta insertar y vivir los ideales del monaquismo original en un contexto original de frontera, una comunidad católica de inspiración monástica cuyos miembros viven una presencia cristiana de “vecindad evangélica” en zonas urbanas o barrios en los que el encuentro entre nativos y extranjeros, entre personas excluidas y otras con mejor suerte, entre culturas de procedencia diversa, o entre religiones dispares -especialmente entre cristianos y musulmanes- es hoy una realidad abierta. Siguiendo la línea del movimiento de renovación monástica manifestada en las doce columnas del nuevo monaquismo expresadas en Durham en el año 2004, sus miembros apuestan por una opción de vida monástica hecha realidad y encarnada en los barrios pobres de las grandes ciudades, en comunión con sus obispos y formando parte de sus diócesis.


En la Declaración escrita el 2 de noviembre de 2001 del cardenal arzobispo de Marsella, Mon. Panafieu, fue reconocida como “comunidad católica que trabaja en estrecha colaboración con él y bajo su responsabilidad”.

Su estilo de vida se concreta en lo que ellos denominan los siete pilares:


1. celibato;


2. oración común tres veces al día (“es esencial -dice Henry- porque es la que ritma nuestra jornada”);


3. vida en ciudad o en barrios y zonas urbanas periféricas; 4. trabajo a tiempo parcial (media jornada);



5. hospitalidad;


6. convivencia fraternal y atención a los vecinos, y


7. participación en la comunidad parroquial local.

Son las siete de la tarde. Comenzamos la oración de vísperas en el espacio del piso habilitado como oratorio. Hace poco menos de veinte minutos, este lugar y la adjunta sala de estar-comedor estaban ocupados por numerosos niños y niñas de la cité Saint Paul, que dos o tres tardes por semana vienen para recibir clases de apoyo escolar por parte de Henry, Karim, Gautier, Jean Paul y algunos voluntarios amigos de la Fraternidad. “Este servicio no nos lo propusimos desde el comienzo -dice Karim-, fueron los propios vecinos quienes nos lo pidieron… Fue fruto de la proximidad y las relaciones normales entre vecinos”. Después de las vísperas, empezamos a cenar. Llaman a la puerta… Un vecino de ocho o nueve años del piso de arriba nos trae un cuenco con la especialidad argelina que cenará él con su familia, y que su madre ha tenido el detalle de prepararnos. La frugalidad de la cena monástica quedará, por un día, en segundo plano. Después de la cena, hacia las diez, nos retiraremos cada uno a su habitación. A la mañana siguiente, a las seis, los cantos y la recitación de los salmos de laudes acompañarán rítmicamente los ruidos de cualquier barrio que despierta. La hora larga de lectio individual dará paso al desayuno rápido que precede a una jornada laboral concentrada en la mañana. Henry y Karim irán al instituto en el que imparten clase; Gautier, a la entidad estatal de protección de la infancia donde ejerce de abogado, y Jean Paul, recién llegado de Bélgica, seguirá buscando trabajo. Al mediodía regresarán a casa para la oración y la comida. Por la tarde… los encontraréis a los cuatro en la cité Saint Paul, en el discreto monasterio HLM de la travesía de La Palud, número 40, edificio B1, apartamento 28.

Experiencias como la de la Fraternidad de San Pablo de Marsella ponen de manifiesto, en definitiva, la irrupción de nuevas formas monásticas como consecuencia de las profundas transformaciones de las sociedades occidentales actuales, entre las cuales destacan la preeminencia del mundo urbano, la secularización, la aparición masiva de nuevas comunidades étnicas, culturales y religiosas que plantean nuevos retos a los que también tiene que poder dar respuesta el nuevo monaquismo desde lo más esencial que representa la Iglesia. Uno se pregunta si en Cataluña, en Barcelona, no sería necesario también, hoy, una presencia monástica de rostro nuevo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Un nuevo Monacato para un nuevo Paradigma, por Enrique Mirones, monje del monasterio de Sobrado.





