Un lugar para conocer la mística cisterciense en sus más variadas manifestaciones (las tradicionales: monásticas, caballerescas-Temple y otras órdenes de caballería- y las más actuales: laicales y el zen cristiano) abierto a tod@s los que sienten interes por ella o desean encarnar en sus vidas este carisma tan plural.

viernes, 18 de junio de 2010

La película: “De dioses y hombres” de Xavier Beauvois




“De dioses y hombres” de Xavier Beauvois, que recientemente ha sido galardonada con el Grand Prix de honor, el segundo más alto premio del Festival de Cannes, narra la historia de siete monjes cistercienses martirizados en 1996 en las montañas de Argelia por un grupo de islamistas. Beauvois presenta a la comunidad de monjes sumidos en una vida contemplativa y al servicio de los más pobres en las montañas de Atlas (Argelia), con quienes establecen profundos vínculos de amistad y viven en relativa paz y armonía a pesar de profesar credos distintos. Pero todo se tuerce a partir del conflicto entre el gobierno local y pequeños grupos extremistas que terminarán por martirizar hasta la muerte a la pequeña comunidad de monjes.

Christian, Christophe, Bruno, Célestin, Luc, Michel y Paul son los nombres de los siete monjes cistercienses que el 21 de mayo de 1996 fueron asesinados por un grupo de extremistas islámicos, aunque algunas voces apuntan más hacia un error del ejército argelino. El final de esta pequeña comunidad del monasterio de Nôtre-Dame del Atlas, en Tibhirine (Argelia) arranca durante la noche del 26 de marzo cuando son secuestrados por el Grupo Islámico Armado (GIA). Para la liberación de los monjes el GIA exigía, en un comunicado, la liberación de uno de sus miembros fundadores, Abdelhak Layada, que se encontraba en prisión desde 1994. No obstante, después de un mes de un largo silencio, apareció un segundo comunicado en el que el GIA anuncia que ha ejecutado a los siete monjes. La sospecha se confirma el 31 de mayo cuando las autoridades argelinas descubren los cadáveres, concretamente las cabezas de cada uno de ellos.

Desde el momento en que se anuncia el secuestro de los monjes no son pocas las voces que eximen al grupo islamista y apuntan tal autoria hacia el ejército. No obstante pronto surgen distintas hipótesis. La primera atribuye la responsabilidad al GIA y al gobierno de la República de Francia. El escritor René Guiton en Si nous nous taisons… asegura que hubo una negociación frustrada entre Francia y miembros del GIA a espaldas del gobierno de Argelia. La segunda hipótesis culpabiliza al gobierno de Argelia. El periodista John W. Kisser apunta que los monjes fueron abatidos por error por el ejército cuando realizaban una operación militar desde un helicóptero contra miembros del GIA. Sin embargo, el periodista Jean-Baptiste Rivoire responsabiliza al servicio secreto argelino (DRS) que secuestró a los monjes para persuadirlos a retornar a Francia. La tercera hipótesis, armada por Armand Veilleux, procurador de la orden cisterciense, en un artículo aparecido el 24 de enero de 2003 en el diario francés Le Monde, apunta a una responsabilidad compartida entre el GIA – responsables del secuestro de los monjes – y el servicio secreto francés que llevaron negociaciones que nunca llegaron a buen puerto, y el ejército argelino que mató por error a los monjes cuando perseguía a miembros del GIA. La última hipótesis y la que siempre ha tenido más fuerza atribuye totalmente la responsabilidad al Grupo Islamista Armado. Escritos de los mismos monjes antes del secuestro muestran que eran conscientes de que eran un objetivo de los islamistas cuyo fin era dar muerte a todos los infieles del Islam. Esta tesis fue respaldada por el periodista Didier Contant, quien murió en un misterioso suicidio en 2004 y que desmontó toda conspiración que quitaba la responsabilidad a los islamistas.


El monasterio de la comunidad cisterciense fue levantado en 1938 a cien kilómetros de Argel, en las Montañas del Atlas, poblada básicamente por bereberes. A partir de la independencia de Argelia en 1962 el monasterio corre el riesgo de ser cerrado por las continuas amenazas de expulsión de ciudadanos extranjeros – infieles –. A partir de 1994 los acontecimientos se aceleran y empiezan a producirse asesinatos de sacerdotes y religiosos – tanto hombres como mujeres –. El prefecto de la orden propone distintas alternativas para evitar una masacre: instalar una guardia en el recinto del monasterio, regresar temporalmente a Francia o trasladarse a una zona segura. Los monjes tomaron la decisión de permanecer en el convento. Y así fue cuando siete de ellos – dos monjes no fueron descubiertos, así como un grupo de doce personas – fueron secuestrados la noche del 26 de marzo de 1996. El 31 de marzo, el Santo Padre Juan Pablo II hizo un llamamiento durante el rezo del Ángelus del Domingo de Ramos para que los monjes pudieran regresar sanos a su monasterio junto a sus amigos argelinos. El 15 de abril el Papa volvió a repetir su petición durante su visita a Túnez. Cinco días más tarde los secuestradores pedían directamente al gobierno francés la liberación de prisioneros políticos del GIA, en especial Abdelhak Layada, a cambio de los monjes, sino estos serían degollados. Y así fue.


Todavía hoy desconocemos a ciencia cierta quién o quiénes fueron los responsables del secuestro y asesinato de siente monjes cistercienses, lo que demuestra una vez más la falta de transparencia de los servicios secretos de muchos países europeos, cuyo objeto es generar seguridad y no lo contrario. Respecto a los siete monjes, estos son una muestra de seguimiento a Cristo, pues Él es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14 6).


martes, 15 de junio de 2010

La sabiduría de los Padres del Desierto trasmitida por Evagrio Póntico (345 - 399)



Apotegmas (sentencias o enseñanzas):


Tomado de http://www.ssccmanquehue.cl/ESPIRITUALIDAD/200%20-%20Para%20reflexionar/216%20-%20Evagrio%20P%C3%B3ntico%20-%20Sabidur%C3%ADa%20de%20los%20Padres%20del%20Desierto.pdf


62 (61). Cuando tu intelecto, movido por un gran deseo de Dios, se desprenda poco a poco, por así decir, de la carne y rechace todos los pensamientos procedentes de la sensación, de la memoria o del temperamento, y al mismo tiempo se encuentre lleno de piedad y alegría, entonces piensa que estás ya en el ámbito de la oración.

63 (62). El Espíritu Santo, compadeciéndose de nuestra debilidad, nos visita aun siendo impuros todavía, y con sólo hallar nuestro intelecto orando con amor sincero, entra en él, desvanece todo el ejército de razonamientos y pensamientos que lo envuelve, y lo empuja al amor de la oración espiritual.

65 (64). Todo aquel que desea vivamente la verdadera oración y se encoleriza o guarda resentimientos es un demente; pues se parece a aquel que, queriendo tener una vista penetrante, se arranca sus propios ojos.

66 (65). Si deseas orar, no hagas nada que se oponga a la oración, para que Dios, acercándose a ti, camine a tu lado.

67 (66). No representes en tu interior la divinidad cuando ores, ni consientas que se modele en tu intelecto forma alguna; antes bien, corre inmaterial hacia lo inmaterial y comprenderás.

71 (70). No podrás orar con pureza, si te atas a las cosas materiales y estás agitado por continuas preocupaciones; porque la oración es supresión de los pensamientos.

72 (71). No se puede correr estando encadenado, ni el intelecto esclavizado por alguna pasión puede ver el lugar de la oración espiritual; puesto que es arrastrado y envuelto por el pensamiento apasionado y no puede mantenerse inamovible.

123. Dichoso el monje que considera a todos los hombres como Dios, después de Dios.

124. Monje es aquel que, separado de todo, está unido a todos.

125. Monje es aquel que se estima unido a todos, porque se ve a si mismo en cada hombre sin excepción.

127. Si deseas orar evita como monje toda falsedad y todo juramento, de lo contario, en vano aparentas lo que no te es familiar.

128. Si quieres orar en espíritu, no odies a nadie y no habrá nube alguna que se te oponga en el momento de la oración.

17. El rico no adquirirá conocimiento, ni el camello entrará por el ojo de una aguja, sin embargo, ninguna de estas cosas será imposible para el Señor

lunes, 14 de junio de 2010

El peligro del silencio en la vida comunitaria.


La vida cisterciense es una vida de soledad y de comunidad, el silencio debe estar equilibrado con el diálogo. Vivido de modo equilibrado y no rígido puede ser un instrumento para conectar con lo más íntimo nuestro, nuestra dimensión espiritual. Sin equilibrio empobrece la vida de las comunidades.


Este equilibrio se perdió con la restauración trapense que exageró la dimensión penitencial y el valor del silencio, olvidándose de los peligros que este desequilibrio puede llegar a producir: deshumanización de las comunidades. Aquí os dejo una breve descripción de los peligros del silencio.

Tomado de http://www.almas.com.mx/almas/artman/publish/article_2506.php


“Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”
Mario Benedetti

El silencio es un palabra de gran impacto, que irónicamente dice mucho, pero nadie escucha nada.
En mi experiencia cercana a comunidades religiosas he notado que la cuestión del silencio se repite constantemente y no me refiero a un voto o a una enmienda por parte de la comunidad, me refiero al silencio que cada uno de sus miembros sufre y lo vive en silencio, siente el dolor, la tristeza y hasta la felicidad, pero la vive sin compartir, sin expresar a las personas cercanas, a sus “hermanos(as)” lo que le ocurre.