Para mí, cada día resulta más claro que tenemos que –por fidelidad a nuestra vocación y a nuestro tiempo–, cambiar nuestro paradigma monástico que en gran medida sigue siendo deudor del imaginario greco-latino en que nació:
dejar en la historia de la espiritualidad monástica las concepciones, conceptos, filosofías, teologías, espiritualidades y formas de vida forjadas en un mundo pre-moderno y atrevernos a reinventar la vida monástica desde el contexto evangélico no-dualista como si fuésemos los mismos Antonio, Pacomio, Benito de Nursia o Roberto, Alberico y Esteban pero nacidos el 1 de enero de 2000 e imbuidos, no de una mentalidad neo-platónica vestida de neo-escolástica y pensada para un mundo dependiente y en subordinación de lo religioso (mundo heterónomo), sino del imaginario de la sociedad de la ciencia, la informática, las tele-comunicaciones, la democracia, la libertad y la igualdad, la autonomía personal y la valoración de lo humano y de todos los ámbitos del conocimiento, en un mundo post-Auschwitz que ha puesto en cuestión el concepto Dios heredado de la tradición de la que venimos hablando y ha puesto de relieve que sólo puede tener sentido en este mundo un Dios encarnado y expuesto a la debilidad humana y solidario hasta la muerte. Un mundo, en donde las grandes utopías colectivas se han estrellado, han perdido su significado o han fracasado estrepitosamente, dejando paso a un mosaico de formas personalizadas y provisionales, no acabadas y sin pretensión de universalidad, que convierten al pluralismo cultural de “lo humano” y “lo cósmico” en los protagonistas de nuestro tiempo y en los únicos lugares teológicos posibles (mundo autónomo).

Por lo tanto desde aquí es desde donde se puede reinventar la vida monástica. Si el Dios Omnipotente ya no es el centro del mundo en este centro se ha colocado el Hombre: “lo humano”; y dado que creemos en un Dios encarnado que nos ha mostrado que “lo humano” es el lugar donde habita Dios –su templo, su morada–, el ámbito humano debiera ser el único terreno sagrado para el monje y monja que busca a Dios.

miércoles, 3 de febrero de 2010

"Las Relaciones Humanas" por Carlos Gutiérrez, Prior del Monasterio Cisterciense de Santa María de Sobrado.


Tomado de http://unirprofescatolicos.wordpress.com/



Los Padres cistercienses tuvieron la genial intuición de concebir la comunidad monástica como una Escuela de Caridad. En ella todos somos discípulos para aprender el arte de amar. Y esto puede ser extensible a cualquier forma de vida.

Lo primero que tenemos que descubrir a este respecto es que somos relación, es decir, que estamos hechos para la relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Y la relación lograda la llamamos encuentro. Es por esto por lo que en la Escuela de la Caridad, donde se aprende el encuentro que es el arte de la relación, sean, al mismo tiempo, necesarios e imprescindibles tanto la soledad, que propicia la relación con uno mismo y con Dios, como la fraternidad.

Todo encuentro nos cambia. En el encuentro con una persona descubrimos quiénes somos realmente y nos ponemos en contacto con nuestro verdadero ser. Martin Buber en su obra Yo y tú, pone en el tú el punto de partida del encuentro de uno mismo. Lo expresa de esta manera: yo me convierto en tú. Haciéndome yo, digo tú. Toda vida auténtica es encuentro.

De un encuentro se sale distinto de como se ha entrado. Sólo la mirada afectuosa del otro me cambia. Él me pone en contacto con mi propio afecto, con el amor que con bastante frecuencia duerme escondido en mí y espera ser despertado por una persona querida. La bella durmiente necesita al príncipe que la despierte del sueño con su beso. En el fondo es siempre una transformación amorosa.

Necesitamos la mirada amorosa, el encuentro sin prejuicios para descubrir y levantar el tesoro que hay en nosotros; descubro mi yo precisamente en el tú. El encuentro con el tú me permite reconocer el misterio más profundo de mí mismo. Y este encuentro consigue que mi individualidad salga claramente del caos de mis distintos pensamientos y sentimientos, del desorden de mis roles y de mis máscaras, y crezca cada vez más su verdadera figura.

Los encuentros son puntuales, se realizan siempre en cortos espacios de tiempo. Por el contrario, la relación entre las personas refleja una situación duradera. Muchos son los que se pierden a sí mismos en la relación con otros. Le dan al otro tanto poder sobre ellos que ya no son ellos mismos. Resultan determinados por la opinión del otro, por sus expectativas y sus pretensiones. O bien, sucumben a los mecanismos de proyección, que frecuentemente tienen lugar en las relaciones. Acaban inmovilizados por las proyecciones de otros. La conversión de una persona no está acabada si no cambian sus relaciones.

Pero la transformación del individuo producida en el encuentro, repercute en sus relaciones. Podemos observar cómo la transformación de la persona en una relación, cambia esa misma relación. Ambas están estrechamente relacionadas entre sí. Mi conversión cambia mis relaciones y el cambio de la relación repercute en el proceso de mi maduración y crecimiento.

Quien experimenta la transformación del encuentro, no se esforzará excesivamente por el trabajo de la evangelización, sino que éste brotará de la fuente interior con la que ha entrado en contacto. Gozará de una libertad interior que se comunica como por ósmosis, de tal manera que la predicación de la Buena Noticia dejará de ser algo así como un rendimiento compulsivo que requiere todas las fuerzas, porque fluirá suavemente por sí sola de la fuente interior. Su trabajo será fecundo.

Si en aquello por lo que vivo sólo hay discordia, agresividad, intranqui-lidad o si se convierte en un activismo vacío, continuamente repitiendo lo mismo, será señal de endurecimiento y de que desconozco lo que es el encuentro. Pero si con mi trabajo cambia algo a mí alrededor, si son posibles nuevas relaciones de comunidad, alegría por el proyecto común, ideas nuevas para abordar algo, entonces se pone de manifiesto la transformación de uno mismo.

La pregunta que podemos hacernos ahora es la siguiente, ¿qué amor tiene que darse para que sea posible la comunión cristiana, el encuentro?

Hoy en día el término amor se ha convertido en un eufemismo, lo cual requiere, antes de hablar de amor, definir qué es lo que entendemos por tal. Por lo tanto, ¿de qué amor venimos hablando? Clásicamente se han distinguido dos tipos de amor, opuestos entre si: el eros y el ágape.

A grandes rasgos, el eros es aquel amor que ama al otro por lo que recibe de él; es un amor necesariamente posesivo. Platón lo pintó en su celebérrimo mito como hijo de la necesidad. De él podríamos decir aquello de que te quiero porque te necesito. El grado de interés, de necesidad por el otro se convierte en el termómetro a través del cual medimos la calidad de nuestro amor.

El ágape, en cambio, no ama al otro por lo que puede esperar de él, sino aunque no pueda esperar nada de él; su alegría no es lo que recibe del otro sino que se alegra en el otro mismo, en el mero hecho de que existe. Por eso no es un amor posesivo: no espera recibir nada, ni siquiera el título de bienhechor y el reconocimiento de él.

Aunque esta pintura haya sido muy rápida, basta para nosotros ahora. Quiero añadir, que en nosotros los hombres, no deberíamos extremar ni esgrimir demasiado esa contraposición, aunque nos sea imprescindible. El hombre es un ser terrible e increíblemente necesitado, y dejar de reconocer esa tremenda pobreza propia puede ser no un signo de ágape, sino de orgullo. Por otro lado, en nuestra existencia humana se dan ambas realidades como mezcladas, no siempre como totalmente opuestas: un eros bien llevado puede llegar a convertirse en auténtico ágape, en verdadera ternura; mientras que un presunto ágape puede degradarse en un eros orgulloso y sutilmente camuflado.

A lo mejor debe tratarse de un amor que no es el te quiero porque te necesito del eros, ni tampoco el porque no te necesito entonces te quiero del ágape (posiblemente mal entendido), sino más bien el te necesito porque te quiero, al que reconocemos como el amor con auténtica solera.