El silencio de alguna manera se asemeja a la muerte, ¿Pero a la muerte de qué?


¿A la muerte del vínculo con las personas? ¿A la muerte de ya no saber lo que sentimos?


Por que el silencio es el primer recurso donde se busca aparentemente un refugio de guardar, de esconder lo que sucede, de ocultar lo que pensamos y sentimos ¿Por que hay tanto miedo de hablar?


Las comunidades religiosas que más se comunican y expresan entre ellos(a) lo que les ocurre, los problemas que suceden en la rutina diaria del trabajo, es una comunidad más sana, donde por lo menos hay conocimiento claro de lo que acontece y por lo mismo resulta más fácil abordar los problemas y los conflictos que se dan a nivel interpersonal entre los hermanos(as) y a nivel personal.


Saber lo que ocurre, saber la verdad, conocer los problemas, calma la angustia entre sus miembros, evita que cada uno eche a volar su imaginación y construya circunstancias que tal vez ni existen, por eso “saber” siempre es mejor que: “no saber”, la verdad por más dura que sea, se tolera aunque duela, aunque enoje y entristezca, pero es tener el control de lo que ocurre.


El silencio nos desconecta del mundo y por ende nos desconectamos de nosotros mismos, de lo que sentimos y de lo que nos preocupa y sobre todo de lo que somos y quienes somos.


El silencio es el vació, es la nada y es lo que más nos aleja del amor, del amor al prójimo y del amor a Dios.

El silencio nos aproxima a la inexistencia y a la oscuridad, que se funde en el dolor y que como religiosos(a), sería fundamental que trasmitieran la sensación de “ vida” y por ende del amor y solo hablando y por medio de la palabras es que uno hace real lo que callamos dentro.

sábado, 12 de junio de 2010

Por una Iglesia más sencilla y evangélica. Palabras de San Bernardo al Papa Eugenio III.



“Como puedes comprobar, todo el celo de los eclesiásticos se agota únicamente en defender su dignidad personal. Todo se va en honores; casi nadie se empeña en la propia santidad. Si alguna vez, por requerirlo las circunstancias, intentas ser más sencillo y accesible, escucharás en seguida: Cuidado. No está bien, no es propio de nuestros tiempos, no corresponde a tu grandeza; lleva cuenta del cargo que representas. Lo último que mencionen será la voluntad de Dios.

Viven totalmente despreocupados de su salvación, como si creyésemos que las grandezas pueden salvarnos o pensáramos que es justo todo lo que satisface a la vanagloria. Lo humilde es juzgado en tu corte como una abyección; por eso encontrarás antes al sencillo que a quien desee parecerlo. El temor de Dios se considera como una simpleza, por no decir como una necedad. Llaman hipócrita al comedido y al hombre de conciencia. Al que ama la paz y se reserva un tiempo para su espíritu lo tienen por inútil.

Y tú, ¿en qué piensas? ¿aún no te has enterado de que te envuelven las redes de la muerte? Te suplico que te contengas un poco y me soportes. Más aún: discúlpame que te hable ahora respetuosamente, pero sin ligereza alguna. Me consume el deseo de tu bien. Ojalá que esta impetuosidad mía te sirva de algo.


Sé dónde vives; conviven contigo hombres incrédulos y rebeldes. Son lobos y no ovejas; pero eres su pastor. No lo niegues, no sea que sentándote en su sede, te rechace como heredero. Vives junto al sepulcro de Pedro. El jamás se presentó vestido de sedas, cargado de joyas, cubierto de oro sobre blanco corcel, escoltado por soldados y acompañado de aparatoso séquito. Pero desnudo de todo, tuvo suficiente fe para creer que podría cumplir el mandato salvador: Si me amas, apacienta mis ovejas.

Es como para pensar que tú no eres el sucesor de Pedro, sino del emperador Constantino. Te aconsejo que a lo más toleres esas costumbres, porque así lo han impuesto los tiempos pero que no las apetezcas como algo que te corresponde. Prefiero exhortarte a que cumplas las obligaciones que has contraído. Aunque te vistas de púrpura, aunque lleves oro encima, no tienes por qué rehuir el trabajo y la solicitud pastoral, heredero como eres del Pastor: no debes avergonzarte de anunciar el Evangelio. Al contrario, si evangelizas celosamente, participarás de la misma gloria de los apóstoles. Evangelizar es como apacentar. Cumple tu misión de evangelista y así llevarás a cabo tu oficio de pastor. "

Del Libro "De Consideratione", de San Bernardo, libro IV, capítulos 5 y 6.

viernes, 11 de junio de 2010

Amo porque amo, amo por amar, San Bernardo.




De los sermones de san Bernardo, abad, sobre el libro del Cantar de los cantares
Sermón 83, 4-6: Opera omnia, edición cisterciense

El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con que la criatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí.

El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, sólo quiere a cambio amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor. ¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia?

Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, el Creador y la criatura; hay la misma disparidad entre ellos que entre el sediento y la fuente.

Según esto, ¿no tendrá ningún valor ni eficacia el deseo nupcial, el anhelo del que suspira, el ardor del que ama, la seguridad del que confía, por el hecho de que no puede correr a la par con un gigante, de que no puede competir en dulzura con la miel, en mansedumbre con el cordero, en blancura con el lirio, en claridad con el sol, en amor con aquel que es el amor mismo? De ninguna manera. Porque, aunque la criatura, por ser inferior, ama menos, con todo, si ama con todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en juego toda su facultad de amar. Por ello, este amor total equivale a las bodas místicas, porque es imposible que el que así ama sea poco amado, y en esta doble correspondencia de amor consiste el auténtico y perfecto matrimonio. Siempre en el caso de que se tenga por cierto que el Verbo es el primero en amar al alma, y que la ama con mayor intensidad.

martes, 8 de junio de 2010

Los Monjes Cistercienses de Santa María de Huerta. Ora et Labora.

Hola Amig@s, aquí os dejo este pequeño reportaje hecho a mis hermanos de Huerta, se emitió ayer en un programa de la TVE, llamado España Directo, es una pequeña pincelada de la vida que se vive hoy en los monasterios de la orden. Espero que os guste.

EL CISTER Y EL TEMPLE, por Vicente Angel Alvarez.





Uno de los aspectos en que se aprecia con mayor claridad la importancia del Císter en el impulso hacia oriente está en relación con la Orden del Temple, una de las primeras consecuencias del éxito de la primera cruzada.

Conquistada Jerusalem y constituídos los estados cruzados —condados de Edesa y Trípoli, principado de Antioquía y reino de Jerusalem—se plantea el problema esencial de su mantenimiento, cuyo dilema esencial es si la cruzada es solamente una expedición o exige una permanencia, como parece evidente.

Por otra parte, no sólo se trata de defender lo conquistado sino de garantizar a los peregrinos el acceso a los lugares santos; muchos realizan su peregrinación en grupos armados, pero, incluso en esas condiciones, es posible tropezar con dificultades. Como respuesta a una necesidad inevitable surgen pequeños grupos de caballeros que consideran imprescindible garantizar ese acceso y prestar su ayuda a los peregrinos. Es el germen de la Orden del Temple.

En 1119, Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Omer, con un pequeño número de caballeros, deciden poner sus armas al servicio de los peregrinos que llegan a Tierra Santa. Se trata de una iniciativa en relación con el nuevo rey de Jerusalem, Balduino II, que inicia su reinado ese mismo año, y que les adscribe a los canónigos regulares instalados en el antiguo emplazamiento del Templo, como una orden tercera.

Pronto construyen su pequeño convento anexo sin duda al santuario de la Roca, modelo de muchas de sus construcciones en Occidente.

Como tantas otras empresas humanas, los comienzos del Temple son difíciles; la explicación no exige razones complejas: la propia novedad que significa una caballería integrada por monjes, la permanente instalación en Oriente, requerida por su misión, son obstáculos más que suficientes.

Diez años después de su creación, Hugo de Payens se presentará en el concilio de Troyes, provisto de un texto de la Regla de la nueva milicia, que será aprobado en las sesiones del concilio8. Es un paso importante, pero precisa la obtención de apoyos en las potencias cristianas, lo que pretende el viaje de Hugo por Francia e Inglaterra, y una argumentación de carácter teológico que logra a través de san Bernardo.

Después de solicitárselo en varias ocasiones, logrará Hugo de Payens que san Bernardo dedique uno de sus escritos a la alabanza de la Nueva Milicia. El tratado escrito por san Bernardo nos permite conocer el concepto de su autor sobre la Cruzada y la misión de la naciente Orden; es posible valorar la importancia que el Cister —decir san Bernardo y espíritu cisterciense viene a ser lo mismo— tiene en la proyección hacia Oriente, objeto esencial de nuestra intervención en este curso.

El escrito se encuentra en la línea argumental habitual del santo; su objetivo esencial, más aún que la propia alabanza del Temple, es la conversión. Gran parte de sus obras tienen, efectivamente, esa línea argumental: la conversión del monje, en muchos de sus sermones; la conversión de los clérigos, en un escrito de ese título; la conversión de los obispos, objeto de la Vida de San Malaquías o de la Epístola al arzobispo de Sens; la conversión del propio pontificado es también el objeto del tratado De consideratione, dirigido al papa Eugenio III, al que nos referiremos después.

La alabanza de la nueva milicia responde ciertamente a su título: es una justificación de la vocación de los Templarios y una defensa de su modo de vida; pero es, sobre todo, el planteamiento de un completo itinerario espiritual para los caballeros, a través del cual podrán realizar plenamente el ideal evangélico.

El cumplimiento del ideal cristiano no exige al caballero el abandono de la misión que corresponde a su orden. San Bernardo tiene la plena seguridad de que es la vida del monje el camino más seguro para el cumplimiento de ese ideal, pero propone a los hombres de guerra un proyecto enteramente similiar: pelear el combate de Cristo, como, en otro orden de cosas, hace el monje; santificar la guerra —su actividad habitual— porque es una guerra contra los infieles, idólatras, por tanto, injustos, en defensa de los fieles de Cristo, peregrinos, los justos. En esta actividad hallarán la santificación, tomando de la santidad de los lugares en que desarrollan su actividad el motivo de su oración; o hallando incluso el martirio.

La obra consta de dos partes: en la primera se justifica la legitimidad y necesidad de la Orden; la segunda es un itinerario espiritual por Tierra Santa. No se trata de una descripción de los lugares mencionados, que san Bernardo desconoce absolutamente, sino una evocación alegórica de cada uno de ellos, a través de la cual el monje caballero —todos los caballeros y peregrinos, en general— sigue un itinerario espiritual cuyo colofón es la conversión personal y la plena identificación con Cristo, objetivo último de toda la obra del santo cisterciense…

Programa de renovación para el hombre y programa de vida, san Bernardo trasciende en su escrito la sola alabanza de la Orden. No es difícil suponer el efecto que tales argumentos, que constituyeron muy probablemente el esquema de sus predicaciones orales, hubieron de causar en los hombres de su tiempo. Es indudable que su acción fue decisiva en el crecimiento del Temple, tanto como en la promoción de una nueva cruzada.

lunes, 7 de junio de 2010

SER CONCHA Y NO CANAL (San Bernardo) _ Hay que experimentar primero antes de enseñar a otros.





Si eres sensato, preferirás ser concha y no canal; éste según recibe el agua la deja correr. La concha no: espera a llenarse y, sin menoscabo propio, rebosa lo que le sobra, consciente de que caerá la maldición sobre el que malgaste lo que le ha correspondido. No desprecies mi consejo y escucha a Salomón, más sabio que yo: El necio vacía de una vez todo su espíritu, pero el sensato guarda algo para más tarde. Hoy nos sobran canales en la Iglesia y tenemos poquísimas conchas. Parece ser tan grande la caridad de quienes vierten sobre nosotros las aguas del cielo, que prefieren derramarlas sin embeberse de ellas, dispuestos más a hablar que a escuchar, y a enseñar lo que no aprendieron. Se desviven por regir a los demás y no saben controlarse a sí mismos.

Yo creo que no se puede anteponer ningún otro criterio de servicio ante la salvación, sino el propuesto por el Sabio: Apiádate de tu alma procurando agradar a Dios. Si no tengo más que un poco de bálsamo para ungirme, ¿crees que debo dártelo y quedarme sin nada? Lo guardo para mí y no lo presto hasta que me lo mande el Profeta. Si me lo piden una y otra vez quienes me consideran mejor de lo que soy por mis apariencias o por lo que oyen de mí, les responderé: Por si acaso no hay bastante para todos, mejor será que os vayáis a comprarlo. Me replicarás: El amor no busca lo suyo. ¿Sabes por qué? No busca lo suyo, sencillamente porque lo posee. ¿Quién busca lo que ya tiene? El amor siempre disfruta de lo que es suyo, es decir, posee y le sobra lo necesario para su propia salvación. Desea que le sobre para sí mismo, con el fin de que llegue para todos; guarda para sí todo lo que necesita, para que a nadie le falte. Si el amor no estuviera lleno no sería perfecto.

Por lo demás, hermano, tú que aún no tienes muy segura tu propia salvación, tú que aún no posees la caridad, o es tan flexible y frágil como caña sacudida por el viento, porque da fe a toda inspiración, zarandeada por cualquier ventolera de doctrina; tú que te entregas a una caridad tan sublime que sobrepasa la ley, amando a tu prójimo más que a ti mismo; mas por otra parte, la diluye cualquier favor, decae ante cualquier temor, la turba la tristeza, la contrae la avaricia y la dilata la ambición, la angustian las sospechas, la atormentan las injusticias, la consumen los afanes, la engríen los honores, la derriten las envidias. A ti que experimentas todo esto dentro de ti mismo, a ti te pregunto: ¿qué clase de locura te domina para ambicionar o admitir la dedicación a los demás?

Escucha más bien este consejo de la caridad cauta y precavida: No se trata de aliviar a otros pasando estrechez, sino como exigencia de la igualdad. No te pases en tu afán de ser justo. Basta que ames al prójimo como a ti mismo. Eso es lo que exige la igualdad. Dice David: Que se sacie mi alma como de enjundia y manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. Deseaba recibir primero y luego difundirlo; y no sólo recibir sino llenarse, para eructar de su plenitud y no espirar vaciedad. Cautamente, pues lo que para otros podría ser un alivio, para él sería un tormento; y desinteresadamente, imitando a aquel de cuya plenitud todos hemos recibido.

Aprende tú también a derramar sólo de tu plenitud; no pretendas dar más que el mismo Dios. La concha debe imitar al manantial, que no fluye por el arroyuelo, ni llega hasta el lago, hasta que no se colma de agua. No tiene por qué avergonzarse de no ser más profusa que la fuente. Al fin , el que es la Fuente viva, lleno en sí mismo y de sí mismo ¿no brota y fluye primero por lo más secreto de los cielos, para inundarlos con su bondad? Después, colmados los cielos más encumbrados y profundos, llega hasta la tierra, desbordándose para salvar a hombres y animales con su inapreciable misericordia. Primero llenó lo más inmediato, y rebosando toda su gran bondad apareció en la tierra, la regó y la enriqueció sin medida. Anda y haz tú lo mismo. Llénate previamente y luego tratarás de comunicarlo. El amor entrañable y prudente es siempre un manantial, no un torrente. Lo dice Salomón: Hijo mío, no lo dejes fluir. Y el Apóstol: Para no andar a la deriva, debemos conservar mejor lo que hemos escuchado. ¿Es que eres tú más sabio que Salomón y más santo que Pablo? Porque yo tampoco puedo enriquecerme con lo tuyo, si estás tú agotado. Si contigo mismo eres malo, ¿con quien serás bueno? Si puedes, dame algo de lo que te sobre; de lo contrario, resérvatelo.

San Bernardo – Del Sermón 18 del Cantar de los Cantares

martes, 1 de junio de 2010

Entrevista con el Abad de Santa María de Huerta.




-¿Qué vigencia cree que tiene en la Iglesia de nuestros días la Orden del Císter. Ya que se trata de una de las más prestigiosas y antiguas?


~Más que hablarte de la Orden del Císter, que tiene su importancia, te hablaría del monacato en general. El monacato ha tenido una influencia grandísima. Hay una influencia a niveles más profundos, de dar un sentido a la realidad de las personas, al ser de las personas. Esa influencia es grande hacia aquellos que se topan con un monasterio, que están verdaderamente deseosos de buscar, a veces que están hartos, hastiados de tantas cosas superficiales de la vida. No obstante, el monacato, ha sido muy importante, no sólo en el cristianismo, en otras religiones, como un punto de referencia y una ayuda para que la gente tome conciencia de lo que realmente es, no de lo que hace, de lo que vale, de lo que tiene. Va a la raíz de la persona, y dentro de la misma Iglesia, como de cualquier religión, el monacato va más allá de las expresiones, incluso de las formulaciones dogmáticas. Todo eso por supuesto se acepta dentro de la Iglesia, pero se invita más a encontrarse uno con uno mismo, con su realidad humana, con Dios, y con los demás. Se va un poco a la esencia de la persona. Por eso creo que tiene una gran vigencia, por supuesto también en nuestro mundo, aunque no tenga esa atracción multitudinaria, que por otro lado es imposible.

¿Cuántos monjes habitan el monasterio?
~Monjes somos veinte.

-¿Cuál es la edad media de los monjes?
~Cincuenta y un años.

-Háblenos un poco de la cuestión económica del monasterio. Son muy autónomos, pero nos tememos que no andan sueltos de dinero


~Mira, nuestra vida es sencilla. Y no necesitamos muchas cosas para vivir. Nosotros procuramos no complicarnos excesivamente. Tenemos el membrillo - podíamos haber montado una empresa grande y no quisimos- un taller de iconos, la tienda, hospedería donde se acoge a gente, y aunque es muy económica...


-¿Cuántas plazas?
~No queremos que pasen de diez.


-¿Mixto?