El mismo amor sexual deja ver una de sus facetas más bonitas en su capacidad de suscitar compasión, en el sentido más positivo del término: cierta como incapacidad del hombre para ver sufrir a la mujer, y de la mujer para ver dolorido al hombre. Con todo, es verdad también que no hay nada más terrible que ahogar a otro queriéndolo, o diciendo quererle, ni nada más trágico que no saber darse cuenta de eso (ya dice el refrán que hay amores que matan). El verdadero amor siempre es creador y donador de libertad, mientras que el eros puede privar de ella en más de un momento. Pero, a pesar de todo eso, la psicología humana es infinitamente compleja para que creamos poder despacharla con cuadros sinópticos.

“No hay que esgrimir demasiado, contra el hombre, la distinción eros-ágape. Ese moralismo nos hace perder de vista hasta qué punto el hombre es un ser necesitado de afecto y gratificación y nada más que eso: cualquier psicólogo sabe muy bien cómo la falta de esos ingredientes, durante los momentos en que el hombre cuaja como hombre, supone sin más su frustración (quizás definitiva) como tal ser humano. El ser de necesidades no puede ser el ser de la gratuidad. Y sin embargo, si aquella es nuestra realidad, ésta es nuestra verdad. He aquí por qué dijimos en otro momento que el hombre es un ser a quien se le exige más de lo que puede dar. Ahí está otra vez la contradicción en el hombre. Si el amor se define como dar, como donación de sí, el darse es constantemente experimentado en el hombre como una muerte (cuando no es utilizado como una especie de trampa cazadora para recibir a través de su donación la gratitud, la dependencia, la reciprocidad, el reconocimiento del otro). Y al hombre no pertenece el morir. Todos nuestros proyectos, grandes o pequeños, de comunidad y comunión, fracasan porque concebimos, con razón, la comunidad como gozo, como ser-con, y luego contrastamos que la experimentamos como totalitarismo, como muerte; y a la verdad del hombre no pertenece la muerte sino el gozo. La posible solución de hallar un equilibrio en la idea de un intercambio –dar y recibir- es una solución bien precaria pues el amor queda ahogado en cuanto se la somete al cálculo y al libro de cuentas. El amor sólo es verdaderamente gratificante cuando no se ha buscado la gratificación en él; sólo permite recibir cuando no ha exigido recibir; y cuando se le busca por el propio interés (así sea el interés más legítimo de una estabilidad psicológica absolutamente necesaria y que necesita del cariño para eso) o cuando se le quiere provocar a la fuerza o se le reclama como un derecho, entonces paradójicamente se le impide nacer y se le ahoga antes de nacer, o se le frustra por completo. Por todas partes nuestras reflexiones van a abocar a la contradicción entre necesidad y gratuidad” (José Ignacio González Faus).

Con todo lo dicho, podemos concluir al respecto, que el amor del encuentro ha de ser un amor ágape, gratuito, pero penetrado de esa dosis de interés y necesidad por el otro que propicia la reciprocidad, y nos hermana en un destino y en una vulnerabilidad común.

martes, 19 de enero de 2010

La importancia del cuerpo en la oración centrante de Thomas Keating, por Leonardo Dimarco.




El camino espiritual cristiano, es a través del cuerpo.

“Si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado sácatelo, tíralo (Mt. 5,20).

Hasta ahora en el cristianismo, ni en la oración, ni en el arrepentimiento ni en la lectura de la Biblia, se ha dado mucho valor al cuerpo. Pero cuando hacemos Oración Centrante, ponemos cierto énfasis en el cuerpo. Es decir, se sienta uno, primeramente tomando una posición correcta, acompasando la respiración y con la palabra sagrada… preparando el corazón para ir al encuentro. Por lo que podemos decir, que este camino es como que va “del cuerpo al corazón”, otros dirán que es de la cabeza al corazón. Entonces tengamos presente que el cuerpo es algo importante en el camino espiritual, yo agregaría que es un excelente camino hacia una profunda experiencia religiosa. Sentarse con el cuerpo en posición correcta, acompasar la respiración y preparar el corazón, y eso es todo. Sin embargo como ha cambiado mi vida y la vida de otros que me acompañan en esta experiencia, experiencia de descubrir nuestro rostro original el cual esta dotado de una fuerza prodigiosa. Es una lástima que muchos siguen sin conocer las bondades del método para desarrollar esta fuerza prodigiosa de que está originalmente dotado. El secreto reside en penetrar al cuerpo y extraer la fuerza total del mismo.

sábado, 26 de diciembre de 2009

La Contemplación Cristiana explicada por un monje cisterciense, Kevin Hunt, en un retiro zen


Padre Kevin Hunt, es monje cristiano en la Abadía de Saint Joseph en Spencer, Massachusetts, desde 1953. En 1970 conoció a Joshu Sasaki Roshi, un Maestro Zen que enseñaba en los Estados Unidos y empezó a practicar el Zen. Ha participado en numerosos encuentros Budista-Cristianos y es miembro del Diálogo Monástico entre Religiones: un grupo de monjes Benedictinos y Cistercienses formado en Norteamérica para promover intercambios y visitas, a veces de varios meses de duración, con monjes Hindús y Budistas de Asia. También ha participado en diversos encuentros con el Dalai Lama.

Tomado de http://www.gatelessgate.org/prison/spanish/contemplacion.html


Extraído de una charla del Padre Hunt en un retiro Cristiano-Budista en el Centro Zen de Providence en Octubre de 1998



La tradición CRISTIANA de oración empieza con Jesús. Sus discípulos vinieron a él y le dijeron: "Señor, enséñanos a orar como Juan el Bautista enseñó a sus discípulos a orar". Esto llevó a la enseñanza del "Padre Nuestro", lo cual es, en varias maneras, una completa expresión vocal u oración oral en la tradición cristiana. Pero no es el único medio de oración cristiana.


Sabemos que desde los primeros tiempos dentro de la iglesia Cristiana la oración y meditación eran consideradas como esenciales. Estos dos términos, oración y meditación, fueron usados por lo general intercambiablemente, donde el primero tiende a enfatizar un modo vocal, conceptualizando una manera de rezar, y el último tiende a ser en silencio. Los Evangelios nos dicen que Jesús frecuentemente iba a las montañas a orar solo.


La firme tradición de tradición de oración y meditación también aparece, por ejemplo, en los Hechos de los Apóstoles, donde leemos que el diácono Felipe tenía cinco hijas que eran vírgenes (que era un estilo de vida al comienzo de de la iglesia) y que ellas se dedicaban completamente a la oración y la meditación. La misma tradición nos dice también que Pedro y Pablo a menudo oraban y meditaban.


Las tradiciones escritas que nos han llegado desde el tiempo inmediatamente después del Nuevo Testamento, frecuentemente hablan de oración y meditación, aún cuando su propósito principal era una apología o controversia. Estás primeras escrituras en la tradición cristiana eran simplemente conferencias o sermones dados por los maestros cristianos y los obispos a la gente corriente. Esto era así inclusive pare escritos que son considerados troy en día bien como muy elevados y esotéricos.


Recuerden que por casi tres siglos, el monasticismo no existió en la tradición cristiana. De manera que cuando estos primeros maestros hablaban de oración, por ejemplo, el autor del Didache, ellos se referían a las personas ordinarias en la iglesia, gente como usted y yo.


Alrededor del año 300 después de Cristo, los primeros cristianos comenzaron a irse al desierto, y convertirse en monjes y monjas. Esto ocurrió simultáneamente en varios países del Medio Oriente; en Siria, lo que era conocido antes como Palestina, y especialmente en Egipto. Mientras la práctica de oración y meditación se intensifica, se edifica una tradición, ya sea en él cristianismo ó él budismo. Casi siempre toma varias generaciones o inclusive siglos pare que esta sabiduría se formalice o quede escrita. Estos primeros monjes cristianos dejaron tal impresión en el mundo conocido de entonces, que los primeros documentos escritos sobre el tema aparecieron dentro de dos décadas y una avalancha pronto les siguió.