~Sí; quizá más adelante ampliemos porque es mucha la demanda que hay. Pero claro los fondos son muy limitados. Todo esto lo hemos hecho nosotros, los monjes. La verdad es que hace años los monjes lo han pasado muy mal. Hoy día tenemos una economía sencilla, pero nos da para vivir y no pretendemos más.

-¿Qué supuso el Císter en la construcción de Europa? Esa idea ayudó a lo que ahora es Europa: valores democráticos, derechos humanos, convivencia, eso creo que estaba, no sólo, pero también en el Císter. El Císter fue el difusor de todo esto.


~No cabe duda. Porque cuando una cosa crece como la espuma hay una sintonía con el mundo que le rodea. Pero incluso esa influencia en Europa que decimos, cultura, valores, ya la encontramos previamente en lo que es la familia benedictina. Lo que sucede es que poco después de sufrir el Císter su expansión, empiezan a coger fuerza las Universidades, y se cambia la influencia de los monasterios a las Universidades.


-¿Se puede hablar de que el Císter tuvo una influencia en el ideal caballeresco de la Edad Media, como una sublimación de las armas...?

~No cabe duda de que cada uno somos hijos de nuestra época. Entonces en el tiempo de nace Císter el ideal caballeresco existe. Puede que aquellos que entran al monasterio sean hijos de su época y, de alguna manera, sublimicen ese ideal caballeresco. Ahora los que vienen al monasterio traen las ideas de nuestro mundo: democracia, comunidad...


-A eso nos referimos. Por aquél entonces gentes de armas que serían violentos y brutales, se les encaminaba hacia un idealismo, hacia una cierta ética...

~Exactamente. Y luego tenemos las órdenes de Caballería, están orientadas originalmente a proteger a los Santos Lugares, a los peregrinos, entonces lo que hace el papa Eugenio III, que fue cisterciense, es decirle a San Bernardo, "dale unas normas de vida a los Templarios, para llevar ese ideal caballeresco con una ética".

-Ahora que están muy de moda los temas esotéricos hay quien dice que San Bernardo trataba de recuperar los valores célticos, los druidas, los cristianizaba...

~No conozco muy bien ese tema. Pero de hecho el cristianismo ha recibido influencias del paganismo y las ha cristianizado.


-Bernardo de Claravaux fue el fundador de la regla de San Benito...


~Normalmente se dice que fue San Bernardo. Eso es por simplificar. En el siglo VI existe un monje llamado Benito de Nursia que escribe una regla como escribían tantos abades sus reglas para sus monjes. Estas reglas eran a veces cogidas por otros monasterios, a veces en el monasterio tenían varias reglas, entre ellas la de San Benito: una para fijarse en el aspecto litúrgico, otra para el aspecto práctico de la vida... Poco a poco, sobre todo en el siglo IX, se empieza a implantar la regla única de San Benito en muchos monasterios. Pero no es una orden concreta. Es una regla. Por eso se puede decir que hay familia benedictina, todos aquellos que siguen la regla de San Benito. Pero los monasterios somos todos muy autónomos. Pues bien, de entre estos monasterios que observan la regla de San Benito - algunos se juntan formando congregaciones- está la congregación de Cluny, que siguen la regla de San Benito. De un monasterio de esta congregación, llamado Molesmes, cluniacense y por lo tanto benedictino, se marchan varios monjes en grupo: al frente de ellos el abad, que era Roberto, a un lugar más solitario. Ellos buscaban una vida más solitaria, más sencilla, allí había una liturgia que acaparaba toda la jornada del monje... Buscaban una mayor sencillez, un trabajo manual para vivir de él, una mayor pobreza, una mayor soledad... Los monasterios se construyen en soledades y atraen a la población... Bien, este grupo de monjes, son los fundadores, aunque se pone como fundador a la cabeza de ese grupo que es Roberto. Pero nosotros hablamos de los tres fundadores, los tres primeros abades: San Roberto, San Alberico y San Esteban. Pasan los años y la verdad, es que fue una experiencia dura, porque como ellos vivían una vida muy austera, se quedaron reducidos a ocho, no había vocaciones. Después, al cabo de unos años, empezaron a entrar. Y en esto, que fue en 1112, mejor dicho ya los últimos estudios dicen 1113, entra San Bernardo, con familiares, amigos... Porque San Bernardo era una persona de una grandísima personalidad, y atraía a muchos. Y San Bernardo es el que le ha dado el empuje: espiritual e incluso humano, al Císter. Es una persona que de alguna manera eclipsa a los fundadores

jueves, 27 de mayo de 2010

El Claustro, la meditación y el regreso al origen, por Mario satz, cabalista.




De la definición que en el siglo XVII el lexicógrafo Covarrubias da del claustro es fácil inferir que ya en esa época había pasado del patio cercado de la iglesia o catedral a la universidad, dejando de ser, en la mayoría de los casos, un sitio de reclusión metafísica para convertirse en un espacio de diálogos sobre la física del mundo, conservando, sin embargo, su relación primigenia con el estudio, la meditación y, sobre todo, el recogimiento. Un recogimiento cuyos precedentes, en el ámbito cristiano, se hallan entre los esenios y los terapeutas, pues tanto unos como otros constituían comunidades monásticas de ascetas judíos que buscaron el desierto y la soledad-en las inmediaciones del Mar Muerto en el primer caso y en el Delta del Nilo en el segundo-para dedicarse a lo que Filón definió como biós teretikós o vita contemplativa. Situados a espaldas del mundo exterior y de su cronología, estos monjes o meditadores no vivían su encierro como una prisión sino como un privilegio, la inscripción en un espacio sagrado sobre el que soplaba, con frecuencia, el hálito de la eternidad.

Desde el punto de vista tradicional de la Kábala, esas zonas cerradas o protegidas para cultivar en ellas el arte de la meditación están en concordancia con el nivel más elevado del Arbol de la Vida que lleva el nombre de mundo de la emanación. Reflejo de un estrato del ser en el que todo lo que ocurre, como en el wu wei del taoísmo chino, sucede por sí mismo, sin esfuerzo aparente y con el estilo de una sobria ebriedad, la armonía del cosmos se deja sentir allí en cada uno de los gestos humanos que lo expresan, reglados por sus horas de canto, rezo o silencio. Exactamente como ocurría en el Paraíso, del cual el claustro cristiano intentará ser un remedo, el kabalista o terapeuta que busca ese elevado locus se propone escuchar la energía ígnea del universo, la música del cielo. Trabajar poco y admirar mucho. ´´El origen del cielo es el fuego, el de la atmósfera el aire, y el de la tierra el agua: el fuego sube, el agua desciende y el aire es la regla que establece el equilibrio entre ellos´´, dice el Séfer Yetzirá aludiendo a las letras letras madres del alfabeto místico: la alef a , la mem m, y la shin sch. Esta mención presocrática, elemental, nos da una idea bastante ajustada de las cuatro partes del Arbol de la Vida, la primera de las cuales lleva el nombre de atzilut, que también abarca el nivel aéreo del esquema sefirótico.

La Kábala sostiene, entonces, que aquellos que operan en este espacio de privilegio son los llamados aristócratas del espíritu o atzilim. Ellos son los auténticos seres-metáfora, melitz, los mediadores entre lo invisible y lo visible. Tal es el nombre, por otra parte, que los Evangelios dan a Jesús por boca de San Pablo en 1 Timoteo 2: 5 : ´´ et mediator Dei et hominum.´´ Se trata, por lo visto, de una mención con múltiples sentidos, uno de los cuales es, por supuesto, el que alude a la meditación misma, al estar en-medio-de-las-cosas-y-los-seres. El justo, recordemos, se posiciona ante el fiel de la balanza y busca equilibrar siempre los extremos. Asimismo el monje en su claustro se considera un puente entre los bordes del firmamento y las honduras terrestres. Un eje por el que pasa el fluido sensible del éxtasis.

Mientras que al fuego le corresponde el pensamiento puro, al aire la palabra emitida, al agua la forma y a la tierra el volumen, se supone que los atzilim operan, sobre todo, en este primer nivel del ser. Se alimentan de vibraciones, de música y su velocidad emula la de la luz. Pero como la luz total es inaccesible, están, desde la sombra o tzel junto, etzel al Infinito la mayor parte del tiempo posible. Este es el campo de trabajo de los estudiantes y los reflexivos, los místicos y los soñadores, quienes viven con mayor intensidad la contracción que la dilatación, la concentración que las expansiones de la vida profana; la Sabiduría y el Entendimiento, segunda y tercera sefirots respectivamente, que la Belleza o el Fundamento, sexta y novena en el diagrama del Arbol de la Vida.

Geométricamente hablando, la zona de la emanación se corresponde con el punto, y quizás por ello el espacio trivial, el mundo usual de las seis dimensiones sea para él casi irrisorio, en tanto que la búsqueda de su centro o la perspectiva de una existencia plena de sentido constituyan una aventura intransferible. La Kábala insinúa que en cada punto o nekudá acerca del cual se medita( hdqn ) hay una limpieza o niká ( hqn ) que llevar a cabo, un trabajo de purificación que consiste, ni más ni menos, que en transformar cada fragmento de realidad en un refugio o nido para el Espíritu, un ken en el que pueda oírse, si uno está atento, el eco o hed del juicio superior, dan. Esa tarea debe emprenderse provisto de la más grande de las humildades, de un dejar hacer que es, precisamente, aquello que mejor caracteriza a la emanación.