Ustedes están hoy aquí tratando de compartir en la experiencia que yo percibo de mi tradición cristiana y los siglos de esfuerzo y meditación que la comunidad aquí en el Centro Zen de Providence conlleva. Existe una tendencia humana a pensar: "Bueno, estoy tratando, pero no estoy teniendo éxito". O: "Esto está sucediendo (ó no) y no lo entiendo..." "¿Que estoy haciendo?; ¿cómo lo estoy haciendo? y ¿Por qué lo estoy haciendo?". Esto es natural, inclusive para alguien como el profeta Elías. Una de las más tempranas realizaciones en la tradición es una mente en silencio.

Los padres y madres del desierto, como fueron llamados los primeros monjes, frecuentemente repiten la historia del profeta Elías (Reyes 1,19). El estaba siendo perseguido por ser fiel a Yahweh, así que él corre hacia el desierto para escapar. Extenuado se tira a descansar bajo un arbusto y se queda dormido. Había salido corriendo tan rápido que no llevaba comida ni agua con él. Un ángel lo despierta y le da un poco de pan y agua diciéndole: "Elías, levántate y come". De manera que él comió y bebió y con la fuerza del pan y él agua siguió su jornada en el desierto por cuarenta días hasta que llegó a Horeb, (el Monte del Señor). Aquí el oye la voz de Dios, quien le pregunta por qué ha venido. Elías responde: "Todo el mundo se ha salido del Camino que nos has enseñado. Yo soy el único que queda y me estoy sintiendo débil también. "¿Que está sucediendo aquí?". (Está es mi propia traducción de Hebreo original, claro está). Así que Dios contesta: "Bueno, no te desesperes. Tengo todo bajo control. Pero para probar que soy el "único verdadero Dios, voy a dejar que me veas". Elías dice: "¿Qué?!".


La tradición en las culturas judaicas y hebreas mantiene que nadie puede ver a Dios y sobrevivir. Elías no supo cómo responder. ¿Debería él ver a Dios y morir?, ó ¿rehusar ver a Dios y vivir?. Se encontró en la encrucijada de un dilema. Entonces Dios dirige a Elías a una pequeña cueva y le dice que se esconda mientras Dios pasa frente a él. La historia continúa diciendo que ocurrió un terremoto, pero que Dios no estaba en el temblor de tierra. Después vinieron truenos y rayos, pero Dios no estaba entre los truenos y rayos. Una tormenta de viento aparece, pero Dios no estaba en la tormenta. Finalmente, se quedó simplemente la quietud de una brisa suave. Cuando él oyó el susurro de la brisa, Elías se quitó su capa y se cubrió la cara gritando: "Yahweh, Yahweh, Señor de los ejércitos..." La voz de Yahweh dijo: "Está bien, puedes salir ahora".

Esa calmada brisa o callado momento antes de crearse la brisa era, para los primeros monjes cristianos, el ideal de la verdadera contemplación. Esta quietud persiste como una corriente constante en la meditación cristiana. Los primeros monjes lo llamaron "una mente silenciosa" ó "pureza de corazón". Por ejemplo, el Señor Juan Casiano, una de las figuras más prominentes en la tradición occidental, usa este término, así como Benito de Nursia, llamado el "Padre del Monasticismo Occidental".


Las personas que hablan griego usaban el término "apatheia". En la primera parte de este siglo, cierta confusión se creó cuando apatheia fue traducido al inglés como "apatía" o "indiferencia". No se habían dado cuenta que era un término técnico que se traducía mejor como "tranquilo" ó "sin disturbio".


Así pues, tenemos tres diferentes palabras en las cual este entendimiento básico llegó a nosotros: Tranquilidad o quietud de mente, pureza de corazón, pureza de pensamiento o apatheia.