Existe un notable fragmento del Zohar o Libro del esplendor que da cuenta de lo que ocurre en ese espacio de naturaleza superior. Dice así: ´´ Aquí, en el retiro más misterioso, hacia el cual todas las almas se esfuerzan, se halla la clave. La luz que sale de aquí irradia en todas direcciones. Delante de mi-dice en el citado texto Simón Bar Yohai-está el Santo de los Santos(en el que estaba ubicado el arón ha-kodesh), el Arca de la Alianza); delante de mi descendió una cortina y me dijeron que detrás de esa cortina permanece la semilla de la vida y que parte para los mundos inferiores por medio de un río cuyas aguas nunca cesan de fluir. Cuando la semilla santa deja el Santo de los Santos, es enviada por canales y fecundada antes de ser impulsada hacia abajo. En este palacio se hallan todos los goces, así los conocidos como los que sobrepasan la imaginación del hombre. Aquí tiene lugar la unión del mundo superior con el inferior, la unión del macho con la hembra.´´

Considerando su valor numérico, atzilut o emanación (= 537 ) equivale a la columna vertebral o jut ha-sidráh ( = 537 ), idea que vuelve a evocarnos el ya citado pasaje zohárico y la posición media-entre lo izquierdo y lo derecho-, del justo o iniciado.

Una extensión de ese Arca de la Alianza, es decir de su ´´símbolo de transformación´´, que diría Jung, es el claustro con su división cuaternaria, su marginación de la vida superficial e insignificante, y el modo de ser de un santuario bajo cuyas losas late la cita bíblica de Jeremías 2: 13 que dice: ´´ me dejaron a mi, fuente de agua viva, y cavaron para si cisternas, cisternas rotas que no retienen agua´´, cita que los monjes han tomado muy en cuenta a la hora de buscar el líquido divino. Así, habiendo reparado en que son los hombres de afuera quienes pierden el contacto con ese agua restauradora, ellos se transformarán en los de dentro, místicos y meditadores que, queriendo volver de la cisterna rota a la fuente viva, construyen entre los muros del claustro un sitio de recuperación psíquica a la vez que de regeneración somática. En la mayoría de ellos-diseñados en forma de cruz y en la intersección de cuyos brazos brota una fuente de la que, a su vez, suelen partir cuatro senderos, remedo de los ríos del Edén-, hombres y mujeres meditan y gozan aún hoy de la restauración anímica que tal ambiente suscita. La ascética y disciplinada vida claustral era, para San Bernardo-teórico del Císter(1)-una imagen y anticipación del Paraíso, por lo que dio en llamarlo, a ese recinto, paradisus claustralis. En él reverberaban, por lo menos en la memoria de los más sabios, los nombres de Pisón, Gihón, Hidekel y Eufrates, ríos míticos sobre los que, a su vez, navegan los nombres de los cuatro evangelistas: Mateo, Lucas, Marcos y Juan y los cuatro orientes geográficos, conformando un totum o mandala cristiano del cual, llegado a su centro, podía decirse con justicia que era el centro del mundo.
Mientras que la catedral o el templo acogen a todos los fieles, al claustro van únicamente quienes están consagrados a la vida del espíritu, monjes o monjas. No se lo habita y recorre todo el tiempo sino a horas precisas, ya sea en pequeños grupos o individualmente. Su perímetro resuelve el clásico enigma de la cuadratura del círculo, armonizando el diseño circular de las aberturas humanas con el cuadrado de su base carbónica. En cierto modo, plegaria o rezos mediante, los meditadores se anudan de ese modo a las generaciones pasadas y a las por venir, estableciendo puentes de silencio y nexos que se basan en lecturas bíblicas y salmodias antiguas, una de las cuales es el canto gregoriano. Hay claustros-el de Silos en la provincia de Burgos, por ejemplo-, en cuyas columnas están representadas las imágenes y metáforas del salterio, como para que el religioso sepa en cada ´´estación´´ o lugar por el que pasa qué cantar o qué pensar. Bajorrelieves en los que figuran personajes de la Biblia junto a detalles de las vidas y obras de los santos animan esos arcos y esas ojivas en las que predominan los pámpanos y laberintos que aluden al si-mismo, al retorno y la introspección. Flores, pocas, pero sí setos de hoja perenne como el boj o el arrayán, y a veces un ciprés y una palmera-la muerte y la vida- a igual distancia de la fuente central. Cuando el claustro es grande, y contiene tierra suficiente, también se siembran en él hierbas aromáticas que sirven como modelo de las virtudes que el meditador no debe cultivar. En la obra bizantina El jardín simbólico (2) ,cuyo anónimo autor vivió a de mediados del siglo XI-época de floración, también, de los monasterios occidentales-, se comparan las doce virtudes del alma cristiana a diferentes especies botánicas, como por ejemplo la rosa con la virgindad y la encarnación o el lirio con el pudor; el limonero con la pureza y el olivo con la misericordia. De tal modo que el meditador no sólo recorre, en el geométrico claustro medieval, una arquitectura religiosa sino que puede intuir en su perímetro interior el lazo secreto que liga la caléndula a la pobreza, la higuera a la dulzura, relacionando la vid con la alegría(la eucaristía); el granado con la valentía y la caridad con las violetas, etc. Incluso la zarza tenía, en ese organigrama ético-vegetal, un sitio: el que señalaba que el alma debía, antes o después, entregarse a la penitencia, al espinoso esfuerzo en las márgenes mismas del ser. Un siglo más tarde, en el XII, Herrade, abadesa de Santa Odilia, reitera en su Hortus deliciarum (3) , bajo el emblema de las flores más bellas todo cuanto puede hablar del Salvador, su Madre y los Santos. De la misma época es el Jardín de las delicias de Salomón, del benedictino Hermann de Werden. Meditar en un claustro, por cierto, no debía ser, necesariamente, clamar en el despierto como los padres cristianos de la Tebaida: si había agua, y solía haberla, y en los parterres crecían hojas y frutos vivientes, cada detalle y cada esquina del hortus conclusus podían ser entonces epifánicos, reveladores.


Hombres y mujeres buscaban, en el claustro, un estado de serenidad mental que les permitiese flotar por encima del mero vivir cotidiano. El aislarse no representaba, para ellos, una condena sino una elección, un destino puntuado por el silencio y la belleza(4). Por qué era más fácil vivir ese estado dentro del monasterio que fuera, en el mundo, es una respuesta que hay que buscar en otras tradiciones, alejadas de la nuestra por la geografía y el clima pero poseedoras de espacios, recintos y construcciones análogas. Pues hubo y hay aún monasterios taoístas, madrasas sufíes, conventos budistas en los que los jardines vallados, casi secretos, son espejos para corregir los hábitos del alma y templar el ánimo a base de reflexión y ejercicios respiratorios. Edificios que conservan, en su interior, en su núcleo, conjuntos de agua, piedra, madera y arena a través de cuya atenta observación podemos imaginar los más ajustados acordes de la serenidad. Mientras el mundo de afuera trabaja para mantener la existencia, el de adentro-abadía, escuela o claustro, en suma-, esfuerza su atención para conferirle, a esa existencia, la trascendencia que ennoblezca el mero hecho de vivir. ´´El jardín-escribe Rosario Assunto(5)-es un espacio absolutamente distinto a los espacios que nuestra cotidianeidad consume consumiéndose en ellos. No es una mera exterioridad, es, al contrario, y Rilke nos lo ha dicho de la mejor forma posible, un espacio en el que la interioridad se convierte en mundo, y donde el mundo se interioriza. Un espacio que el sentimiento y el pensamiento, objetivizándose en él, han individualizado como lugar , del mismo modo que ellos, subjetivizando el espacio e identificándose con él, se han hecho ellos mismos lugar.´´

Lo que comenzó, en Bizancio y en los páramos y desiertos, con la práctica de la omphaloscopia o contemplación del propio ombligo para entrar por él al corazón cuyos latidos y ritmos desean consagrarse al Espíritu, y cuya hipóstasis más perfecta es, para el cristiano, la figura de su Maestro, acabó por reclamar, en Occidente, un espacio material contigüo a los templos, una construcción en la que se pudiese meditar y poner en práctica, con libertad y respeto, la imitatio Christi in regno caelo. El cuadrado habría de ser su base, su emblemática planta, y la fuente central su motivo más hondo. Pero tal vez la historia de esa fuente se remonte más allá de los terapeutas y los esenios con sus baños rituales y sus himnos solares, más allá de la geografía bíblica. Existe un curioso poema esotérico llamado las Tablillas órficas que describe un manantial cuya agua fresca conduce, a quienes la ingieren, al reino de los héroes. Dice así: ´´Encontrarás en la casa de Hades ( el Infierno)a la izquierda un manantial; a su vera se yergue un ciprés blanco. No te acerques a esta fuente. Encontrarás otra, con un agua fresca que viene de la laguna de la memoria, Mnemosyne. Unos guardianes la custodian. Diles: ´Soy hijo de Gea (la tierra) y de Uranos( el cielo estrellado) , y por ello mi verdadero linaje es celeste. Estoy seco por la sed y me muero. Dadme, pues, del agua fresca que mana de la laguna de la memoria; y entonces te darán de beber del manantial divino y ascenderás con los héroes.´´ (6).

La fuente del afuera y los cántaros rotos¿no forman parte, en cierto modo, del escenario del Hades? Considerando los aspectos infernales y desgarradores del mundo terrestre en el que vivimos, su ruda realidad ofrece pocas dudas acerca de por qué es tan difícil realizarse en lo externo, y ése es el motivo por el cual mujeres y hombres de todos los tiempos y latitudes han buscado en parajes lejanos y montañas elevadas, bosques espesos o desiertos ardientes abandonar sus lazos externos para enclaustrarse y meditar con el fin de, entrando dentro de sí, hallar, bajo su sensible tórax, aquello a lo que alude el Salmo 36:10 : ´´Contigo está la Fuente de Vida´´. Aquello que, inaudito y maravilloso hizo exclamar al santo de Fontiveros, Juan de Yepes o Juan de la Cruz:

¡Oh cristalina fuente
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados!

Mario Satz

martes, 25 de mayo de 2010

BENEFICIOS DEL ZEN PARA UN OCCIDENTAL por Marco Antonio de la Rosa Ruiz Esparza.






La actitud con respecto al cuerpo humano en Asia oriental está muy influida por la medicina china, que habla de meridianos o canales a través de los que fluye la energía y da vida a toda la persona. A esta energía se le llama chi en chino y ki en japonés. El origen de esta energía se encuentra en el abdomen (en japonés hara) que recibe el nombre de kikai (en japonés) o “mar de energía”.



Tiene especial importancia el tanden, un punto localizado a pocos centrímetros por debajo del ombligo y que es la fuente de creatividad y el lugar principal de experiencia religiosa. Se alienta a la persona para que sea consciente de su existencia no sólo a la hora de meditar, sino en todas las circunstancias de la vida. En las artes marciales la conciencia del tanden es vital.


Un maestro de Zen algo conocido, el maestro Okada Torajiro, escribe con gran vigor que el tanden es el santuario de lo divino: es aquí donde habita la energía sagrada. Okada divide a las personas en tres clases.



El primer tipo valora la cabeza: acumula vastas cantidades de conocimientos, desarrolla mucho el cerebro y acaba por perder el equilibrio y quedarse como una pirámide invertida.



La segunda clase está formada por personas que sacan pecho; tales personas parecen fuertes y llenas de coraje, pero en el interior son débiles.



Y dice: Pero las personas de mayor rango son aquellas que consideran el abdomen como la parte más importante, y de esta forma han construido el bastión donde puede prosperar lo divino. Desarrollan sus mentes y sus cuerpos de manera correcta. La fuerza fluye por ellos y produce una condición espiritual de tranquilidad y ecuanimidad. Hacen lo que les parece bien sin violar ninguna ley.


El maestro continúa diciendo que las penas de la humanidad están causadas por una pérdida de equilibrio, y el camino al equilibrio –a un cuerpo sano y a un corazón recto- es sentarse correctamente.


La postura correcta, en la que somos conscientes del tanden y en la que seguimos centrados en el tanden es, por tanto, de importancia capital.

Esta podría ser la postura de loto o la seiza japonesa (confucionista en origen) en la que nos sentamos sobre los talones o en una silla con la espalda erguida y los ojos ligeramente abiertos. Y entonces, tanto si la persona está de pie, como sentada, como andando o durmiendo, permanece
centrada en el hara, y tiene así mayor estabilidad y fuerza interior.



El cambio importante se produce en nuestro interior, como dice el maestro Okada cuando explica: “Incluso si el cuerpo sufre un cambio con la seiza, el estado interior más profundo no cambia tan fácilmente”.


Es interesante recordar que el maestro de Zen Dogen, fundador de la secta japonesa Soto, opinaba que el sentarse de forma correcta o zazen ya es una forma de iluminación.


- Entrenamiento de la respiración.-



En este punto la clave vuelve a ser la respiración abdominal. La persona respira desde el tanden, lenta y rítmicamente. Y al igual que sólo la manera de sentarse ya es en sí una experiencia religiosa, de ella fluye energía por todo el cuerpo.


Deberíamos advertir que aquí no sólo estamos hablando de la respiración y la energía de nuestros cuerpos insignificantes, sino de la respiración y la energía del cosmos. Los maestros Zen, con su brusquedad característica, dicen que la energía debe fluir hacia abajo a través del ano hasta el mismo centro de la tierra, y después volver a elevarse a través de la cabeza a las regiones más distantes del universo.

La respiración tanden equilibra por tanto a la persona y le hace ser uno con la armonía de todo el universo. El maestro Okada nos vuelve a dar consejos prácticos y sencillos: “Siéntate callado y quieto, respira suavemente exhalando largas bocanadas de aire, con la fuerza en la parte inferior del abdómen”. Cuando la respiración tanden se convierte algo habitual, la persona gana una maravillosa estabilidad física y espiritual.



La respiración de zazen protege el cuerpo y la conciencia. Se trata de concentrarse en una espiración profunda, dulce y silenciosa; la inspiración le sucede naturalmente, rápida y enérgica. Es difícil concentrarse en las dos, espiración e inspiración, así que sólo concentramos nuestra atención en el soplo que se escapa, en la espiración.


Cuando una persona se queda fija a una emoción, el difragma se bloquea, el soplo es corto, breve, y su energía se concentra en la parte alta del torso.



Cuando estamos dominados por la ira, jadeamos, nos ponemos rojos por la falta de aire. Cualquiera ha podido observar estos estados en su vida cotidiana y ha sufrido por no poder dominarlos. Librarse del sufrimiento del espíritu es el problema de todos los seres humanos.


La espiración profunda actúa como un purificador, un limpiador de conciencia. Durante la inspiración, hay absorción de oxígeno, que se transmite a la sangre y se distribuye por las arterias; durante la espiración, hay expulsión del gas carbónico de los pulmones. De este modo, la espiración profunda permite que se limpie la sangre, que se vuelva pura y, con ello, que la actividad aumente; el equilibrio, la pureza se instalan por sí mismos en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu. El espíritu sigue la acción correcta del cuerpo , una influencia invisible ocupa su lugar y automáticamente el espíritu se simplifica.


Mientras practicamos zazen, la espiración es el lazo natural entre el cuerpo y el espíritu, es uno de los soportes de la concentración. Esta respiración puede mantenerse en nuestra vida diaria, pero no necesariamente de manera voluntaria. Automáticamente influye en nuestro espíritu cotidiano: tenemos menos tensiones, menos apegos, más distancia con los pensamientos que nos atormentan, en definitiva, conseguimos más libertad.

Concentrándose siempre en la espiración, poco a poco la zona situada debajo del imbligo se expande, es la región del kikai tanden –el océano de la energía- para los japoneses, y para nosotros, occidentales, el vientre, algo un poco oscuro, escondido y que puede ser causa de numerosas disfunciones físicas. Esta región de nuestro cuerpo va a cobrar vida, vitalidad, así como lo hará la región lumbar; vamos a respirar con el vientre, y el vientre va a convertirse en el nuevo centro de gravedad durante el zazen y a lo largo de nuestra vida cotidiana, ya sea de pie, sentados o acostados.


Mientras que al espirar el diafragma sube, los órganos bajan y se crea una expansión debajo del ombligo; al inspirar, los órganos suben y el aire rellena los pulmones. Sin esfuerzo, una espiración profunda nos aporta calma y difunde su influencia por nuestro entorno.


- El entrenamiento de la mente.-

La mente humana es salvaje e inquieta y vaga de aquí allá, atisbando el futuro lleno de ansia, o mirando nostálgicamente hacia el pasado. El mayor de los logros es conseguir que la mente descanse en un solo punto, lo que en japonés se llama seishin toitsu, y que es un estado al que se llega a través de la respiración y al estar sentado. Aunque la mente está ahora en el momento presente, no descansa en un parte del cuerpo, sino que fluye por todo él en un estado que se conoce con el nombre de no-mente (en japonés mushin) o no-yo (en japonés muga).


Las distracciones se suceden pero uno no lucha contra ellas, sino que les deja venir y luega las deja ir. “Dejar ir; dejar fluir” es lo que siempre nos dice. El maestro Okada nos da un consejo sencillo y claro: “No intentes liberarte de todos los pensamientos. Simplemente se consciente y mantén la fuerza en el vientre”.


De esta manera los pensamientos fluyen fuera y dentro, mientras que la persona permanece centrada en un nivel más profundo.

viernes, 21 de mayo de 2010

Ermita Virtual del Zen Cristiano







He creado una ermita virtual en Second Life si queréis poder hacer oración desde vuestras casas en este espacio virtual y coincidir con otros buscadores, escribidme un correo a caminante@hotmail.es y os enviaré un correo con las instrucciones para entrar en esta ermita. Os espero allí.

miércoles, 19 de mayo de 2010

La Reflexión de un Monje en torno al Documento sobre Meditación Cristiana de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Documento: “Algunos aspectos de la meditación cristiana” por la Congregación para la Doctrina de la fe (1989) .