Cada ejercicio o práctica que uno hace en oración o meditación, ya sea cantando, recitando oraciones oralmente, o postraciones físicas, están dirigidas a crear un silencio interior, una tranquilidad interna que nos pone en el mismo estado, en la misma condición que experimentó el Profeta Elías. En el silencio podemos ver a Dios cara a cara. Esta apatheia está más allá del pensamiento, más allá de toda descripción. De la emoción... va más allá de la imaginación, de la emoción... va más allá de toda descripción. Simplemente estamos en su presencia. Esto no quiere decir que no estamos conscientes muy a menudo, sabemos quién y qué somos, y quien y que es "Dios".


Como dije antes, todas las prácticas (religiosas) tienen esto como meta. Lo que estaremos haciendo hoy será una instrucción en, y como se le llama comúnmente hoy en día, "experiencia práctica", una eficiente y provechosa manera de volver a esta básica condición donde nos encontramos completamente en la presencia de Dios, del más allá, de lo inmanente (omnipresente). Hay muchas palabras y frases que se usan para describir esto, pero lo que vamos a hacer hoy es ser bien prácticos: Se le va a enseñar cómo sentarse, cómo mantener su cuerpo, cómo respirar; en otras palabras, ustedes aprenderán una técnica, un método.


La tranquilidad mental es uno de los grandes problemas que confrontan los seres humanos. ¿cómo controla usted esto que ocurre aquí arriba en su cabeza?. Los pensamientos saltan de un lado para otro, de adentro hacia afuera, de arriba y de abajo, y éstos a su vez llevan a sus emociones corriendo de aquí para allá, esto está sucediendo... ¡Y aquello también! ¡Increíble!. La gente ha tratado por siglos de pensar en maneras de cómo controlar sus mentes.


Mientras más usted piensa en controlar y en mantener "cosas" bajo control, más el "Yo" tiende a dominar. Pero él "Yo" tiene que desaparecer. Así que, ¿Cómo hacemos esto?


La mejor manera de conseguirlo es simplemente volver a un punto. Solo vuelva a un punto, una y otra vez. Después de cierta cantidad de práctica volviendo calladamente a un punto, uno mismo descubre que todo este corre-corre dentro del cerebro (ese diálogo que es como un disco roto dentro de la cabeza) realmente no es tan importante. Entonces se comienza a dejar ir, y se calla por sí solo. Al caerse (callarse), usted descubre espacio. En estos espacios no existe el "Yo", o el "mío" o el "tú". No hay un arriba y abajo, ni un adentro y afuera. Simplemente la consciencia de la presencia. El trabajo de hoy va a salir bien. Cómo dije antes, una "experiencia práctica", con una manera definida de hacerlo: descubriendo como sentarse, cómo caminar, como guardar silencio, etc. ; Yo vengo de una tradición, los Trapenses, de silencio absoluto. A Un monje Tibetano le preguntaron, que le habían enseñado cuando él entró en el monasterio. El contestó: "Pasé los primeros seis meses aprendiendo a cerrar la puerta calladamente". Eso es una exageración, aunque él probablemente fue corregido un poco por haber golpeado las puertas. Merton encontró en el silencio algo con lo que él tenía que trabajar. Sin embargo, más importante, silencio exterior no tiene uso sin el silencio interior. Uno de los primeros maestros en mi tradición, un inglés de nombre Aelred de Rievaulx (del siglo XII), en uno de sus sermones a sus monjes, dijo: "¿Cuál es el uso de tener un monasterio callado si no se tiene una mente en silencio?".


Así que hoy estamos en un monasterio silencioso. Hoy, vamos a experimentar el callar y el silencio tal y como Elías lo experimentó. Quizás los desconcierte la experiencia. Se van a sorprender al encontrar tanto ruido dentro de ustedes mismos. No dejen que eso los perturbe. La atmosfera callada y la práctica silenciosa que ustedes aprenderán hoy no la podrán dominar en un solo día. Pero, si la dejan trabajar en ustedes, les va a ensenar finalmente cómo ser puro de corazón, tranquilo de mente, y vivir en apatheia.