“La mayor parte de las grandes religiones que han buscado la unión con Dios en la oración, han indicado también caminos para conseguirla. Como " la Iglesia Católica nada rechaza de lo que, en estas religiones, hay de verdadero y santo ", no se deberían despreciar sin previa consideración estas indicaciones, por el mero hecho de no ser cristianas. Se podrá al contrario tomar de ellas lo que tienen de útil, a condición de no perder nunca de vista la concepción cristiana de la oración, su lógica y sus exigencias, porque sólo dentro de esta totalidad esos fragmentos podrán ser reformados e incluidos. Entre éstos, se puede enumerar en primer lugar la humilde aceptación de un maestro experimentado en la vida de oración y que conozca sus normas; de esto se ha tenido siempre conciencia en la experiencia cristiana desde los tiempos antiguos, ya en la época de los Padres del desierto. Este maestros, experto en el "sentire cum ecclesia ", debe no sólo dirigir y llamar la atención sobre ciertos peligros, sino también , como " padre espiritual ", introducir de manera viva, de corazón a corazón, en la vida de oración, que es don del Espíritu Santo”


Reflexión de Bede Griffiths OSB.

Como una respuesta al desafío presentado por la espiritualidad hindú y budista hoy en día, encuentro sumamente decepcionante el Documento sobre Meditación Cristiana de la Congregación para la Doctrina de la Fe. No hay ninguna mención o reconocimiento de la profundidad enorme de esta espiritualidad o de su sabiduría profunda. La meditación Oriental es tratada como si fuera un asunto de técnicas superficiales, "de retazos y pedazos", que el Cristiano puede usar si lo desea, pero de cuyos peligros y abusos debe estar consciente. Lo que es todavía más decepcionante, es el inadecuado concepto de oración cristiana presentado, no atendiendo a lo más profundo y significativo de los Evangelios y de la tradición Católica.

El documento insiste en "la distancia" que siempre debe existir entre el hombre y Dios como la criatura y el Creador, y advierte contra cualquier tentativa de intentar vencer esa distancia, como si Dios en Cristo ya no hubiera vencido aquella distancia y nos hubiera unido con Él en las obligaciones más cercanas. San Pablo dice: "Usted que estuvo lejos de Él es traído cerca" – no mantenido distante - "en la sangre de Cristo". Jesús mismo niega totalmente cualquier distancia. "Soy la Vid", dice él, " ustedes son las ramas” ¿Cómo pueden sus ramas estar "distantes" del árbol?

Más adelante el documento insiste en que nosotros no debemos "nunca de ningún modo procurar colocarnos al mismo nivel que el objeto de nuestra contemplación”. Desde luego, no podemos colocarnos por nosotros mismos en ese nivel. Es Dios mismo que ya nos ha colocado allí. Jesús dice: "No les he llamado criados, sino amigos".Y para mostrar lo que tal amistad quería decir, Él ora por sus discípulos: "Que ellos puedan ser uno, como el Padre es en mí y yo en ellos, que ellos puedan ser uno en Nosotros."(Juan17).


La unión entre Jesús y el Padre en el misterio de la Trinidad es la más cercana posible de concebir, aún más, está fuera de todo concepto. Es la unión que Jesús pide para Sus discípulos. Uno de los grandes maestros de meditación cristiana hoy, el Padre John Main OSB, ha dicho que "la meditación cristiana es una participación en el conocimiento de Cristo". O más bien debe "compartir en aquella corriente de amor que fluye entre Jesús y el Padre, y que es el Espíritu Santo". Es a esta profundidad de sabiduría contemplativa que la meditación cristiana debería conducirnos, y es hacia esta profundidad de oración unitiva que muchos Cristianos han encontrado que la mística hindú, budista y Sufi puede conducir. Esto nos recuerda que hace siglos la Iglesia fue desafiada por un movimiento similar de oración mística en el Neoplatonismo de Plotinus y Pórfido. Pero la Iglesia en el siglo cuarto no respondió a este desafío con una cautelosa marcha atrás hacia el pasado. Con audacia aceptó el desafío e incorporó en la doctrina cristiana las ideas profundas de los Neoplatónicos. Jean Danielou, en su Platonismo y el Misterio Teológico ha mostrado como San Gregorio de Niza se sumergió en la filosofía de Plotinus y con cambios sutiles lo adaptó a la doctrina ortodoxa cristiana.

Apareció otra crisis en el misticismo cristiano del siglo VI con Dionisio el Areopagita. Ahora generalmente se ha creído, que fue un monje sirio de aquel período que había absorbido las enseñanzas de Pórfido, un Neoplatónico posterior. Él con audacia fue más allá del modelo dualista, conceptual de oración al cual el documento romano se aferra y declaró que en la oración contemplativa debemos ir más allá de todas las palabras y conceptos y establecer "la oscuridad divina" de modo que nosotros podamos saber por el “no saber". Alguien familiarizado con el misticismo hindú y budista sabrá que es a este conocimiento supra-conceptual, esta experiencia de un Misterio trascendente, superando la palabra y el pensamiento, que ellos también pueden conducir. No se debe decir que el misticismo hindú, el budista y el cristiano tienen todos la misma experiencia. Pero se debe reconocer una analogía entre ellos y considerar las experiencias hindú y budista como algo de importancia suprema, no ser ligeramente desechado por los cristianos como algo sin ninguna importancia.

Hay una crisis en la Iglesia de hoy. Muchos cristianos buscan en la Iglesia la dirección para la oración contemplativa y no la encuentran. Ellos entonces se vuelven hacia los maestros hindúes y budistas para esta dirección y a menudo por ellos llegan a comprender algo de la profundidad del misticismo cristiano. Pero para tales personas, este documento no ofrece ninguna ayuda en absoluto. Más bien parece calculado para postergarlos y confirmarlos en su creencia de que la Iglesia cristiana no tiene nada para ofrecer a los que buscan a Dios en la oscuridad, a menudo en un camino de soledad y con la necesidad desesperada de dirección que la Iglesia tan frecuentemente falla en dar.

Monastic Interreligious Dialogue (http://www.monasticdialog.com/)


, Bulletin 38, May 1990.

Traducción: Arturo Sorrel V.

domingo, 16 de mayo de 2010

Las beguinas, un monacato laico, influido por el Císter, más allá de las instituciones monásticas tradicionales.





El movimiento de las beguinas es uno de los movimientos más interesantes y más curiosos que se han dado en la historia de la espiritualidad occidental. Las beguinas eran, generalmente, mujeres de la clase alta, o de clase media alta. En un momento en que se empieza a derrumbar el sistema tan estructurado de la iglesia y del mundo feudal - como consecuencia por una parte del nacimiento de la sociedad burguesa y por otro de la deslegitimación del poder civil, fruto de su enfrentamiento con el religioso - aparece el deseo de una cierta libertad interior, libertad de conciencia, hace falta que cada hombre se exprese por sí mismo.

De ellas se ha dicho: «Era, fundamentalmente, un movimiento de mujeres y no sencillamente un apéndice femenino de un movimiento que debía su impulso, su dirección y su principal apoyo a los hombres. No había regla alguna definida de vida; no reivindicaba la autoridad de ningún santo fundador; no buscaba autorización alguna de la Santa Sede; no tenía organización ni constitución; no prometía beneficio alguno y no buscaba patrono; sus votos eran una declaración de intenciones, no un compromiso irreversible con una disciplina impuesta por la autoridad; y sus miembros podían proseguir con su trabajo normal en el mundo.»

Estas mujeres eran hijas de su tiempo. Muchas de ellas segundonas de las casas, que no tenían un matrimonio concertado, vírgenes y solteras por su propia situación social. Como tenían ansias de una vida espiritual profunda, de una vida espiritual auténtica, y al mismo tiempo un profundo interés cultural, hasta entonces casi reservado a las monjas, empezaron a reunirse en pequeños grupos a estudiar las Escrituras y a escribir sus propias experiencias. Esto ocasionó un cierto revuelo. La iglesia no las veía con muy buena cara, no las podía controlar, no tenían constituciones. Ellas hacían votos, pero hacían votos internos en su pequeña comunidad. Votos temporales y votos en función de su grado de entrega: votos de pobreza, votos de castidad, votos de obediencia.

El motivo fundamental era reunirse para la oración y para el estudio y, poco a poco, dándose cuenta de las necesidades de entonces, las beguinas empiezan a realizar algún servicio externo: cuidaban de los enfermos, cuidaban de las parroquias mal atendidas, pobres y miserables, cuidaban al párroco, limpiaban la casa, atendían a los ornamentos litúrgicos, pero siempre en la ocultación, en lo escondido. Las beguinas resultaron ser una fuerza espiritual profunda.

El mero hecho de la existencia de las beguinas significaba para los eclesiásticos una clara denuncia de su postura. Si ellos eran ricos, las beguinas eran pobres; si la iglesia hacía hincapié en el poder, las beguinas hacían hincapié en la espiritualidad; si el alto clero fomentaba la vida de lujo, la vida del poder, la vida del dominio, las beguinas destacaban por su la austeridad y por la profundidad de la vida interior; si la iglesia oficial hablaba de ortodoxia las beguina hablaban de experiencia.

Las beguinas resultaron ser una especie de moscardón incómodo que a la iglesia le sale durante dos siglos seguidos, era nuevo que las mujeres laicas, no sometidas a ninguna regla monástica, fueran capaces de alcanzar un grado de desarrollo teológico tan profundo y, sobre todo, una cosa llamaba la atención: vivían lo que pensaban. Había una coherencia perfecta entre su vida y lo que dicen. Esa vida y esa coherencia interna las hace muy fuertes, muy poderosas. La coincidencia entre vida y pensamiento es la más alta muestra de la sinceridad: «La sinceridad es el cimiento de la senda espiritual y la han definido así: “Muéstrate tal y como en realidad eres y se interiormente tal como muestras ser” [...] La base del sufismo no es otra cosa que la sinceridad.». Cuando una persona vive realmente lo que dice y dice lo que vive, no hay nada que pueda contra ella.

A finales del siglo XIII llegaron a ser más de doscientas mil beguinas. Hubo algunos que las atacaron, pero hubo otros que se dieron cuenta de la importancia que tenía este movimiento en la iglesia.

Surge así, de forma casi espontánea, la pregunta del franciscano Lamberto de Ratisbona :

He aquí que, en nuestros días, en Brabante y en Baviera,el arte ha nacido entre las mujeres.

Señor Dios mío ¿qué arte es ese mediante el cual una vieja comprende mejor que un hombre sabio?

Me parece que esta es la razón de que una mujer sea buena a los ojos de Dios: en la simplicidad de su comprensión, su corazón dulce, su espíritu más débil, son más fácilmente iluminados en su interior, de modo que, en su deseo, comprende mejor la sabiduría que emana del cielo, que un hombre duro que en esto es más torpe.

¿Cómo es posible que una mujer sea capaz de percibir de Dios algo que los hombres sabios no? y, entonces, este franciscano hace un estudio precioso de la feminidad: la mujer está más preparada para entender porque es receptora por naturaleza y, al ser receptora, es dulce y, al ser dulce, es capaz de percibir la dulzura de la unión.

También hay algún que otro cardenal que defiende y protege a las beguinas. Por ejemplo el cardenal de Vitry que dice de ellas: «Su nombre debe ser conservado y su voz transmitida. Mujeres audaces y bienaventuradas que nos recuerdan por qué y para qué hemos nacido». Esto, dicho en el siglo XIII acerca de las mujeres, nos parece, con los prejuicios de hoy, una cosa inaudita.

Las beguinas cumplieron una misión importante: formar, educar, cultivar. Muchas de ellas volvían al mundo, sus votos eran temporales, vivían una temporada y salían; otras entraban cuando eran mayores y al revés. Fue una fluidez, una libertad, que no daban las órdenes religiosas. Era una capacidad de vivir el amor libremente sin porqué, que dirá Beatriz de Nazaret (1200-1268), una monja cisterciense formada por las beguinas. Desde Flandes, en el norte de Francia y en Alemania, este movimiento se extendió por toda Europa; aunque su presencia fue especialmente importante en Centroeuropa, hay noticia de beguinas en Cataluña y en el reino de Castilla. La historia nos dice que en siglo y medio existieron unas doscientas mil beguinas, de ellas conocemos nada más que pequeños núcleos o lo escrito por algunas mujeres que nos han dejado algo de sí mismas.

La Iglesia oficial pronto empezó a mirar con desconfianza a estas mujeres, porque eran libres, no estaban sometidas ni a una regla ni a un marido - como dijo un eclesiástico -, porque ponían en evidencia la miseria moral y espiritual del mundo clerical y, de forma muy especial, porque expresaban sus experiencias místicas y su doctrina en lengua vulgar y podían ser entendidas por todo el mundo. A pesar de contar con frecuencia con la protección de la orden cisterciense y en ocasiones de algunos obispos, las beguinas empezaron a ser perseguidas, a algunas no les quedó más remedio que ingresar en monasterios convencionales, otras tuvieron que sumergirse y aparentemente desaparecer, alguna se encontró con la hoguera de la Inquisición, si bien el movimiento continuó durante siglos en Centroeuropa, pero con mucha más prudencia en sus manifestaciones exteriores. Su actitud y su experiencia, sin embargo, han llegado hasta nosotros y hoy parecen recobrar un nuevo atractivo, tanto por su doctrina basada en una mística experiencial como por su forma de vida absolutamente moderna en un mundo que ama la libertad y huye de los encorsetamientos institucionales.




"Al noble amor
me he dado por completo
pierda o gane
todo es suyo en cualquier caso.
¿Qué me ha sucedido
que ya no estoy en mí?
Sorbió la sustancia de mi mente.
Mas su naturaleza me asegura
que las penas del amor son un tesoro ".

Hadewichj de Amberes

viernes, 14 de mayo de 2010

Críticas al zen rígido desde el propio zen.


Ya he hablado en otras ocasiones del movimiento shingaku, que he conocido a través de Pedro Vidal, un movimiento religioso japonés, que puede considerarse una escuela zen encarnada en un contexto neoconfuciano. Se trata de un movimiento que no se encuentra integrado en la institución monástica budista, sino que forma un movimiento independiente dirigido por laicos y que bebe del budismo, del neoconfucianismo y del shintoismo.


Este movimiento es heredero de movimientos cercanos al zen institucionalizado pero críticos con el mismo (el zen de Bankei), así como también de escuelas contemplativas que han conocido el zen y le han realizado críticas, como el neoconfucianismo.

El Shingaku asume, por ejemplo, la crítica neoconfuciana a aquel zen excesivamente centrado en la búsqueda de la iluminación de un modo puramente contemplativo, entendiendo que hay que integrar la práctica contemplativa con la práctica ética en la vida cotidiana. Acción y contemplación han de ir de la mano, no pudiendo ser la búsqueda espiritual una huida de la vida cotidiana. Así, para el shingaku la iluminación-hatsumei- (descubrir la mente original) no es la meta sino el comienzo del camino, después de la iluminación hay que preservar ese descubrimiento mediante la praxis ética en la vida cotidiana, que será la praxis fundamental del shingaku.

Siguiendo al maestro zen Bankei, el shingaku también rechazará una excesiva sistematización del zen. El zen no es una técnica de cómo sentarse, o un método para trabajar con los koan, ni se identifica con una u otra de las prácticas que los maestros zen transmiten, siendo estas técnicas muy útiles, utilizadas de modo flexible, el zen es una experiencia que se transmite de unos a otros, una “huella” dejada por el encuentro entre maestros (tengan o no certificación) y discípulos. Las enseñanzas y técnicas transmitidas son un signo y un instrumento de esa “huella”, de esa “relación transformadora”, son necesarias y debemos ser fieles a lo aprendido pero no son la meta, deben ser adaptadas de modo flexible a la situación de cada momento y de cada persona, siendo fieles a la experiencia que quieren provocar y transmitir. Por eso, Doni, un maestro del Shingaku, dirá que éste es “una transmisión especial fuera de las Escrituras, que no se basa en palabras o letras… una transmisión de mente a mente-de corazón a corazón“. Bankei para señalar esto decía que no era necesario el uso de koan o del zazen, no establecía métodos ni tiempos en los retiros, rechazaba los métodos rígidos y violentos de su época, permitía que sus discípulos se levantaran de las sesiones si tenían algo que atender o no despertaba al que se quedaba dormido en el zazen, en él primaba la flexibilidad junto con la praxis, praxis que para él era fundamentalmente la vida cotidiana vivida desde la confianza total en la “mente no nacida”, evitando los estados emocionales negativos y prestando gran atención a lo realizado en cada momento con actitud de agradecimiento y respeto.

Con esta flexibilidad el Shingaku llevó al descubrimiento de la mente original a muchas personas (Robert Bellah habla de que 36.000 personas recibieron el certificado -llamado Dansho en el shingaku, similar al inka del rinzai- de algún maestro del shingaku a lo largo de 100 años). A las escuelas de zen rígido ya les pareció que esta fecundidad era fruto de una falta de profundidad en la experiencia del shingaku, sin embargo, los maestros zen tradicionales cuando se han acercado al shingaku han confirmado la profundidad de la experiencia que transmite, así por ejemplo, Imakita Kosen, abad del monasterio rinzai de Engakuji, reconocerá como sucesor de su transmisión a Kawajiri Hokin, uno de los líderes del shingaku en el siglo XIX. Para Toan el gran sistematizador del movimiento shingaku la causa del éxito del mismo se debía a la "gran fe" que poseía en la mente original.

Hace poco una escuela de zen inglesa, vinculada al chan chino, ha estudiado al Shingaku comparándolo con otras escuelas de zen occidentales, confirmando la profundidad del mismo y rechazando “la iluminación” de otras formas de zen difundidas en Occidente como el movimiento Big Mind (Revista New Chan Forum n. 38, spring 2009).


Creo que la flexibilidad en el camino espiritual (que no tiene nada que ver con la blandura fofa) es fundamental y es una de las “prácticas” más difíciles de realizar. Cuando se consigue, lso frutos espirituales son abundantes y el camino se abre a much@s, para asombro de los que siguen caminos rígidos y complicados creyendo que eso garantiza el “éxito”.

Como decía Jesús “Te doy gracias Padre porque has enseñado estas cosas a los sencillos y se las has ocultados a los sabios y entendidos”.